Las terrazas de Madrid y Barcelona. Espacios de diálogo

Ada Colau y Manuela Carmena en la comida celebrada este lunes en Barcelona. (Fotos Ayuntamiento de Madrid).
Ada Colau y Manuela Carmena en la comida celebrada este lunes en Barcelona. (Fotos Ayuntamiento de Madrid).

Un viernes 27 de octubre de 2017 nos citamos Roger Pallarols (Director del Gremi de Restauració de Barcelona) y yo en una terraza de la Plaza Mayor de Madrid en un ambiente político que olía a dinamita. Solo unos diez días antes habían entrado en prisión los Jordis y no sabíamos entonces que pocos días después, un 2 de noviembre, Oriol Junqueras y otros exconsellers de la Generalitat de Catalunya recorrerían ese mismo camino. Pero nosotros no habíamos quedado para hablar de política, sino de cómo cooperar razonablemente entre empresarios de la restauración de ambas ciudades en proyectos comunes de entendimiento profesional.

Hablamos, cómo no, de que el sector de la restauración tiene la necesidad de promocionar, desarrollar e impulsar proyectos comunes de excelencia gastronómica en Barcelona y Madrid, dada la potencia demográfica, comercial y turística de ambas ciudades. Porque el mundo global y competencial en que nos movemos, las ciudades con gran incidencia turística exigen de una respuesta común que incremente el valor añadido a la imagen de buen hacer de las empresas que componen y participan de su base social y económica. Y el sector de la restauración es sin duda uno de los campos decisivos de eso.

Y constatábamos que era nocivo participar de la ficción, estrecha y corta de miras, que se sustancia en boicots o falsa competencia como si de un match deportivo se tratase. Partimos de la convicción de que si cualquiera de las dos ciudades reduce sus expectativas como destino turístico y gastronómico por cualquier razón o conflicto de trascendencia internacional, eso no produciría en absoluto un transvase favorable de actividad de negocio o de flujo de visitantes a la otra. Si un foráneo se siente suficientemente afectado y temeroso por un conflicto, lo que no vendrá es a ninguna de las dos ciudades, ni por supuesto a España. Porque nada bueno y saludable surge de los enfrentamientos y menos aún entre hermanos.

Casi de forma natural hablábamos de la problemática generada por la situación política derivada del proceso catalán. Porque a ver cómo se dilucida todo lo anterior sino se confluye en eso. Y ahí vino la pregunta del millón. Con la que está cayendo… ¿Cómo podemos estar sentados un catalán y un madrileño dialogando sobre todo esto para llegar a acuerdos en una terraza al sol del cielo madrileño y no darle visibilidad?

Comida catalano-madrileña por el diálogo​

colau carmena 2Ahí nacieron el almuerzo “Quedamos a Dinar, Quedem per Comer” del 14 de noviembre de 2017 pasado en la Plaza Mayor de Madrid y este último "Almuerzo de Santa Eulalia" del 12 de febrero de 2018. Que no fueron otra cosa que dos sencillos actos para constatar obviedades a fin de superar las visualizaciones en blanco y negro. Sin buscar proyecciones públicas que no son de nuestra incumbencia ni de nuestra responsabilidad como restauradores, puesto solo tratamos de evidenciar lo básico y necesario: Que somos dos ciudades destinadas a competir y a entenderse. Que ambas interactúan y ambas se necesitan. Que somos parte de una comunidad universal de ciudades. Y que todo eso es Excelente. Como quiere y tiene que ser nuestra actuación empresarial.

Luego vino lo importante de la mano de Ángeles Aguilera, Rosana Torres, Cristina Almeida y Manuela Carmena (cuatro mujeres, cuatro) que apoyaron con entusiasmo la iniciativa y provocaron el concurso de representantes de todos los sectores de la sociedad civil madrileña y catalana en Madrid. Después sucedió lo propio este lunes en Barcelona con la presencia de la Alcaldesa Ada Colau. Nosotros solo pusimos las mesas. Sin esas mujeres todo hubiese quedado en una charla amable y gratificante bajo un goyesco cielo madrileño. No podía ser. No fue. Qué bien.