La solución neoliberal a la crisis nos ha conducido a un punto del camino muy peligroso: la transformación de las democracias en mercadocracias...

La solución neoliberal a la crisis económica del Euro-Sur nos ha conducido a un punto del camino muy peligroso: la transformación de las democracias en mercadocracias, unas democracias formales en las que las grandes corporaciones financieras y empresariales (los mercados) imponen sus exigencias a los representantes del pueblo (gobiernos y parlamentos). Algunos van más allá y a este nuevo sistema político lo llaman sin tapujos “la dictadura de los mercados”. Este modus operandi de los mercados se despliega en dos ámbitos, el nacional y el supranacional. En el primero, los mercados presionan directamente o a través de lobbies a los poderes representativos o colocan en ellos a fieles sirvientes.

En el ámbito supranacional, los mercados instrumentalizan las más importantes organizaciones económicas (FMI, OCDE, BCE...) mediante personal institucional directamente a su servicio o convenientemente aleccionado por lobbies que representan a las grandes corporaciones. El modus operandi de los mercados se completa con el apoyo entusiasta que reciben de algunos gobiernos que, en lugar de defender los intereses generales del pueblo, defienden los intereses particulares de las grandes corporaciones financieras y empresariales, de las que casualmente muchos miembros de gobiernos y parlamentos suelen ser, a título individual, accionistas, inversores o clientes.

De todos los gobiernos implicados en la estrategia de desmoronamiento del Euro-Sur el más activo es, sin duda, el alemán, pues no por causalidad sus grandes entidades financieras están entre las más grandes del mundo. Aunque, todo hay que decirlo, el gobierno alemán dirige una orquesta de la que forman parte también los gobiernos holandés, belga, finlandés, austríaco, danés… casualmente gobiernos de países con entidades financieras atrapadas en la financiación de las burbujas mediterráneas y ahora partes interesadas en los rescates financieros a los países del Euro-Sur.

La fórmula ha sido muy simple: por un lado, en lugar de que el BCE preste dinero directamente a los Estados y éstos lo hagan fluir a sus entidades financieras, se ha hecho al contrario, es decir, prestando el BCE a las grandes entidades financieras europeas a bajísimo interés y éstas prestándolo, a su vez, a empresas, familias y Estados a bastante mayor interés, para que dichas entidades financieras puedan sanear sus cuentas deterioradas con nuevos beneficios.

Por otro lado, sabiendo que gran parte de la deuda contraída por los países del Euro-Sur no va a ser recuperada, se ha ideado un sistema de ayuda financiera, llamada “rescate”, que consiste en generar una nueva deuda pero esta vez con una doble garantía de devolución: la ordinaria (al cabo de un determinado tiempo a un tipo de interés; es la habitual en la “deuda pública”) y la extraordinaria, la que ocultan bajo el nombre de “reformas estructurales”, pensada para devolver la “deuda privada” .

Ésta última garantía de devolución es la más importante, es la que más beneficio va a reportar a los nuevos prestamistas privados porque es la que compromete a los gobiernos del Euro-Sur -receptores de los rescates- a privatizar gran parte de sus Estados del bienestar para que puedan gestionarlo sus nuevos acreedores, con lo que se formará un nuevo y gran mercado privado en esos países, el “mercado del bienestar”, integrado por la asistencia sanitaria, la educación, las pensiones, la dependencia y todas aquellas prestaciones sociales a las que portugueses, españoles, italianos y griegos estamos tan acostumbrados.

La guerra declarada por los mercados a todo lo que se mueve por debajo suyo en los países del Euro-Sur solo podría equilibrarse si a sus grandes sindicatos no les temblara el pulso para poner al Euro-Sur en pie de guerra contra las grandes corporaciones y sus gobiernos amigos, que dictan en forma de normas jurídicas las medidas que les imponen los mercados. Estas normas, en forma de decretos y leyes nacionales o directivas comunitarias, trasponen al ordenamiento jurídico nacional y comunitario los deseos de los mercados o las “recomendaciones” de las instituciones supranacionales, que no son otras que las “recomendaciones” de los mercados.

Los mercados solo tienen dos objetivos: 1) recuperar el dinero prestado en los años de financiación de las burbujas aun a costa del empobrecimiento de las clases medias y populares; 2) obtener nuevas ganancias a costa de este empobrecimiento, comprando a precio de saldo empresas arruinadas y propiedades vacías, y volviendo a prestar a quienes más lo necesitan a intereses usureros. En España ya están funcionando empresas de préstamos personales, de origen alemán, que prestan rápidamente pequeñas cantidades con un tipo de interés en torno al 3.000% T.A.E., aprovechándose de la penuria por la que atraviesan cientos de miles de familias.

Después de llegar a la conclusión de que el actual poder financiero trabaja para sí mismo y de que el actual poder político trabaja para el poder financiero, uno se pregunta, parodiando a aquel anciano del anuncio: “¿y los sindicatos qué piensan de esto?”. Porque es inexplicable la inacción de la Confederación Europea de Sindicatos (CES) a la hora de convocar una huelga general e indefinida en el Euro-Sur, que sería lo único que al poder financiero y a su lacayo poder político les haría levantar el pie del acelerador.

La huelga es el último instrumento legal que tiene la clase trabajadora para luchar contra las decisiones lesivas que imponen empresas y gobiernos, unidos de la mano en esta crisis. Los sindicatos mayoritarios en el Euro-Sur ya han constatado que las huelgas nacionales o las jornadas europeas de acción sindical no están sirviendo para frenar las medidas austericidas que están empobreciendo al Euro-Sur y llevando a miles de personas a la exclusión del sistema, incluso física. ¿Hasta cuándo van a consentir los grandes sindicatos del Euro-Sur este lento pero inexorable exterminio? ¿O han decidido que es mejor rendirse al dios Mercado y, llegada la hora de la exclusión, saludarle como lo hacían los condenados a muerte en los tiempos de Roma?