“El poder es como un explosivo: o se maneja con cuidado o estalla” (Enrique Tierno Galván).


Como reza el título de un poema de Bertolt Brecht y el estribillo de una canción de Golpes Bajos: son “malos tiempos para la lírica”, si bien creo que pocas veces (con permiso de Becquer) fueron buenos los tiempos para la lírica. De hecho ambas composiciones (con dispar letra) son de dos periodos claramente distintos (1939 y 1985, respectivamente), aún cuando la interpretación literal es muy clara en ambos casos.

De cualquier forma, yo querría, de forma alegórica, hacer una interpretación “sui géneris” al trasladar el sentido de la canción a la realidad social o política en general y a la situación de la izquierda en particular, en lo que podríamos denominar como una “representación del pesimismo de la razón”,  en la que numerosos ciudadanos de este país se encuentran y que  se puede simbolizar en lo que economista César Molinas calificó en su día como “izquierda volátil” y otros denominan como “izquierda exquisita”.

Lo siento, aunque algunos consideran totalmente “demodé” el clásico esquema izquierda – derecha, mi “escuela” y experiencia me sigue enseñando que aún la vida continúa por esos derroteros y yo no lo modifico.

Y es que la primera gran recesión de este siglo ha llevado tras de sí no solamente empleo, pobreza y desigualdad (que es lo más dramático), sino que ha arrastrado y expulsado fuera de los cauces de la política oficial cualquier atisbo de alternativas de izquierda, de tal forma que la socialdemocracia europea sino está muerta está en la UCI y con graves riesgos de que desaparezca. Cada elección en Europa es un “palo” cada vez mayor a sus dirigentes y mentores.

En la otra franja de la “siniestra” nos encontramos una mezcolanza difícil de valorar y calibrar donde se sitúan antiguos revolucionarios de salón, despechados o deshauciados de la “vieja izquierda, algún visionario con la mente, la cabeza y hasta la cartera en las ya desaparecidas liberaciones del pueblo, sin contar algún que otro “resabiado” que hoy se han convertido en furibundos “anticomunistas”. Todo ello, créanme o no, bajo la engañosa apariencia de unos jóvenes tanto de experiencia como de sentido común

El hecho es que hoy tras haberse “merendado” a la que, por entonces, podría haber sido la verdadera alternativa de la izquierda, su único objetivo, al margen de ideologías políticas y lejos de crear alternativas creíbles, es “destruir” al otro gran partido de la izquierda, aunque en la actualidad, este último, no llegue ni al 20% del electorado.

Y es que, de quien hablamos (¿hace falta poner nombres?) sin ideología, sin proyecto creíble, con sus consabidos bandazos dependiendo de cómo corra el aire por los “entresijos” de la política y recordando continuamente  aquel viejo lema marxista “si no les gusta mis principios, tengo otros” y, sobre todo, con un auténtico desprecio hacia aquellos que fueron, son y serán verdaderos aliados de la izquierda real, los Sindicatos  a los que se les sigue encasillando como casta en un auténtico “delirio” de insensatez y de perspectivas de un mundo que va cambiando pero no en la misma dirección que señalan algunos “gurus” de la política.

Porque, tal como demuestran las ultimas elecciones en algunos países europeos, la alternativa no se da entre la derecha y la izquierda, entre la socialdemocracia y el liberalismo, entre la socialdemocracia y el populismo de izquierdas o de derechas, el dilema está en escoger entre la derecha extrema o la extrema derecha sin que la izquierda tenga ni siquiera oportunidad de acercarse al gobierno y allí donde si tocaron poder (Grecia o Portugal) parece que les quedan tres telediarios.

En una economía globalizada e interdependiente y en procesos en los que el crecimiento del PIB va en progresión aritmética y las desigualdades en progresión geométrica, hay pocas soluciones “magistrales. Desde mi punto de vista y sin ánimos de dar lecciones de Know-How a nadie, pasaría por la coordinación de una gran  “frente progresista” en el que los “profetas” o “visionarios” dejen paso a quienes estén en condiciones de dirigir un colectivo en el que se integren aquellas fuerzas que realmente quieran acabar con la derecha en España y no solamente quedarse con un pastel que no es el suyo y además no les pertenece.