Hace unos días se publicaron los datos del PIB del primer trimestre de este año. Se cumplía un año de una reforma laboral que tenía por objetivo rebajar los salarios...

Hace unos días se publicaron los datos del PIB del primer trimestre de este año. Se cumplía un año de una reforma laboral que tenía por objetivo rebajar los salarios y que lo consiguió.

La retribución de los asalariados, el conjunto de salarios, ha caído un 6,2% en relación con el año anterior. Es decir, las personas asalariadas hemos perdido 7.294 millones de euros que recibíamos en 2012. La reforma laboral cumplió el objetivo que pretendía el gobierno.

El corolario es que si las rentas salariales son menores, el excedente empresarial será mayor. Ha crecido un 2,7%, lo que supone un aumento de la renta empresarial de 3.054 millones de euros.

¿Dónde ha ido ha parar la diferencia?, ¿Se activará, por fin, la economía aún a costa de nuestro sacrificio? ¿Valdrá para algo? Veamos ahora las consecuencias de ese recorte salarial.

La primera es que en los hogares hemos gastado unos 3.500 millones menos y la riqueza de este país se ha visto disminuida en unos 3.260 millones. La primera consecuencia de ese recorte salarial, ya la vimos: gastamos menos por lo que se genera menos riqueza. Esta consecuencia va en dirección contraria a la activación económica.

La segunda consecuencia es que, debido a que disminuye nuestra riqueza y gastamos menos, son necesarias menos horas de trabajo: se han perdido 432 millones de horas de trabajo lo que supone 771 mil empleos menos. Se destruyó el 5,6% de las horas trabajadas. Es la mayor pérdida de horas en el primer trimestre desde que empezó la crisis. Esta brutal pérdida de horas de trabajo tampoco valdrá para activar la economía.

Pero, ¿si hay un mayor excedente empresarial, habrá mayor inversión? La tercera consecuencia es que también cae la inversión. La formación bruta de capital, que es la riqueza que se invierte en el aparato productivo, ha caído un 11,5%. Se han invertido 6.033 millones menos. Tampoco de esta consecuencia se puede esperar alguna reactivación económica.

Una cuarta consecuencia es que se profundiza en la desigual distribución de la riqueza. Desde que empezó la crisis la participación de los asalariados en la distribución de la riqueza ha disminuido en 5,8 puntos, situándose en el 48,6%. El aumento de las desigualdades tampoco sirve para la reactivación.

A grandes rasgos y como resumen podemos decir: La reforma laboral consiguió que los asalariados tuviéramos menos ingresos y, como somos la gran mayoría, cayera el consumo. Esa caída de consumo provoca una pérdida de empleos porque son necesarias menos horas de producción. El excedente empresarial, aunque creció, no se traduce en inversión porque al haber menos consumo, no tiene confianza en recuperar esa inversión.

¿Para qué han servido nuestros sacrificios? ¿Para qué ha hecho Rajoy esta reforma laboral? Quizá la pregunta esté mal formulada y en vez de para qué, haya que preguntarse para quién.