Ciudadanos responsables y competentes. El proyecto Espacio Vecinal Arganzuela

Mercado de Frutas y Verduras de Legazpi en 1975.
Mercado de Frutas y Verduras de Legazpi en 1975.

Espacio Vecinal Arganzuela solicita al ayuntamiento la cesión temporal de una parte del Mercado de Frutas y Verduras de Legazpi.

Hace unos meses publiqué un artículo bajo el título “OKUPAción y autogestión” (Nueva Tribuna, 9-10-14) en el que defendía la capacidad de organización de los ciudadanos para la promoción autogestionada de muy diversas actividades lúdicas, culturales, deportivas, docentes, etc., constituyendo auténticos equipamientos de la ciudad que vengan a completar y enriquecer por su variedad a los equipamientos reglados responsabilidad de las administraciones públicas, cuando no, como en los casos más sangrantes, a suplir la ausencia de estos últimos en muchos barrios de nuestras ciudades.

Estas iniciativas ciudadanas deben ser recibidas y acogidas por los poderes públicos, especialmente por los ayuntamientos, como una aportación que enriquece social y físicamente la ciudad, por lo cual cabe exigir que desde la administración municipal no solo se toleren, sino que se apoyen y potencien colaborando con ellas, ofreciendo un ámbito físico y una mínima cobertura económica para su pleno y pacífico funcionamiento.

Desgraciadamente todavía perdura, salvo puntuales y excepcionales casos, una desconfianza de los responsables políticos frente a estas iniciativas vecinales, e incluso una clara hostilidad, seguida en muchos casos de una descalificación, llegando a considerarlas peligrosas, que justifican una contraofensiva mediante múltiples obstáculos físicos, administrativos y económicos para acabar, en los casos más violentos, en el acoso, persecución y expulsión de los edificios y espacios públicos ocupados bajo la acusación de atentar contra el orden establecido, cuando no en defensa de supuestos intereses inmobiliarios.

En estos últimos meses podemos ser testigos (y cómplice en mi caso) en Madrid de un ejemplo de responsabilidad ciudadana y sensibilidad cultural ante las carencias de equipamientos sociales de muchos barrios. Me refiero al Proyecto Espacio Vecinal Arganzuela (EVA), una iniciativa colectiva en la que confluyen dieciocho agrupaciones ciudadanas de todo tipo, desde las AMPAS al colectivo La Traba (unos civilizados y activos okupas desalojados hace unos meses), aglutinadas todas ellas por las asociaciones vecinales del distrito, apoyadas por otros centros autogestionados ya consolidados en Madrid y diversos colectivos profesionales.

Espacio Vecinal Arganzuela solicita al ayuntamiento la cesión temporal de una parte del Mercado de Frutas y Verduras de Legazpi

Espacio Vecinal Arganzuela solicita al ayuntamiento la cesión temporal de una parte del Mercado de Frutas y Verduras de Legazpi, sin actividad desde hace largo tiempo y sin proyecto municipal en un horizonte previsible. Pero no se trata de una solicitud arbitraria, sin base ni contenido. EVA no mendiga un espacio en un edificio público, sino que para demostrar su seriedad y solvencia acompaña su solicitud con un detallado proyecto de actividades deportivas, culturales, pedagógicas, ecológicas, ciudadanas, etc., así como, y esto es importante, una estructura de gestión del espacio responsabilizándose del mantenimiento en el tiempo de las actividades comprometidas y del propio edificio. Más aún, dotándose de normas de funcionamiento que garanticen la ausencia de molestias al entorno inmediato y no supongan perturbación alguna del funcionamiento de la ciudad. La consolidación en el corto plazo de este proyecto sería una garantía frente a cualquier actividad peligrosa como puedan ser las drogas, la xenofobia o la violencia fundamentalista del color que sea.

Un programa de actividades que no olvida el valor del propio edificio, el Mercado de Legazpi, como un testimonio de las primeras arquitecturas de hormigón armado, incluyendo el homenaje a Javier Ferrero (arquitecto municipal de Madrid en 1921)  y al ingeniero Peña Boeuf como autores del mismo. Una muestra más de sensibilidad ciudadana y solvencia intelectual.

Desde estas páginas y en apoyo al proyecto EVA, creo legítima la petición y la exigencia al ayuntamiento para que establezca una inmediata negociación con sus promotores, sin imposiciones ni condiciones torticeras, para establecer un convenio de colaboración en el uso del Mercado de Frutas y Verduras, aportando suficiente apoyo para garantizar un servicio adecuado para el buen desarrollo de las actividades proyectadas (agua y electricidad y, añado yo, seguridad y una sensata subvención económica).

Pido con convencimiento a los responsables municipales que lean detenidamente el Proyecto EVA para contrastar la solvencia cívica, el rigor organizativo recogido en esta magnífico, casi ejemplar, documento.

Buena cultura del urbanismo de la austeridad

Y unas últimas reflexiones. Tenemos ante nuestros ojos unas elecciones municipales y autonómicas y van a presentarse al público diversos programas propuestos por diversos partidos o plataformas. El tema que hoy he traído a estas páginas puede y debería constituir un punto de referencia para la construcción de un programa político que pretenda gobernar la ciudad. Con seguridad los próximos cuatro años, quizá algunos más desgraciadamente, la actuación de las administraciones públicas e, incluso, la de los operadores privados (salvo los netamente especulativos, sean chinos o autóctonos, buitres o sabandijas), estará enmarcada por la escasez de recursos financieros, tanto o más grave si, como vaticinan sabios economistas y prestigiosas instituciones internacionales, una tercera recesión amenaza a la Eurozona. En este ambiente, la acción política deberá centrarse, para ser responsable y creíble, en la selección de los sacrificios en lugar de en la promesa de paraísos. Sacrificios priorizados en función de su eficacia frente a la desigualdad y compartidos con equidad por ricos y pobres.

Si esta escasez hace renacer la buena cultura del urbanismo de la austeridad, la saludaremos como una virtud exigible a una sociedad responsable y no la padeceremos como una coartada para justificar la obsesión autodestructiva del déficit. El ejercicio del poder municipal se valorará no tanto por la cantidad de las obras que proponga y realice sino por la forma en que estas obras se definan y se valúen en función de los beneficios colectivos y no de su mayor rentabilidad inmobiliaria.

El buen gobierno de la ciudad será aquel capaz de integrar a los ciudadanos autoorganizados en las tareas cotidianas de los poderes públicos con la finalidad última de luchar contra “la desigualdad social y la injusticia espacial” (Bernardo Secchi). Más que las cosas que se hagan cobrará legítima importancia cómo se hagan, en un claro desarrollo de una democracia participativa. Una participación real a través de un diálogo continuo entre los ciudadanos y el ayuntamiento, y no reducida a los procesos burocráticos establecidos por la ley.

No tengamos miedo a la capacidad de autogestión cooperativa de los ciudadanos, es uno de los instrumentos más poderosos con que va a contar el futuro ayuntamiento de Madrid y la única forma de que los ciudadanos entiendan su ciudad como el espacio de lo común.