La hegemonía del capital financiero ha llevado consigo crecientes procesos especulativos, turbulencias monetarias, crecientes burbujas, que han tenido consecuencias negativas para muchos países y que han afectado a la economía global

El término globalización se comienza a utilizar recientemente en los años 80 del siglo pasado para reflejar los procesos económicos que se estaban iniciando en esa década. De hecho, la Real Academia Española lo define tardíamente en una de las últimas ediciones del diccionario. También se usa, a veces como sinónimo en otras ocasiones -matizando la diferencia-, el  vocablo mundialización. El que su uso tenga pocos años no quiere decir que la globalización no existiera con anterioridad. Es lo que ponen de manifiesto algunos historiadores y economistas que lo emplean para referirse a periodos históricos anteriores.

De modo que en esta línea se encuentra el libro de Harold James titulado El fin de la globalización: Lecciones de la Gran Depresión(Turner, 2003) para referirse a un periodo histórico de gran expansión de la internacionalización del capital y del comercio que comienza a finales del siglo XIX y finaliza en 1929. Con ello niega la novedad del fenómeno globalizador. Otro historiador Jeffrey G. Willianson analiza este fenómeno en el libro El desarrollo económico mundial en perspectiva histórica. Cinco siglos de revoluciones industriales globalización y desigualdad (Prensas de la Universidad de Zaragoza, 2012). Por su parte, un economista como Aldo Ferrer tiene dos libros con títulos muy significativos De Cristóbal Colón a Internet: América Latina y la globalización (Fondo de Cultura Económica, 2000) e Historia de la Globalización I y II (Fondo de Cultura Económica, 1996, 2000).

De acuerdo con James, la globalización no es un fenómeno novedoso, pues se ha dado en otros momentos de la historia. Tampoco es un fenómeno irreversible debido a que determinados periodos de creciente internacionalización tuvieron su final. Lo que resulta evidente, de todos modos, es que en la periodización que se debe hacer cada fase de la globalización tiene particularidades propias que las diferencia. Por ello, resulta apropiado el significado que se da a la globalización para referirse a un periodo que se inicia en la década de los ochenta del siglo XX, sin que esto suponga no tener en cuenta la importancia del comercio internacional, sobre todo desde finales del siglo XV y la exportación de capital desde el último tercio del siglo XIX. La globalización actual no es nueva, pero a su vez es diferente.

Los rasgos que caracterizan a esta última globalización es el movimiento del capital, fundamentalmente financiero, en menor medida el del comercio, mientras se restringe el de la fuerza de trabajo. Los protagonistas principales son las grandes corporaciones multinacionales, cuya expansión se sustenta en el modelo neoliberal que favorece una tendencia que ya analizó Marx como la creciente concentración e internacionalización del capital. Este proceso con escasa regulación supone el dominio de los grandes intereses económicos y financieros sobre los derechos de ciudadanía. Los oligopolios dominan la economía mundial.

La hegemonía del capital financiero ha llevado consigo crecientes procesos especulativos, turbulencias monetarias, crecientes burbujas, que han tenido consecuencias negativas para muchos países y que han afectado a la economía global. Desde entonces se ha asistido a una mayor desigualdad, resultado de ir imponiendo progresivamente la liberalización de los mercados, acabando con sistemas fiscales progresivos y con recortes de los derechos sociales. Se amplía la brecha salarial y entre las rentas y la riqueza.

Como respuesta surgieron movimientos sociales que criticaron a la globalización como causante de muchos males que se están dando desde hace varias décadas, que dejan muchos damnificados por el camino. Se ha reivindicado la implantación de la tasa Tobin para frenar al capital especulativo, una mayor regulación para los bancos, las empresas y el comercio, a la vez que se denuncia a los paraísos fiscales, el deterioro del medio ambiente, la desigualdad de género y el trabajo infantil. La crítica a esta globalización también se ha llevado a cabo por académicos que han realizado estudios solventes. Los hechos han ido dando la razón, tanto a los movimientos sociales como a los analistas críticos con la globalización, como ha sido sobre todo la Gran Recesión que se desencadena a partir de 2007.

Lo que en definitiva se plantea, con los matices que se quiera, es un mundo más justo y un desarrollo más igualitario y sostenible. Estas posiciones no suponen ir contra el progreso o introducir retrocesos en la economía mundial, como los defensores del libre mercado quieren hacer creer. Se está contra una forma de crecimiento económico que se encuentra lejos de generar un verdadero progreso. La apuesta es por un desarrollo humano. Se comprenderá que esto no tiene nada que ver con las propuestas de Trump y de la ultraderecha y que, sin embargo, algunos quieren manipular y meter todo en el mismo saco. La manipulación y la ignorancia es lo que predomina en estas afirmaciones. Lo peor de todo es que no solo hacen esta equiparación algunos políticos y medios de comunicación, sino también colegas universitarios. La ignorancia parece que triunfa sobre el conocimiento hasta en los templos del saber.