Los que buscamos una sociedad justa, sostenible y equilibrada debemos luchar contra estas concepciones neoliberales, que nos llevan a una sociedad sin futuro, insolidaria.

Dentro del mundo capitalista, en el siglo XX, había dos modelos, el anglosajón basado en el puro individualismo y la filantropía juega un papel vital, por lo que el poder del Estado es escaso para redistribuir la riqueza entra la población. Por otro lado, el modelo europeo basado en el estado del bienestar. El poder del Estado es esencial en la redistribución de la riqueza. Un sistema con dos modelos.

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Sin embargo, esta dualidad en el modelo capitalista se está diluyendo, debido a que el neoliberalismo plantea el modelo anglosajón como uniformador de nuestra sociedad, al haber desaparecido el otro modelo existente en Europa, que significaba el sistema socialista y que competía fundamentalmente en nuestro continente con el capitalismo.

El modelo anglosajón se basa en el individualismo y en la competitividad, olvidándose completamente de los valores sociales, que todo hombre debe desarrollar. Este modelo anglosajón significa, que la educación y sanidad pública irán desapareciendo para transformarse en todo privado, lo mismo que las pensiones públicas.

Esto nos lleva a un modelo basado en el hedonismo, el culto a la riqueza, y el único Dios existente es el dinero. El papel del Estado es únicamente garantizar la propiedad privada y el status de los poderosos. Por eso, el ejército y la policía son básicos en un estado neoliberal, así como la justicia basada en leyes hechas desde un poder pseudodemocrático. Mientras las demás funciones de ese Estado jugarían un papel secundario.

Como vemos, el neoliberalismo es un sistema, que no garantiza  una mínima equidad y  potencia la llamada filantropía. Consiste en que los ricos, al final de sus vidas donen algo de sus fortunas para paliar los desastres sociales, que provocan sus prácticas empresariales y el neoliberalismo en su conjunto. De esta forma, pueden justificar el saqueo realizado por estos ricos sobre amplias capas de la población llevándoles a la miseria y desesperación.

Este modelo era el existente en la España del siglo XIX, con los donativos de los ricos a la iglesia y a los pobres, para así salvar sus almas.

¿Es la filantropía lo que necesita la humanidad o es el estado del bienestar?

Como dice, Rhodes Diaves, responsable del programa Giving Thought, de la Charities Aid Foundation, “Cómo usar la filantropía para enfrentar la inequidad, cuando la filantropía es posible como resultado de la inequidad”.

La realidad es, que hoy mueren anualmente en el mundo 6.300.000 niños debido a la pobreza existente. Ochocientos millones de personas tienen problemas básicos de agua y mil doscientos millones de personas padecen grandes carencias en la alimentación básica.

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¿Saben cuánto se da a los países podres desde este mundo tan civilizado? 130.000 millones de dólares anuales ¿Les parece mucho verdad? Sin embargo, los ricos obtienen de los países pobres unos 900.000 millones de dólares por precios abusivos comerciales; 600.000 millones en intereses muy elevados en el pago de su deuda y 500.000 millones en la esclavitud de su mano de obra por multinacionales occidentales y por el saqueo de sus materias primas. Es decir, 2.000.000 millones de dólares por los 130.000 millones de caridad. Como vemos, la filantropía se ha convertido en la limosna, que dan los ricos para calmar su mala conciencia. Podemos comprobar cómo el Dios dinero es caritativo y universal.

Dentro de la filantropía nos encontramos con los clásicos, Bill y Belinda Gates, Warren Buffet, Georges Soros…, pero ahora ya aparecen los nuevos gurús jóvenes con Jan Korum cofundador de Whatpsapp, Sea Parker presidente de Facebook, Pierre Omidyar creador de eBay o Serguéi Brin uno de los fundadores de Google.

Las donaciones de estos filántropos destacan por su falta de transparencia y además les proporcionan amplios beneficios fiscales. La realidad es, que estos millonarios suponen un peligro, pues pueden imponer cuáles son sus prioridades sociales del mundo, al margen de los gobiernos y del sistema democrático. La democracia es una mera fachada al servicio de los poderosos.

El primer ministro conservador británico, David Cameron, lanzó en 2011 “The Big Society”, que consiste en que el Estado británico tenga una menor función social y de redistribución de la riqueza. Esto ha provocado recortes sociales profundos, ahora después de haber ganado las elecciones lanza un nuevo recorte social de 15.000 millones de libras esterlinas. Todos estos recortes deben ser suplidos. por lo que él denomina “comunidades de vanguardia”, es decir, apoyarse en las ONGS y en el voluntariado, para de este forma “conseguir más con menos”, dando atribuciones y responsabilidades a los que están más implicados en los problemas sociales.

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Cameron es consciente del desastre social, que generan sus prácticas neoliberales, pero como conservador que es, desprecia el papel del Estado. Desea, que éste sea lo más pequeño posible y solo sirva para garantizar la propiedad privada. Esto hace que luche exclusivamente por la libertad individual, como fórmula para solucionar la gravísima situación social, que viven los británicos como consecuencia de sus políticas.

The Big Society intenta demostrar, que las carencias sociales se pueden solucionar con la participación de las comunidades de vanguardia y así poder justificar la reducción del gasto social, para sustituirlo por la filantropía civil y  la tradición caritativa victoriana de los británicos. Como podemos comprobar, Cameron no se caracteriza por su preocupación por la injusticia y las desigualdades sociales. Eso mismo sucede con el PP de Rajoy o Convergencia de Artur Mas

Javier Gomá, presidente de la Fundación Juan March, dice “el sector fundacional y su retórica presenta como altruismo, filantropía, virtud cívica, participación de la sociedad civil, voluntariado, lo que la inmensa mayoría de las cosas es economía de la distribución de la renta. Buena para el país, pero no necesariamente filantrópica. Una retórica que suscita admiración y recelo a partes iguales”.

Aquí en España, Amancio Ortega, presidente de Inditex (con 50.000 millones de euros de fortuna personal) donó veinte millones de euros para atender la demanda de la pobreza. Me parece bien.   Deberíamos recordar, que su empresa ha sido denunciada por falta de responsabilidad social desde hace años, como por ejemplo el abuso de trabajadores en Bangla Desh y en Marruecos.

Captura de pantalla 2015-06-30 a las 12.49.17Sería fundamental, que Amancio Ortega y sus empresas pagaran los impuestos en España y no en Irlanda o en paraísos fiscales. Sus trabajadores disfrutaran de sueldos dignos y de garantías sociales. Inditex no se caracteriza por su responsabilidad social precisamente ni con la sociedad ni con sus empelados.

Nunca debemos permitir, que el Estado haga dejación de los derechos básicos sociales, a favor de la filantropía, porque entonces estaríamos dependiendo de la caridad. Debemos exigir del Estado su papel de redistribución de la riqueza y garante del estado del bienestar.

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Los que buscamos una sociedad justa, sostenible y equilibrada debemos luchar contra estas concepciones neoliberales, que nos llevan a una sociedad sin futuro, insolidaria. Pocos ricos pero con grandes fortunas y con millones de personas pasando hambre ¿Lo permitiremos?