La sociedad, los medios de comunicación, la clase política argumentan que alcanzar un Pacto de Estado por la Educación es fundamental, ya que de él depende en gran parte el futuro de España. Pero muchas veces las palabras no coinciden con la realidad. Desde el inicio de esta legislatura prácticamente no se habla del tema. La agenda política predominante es el referéndum de Cataluña y la Asamblea Nacional Constituyente de Venezuela, que sirven para eclipsar la corrupción del PP. Es claro que el tema educativo es marginal. Los medios de comunicación consideran que no vende. Como docente y ciudadano discrepo totalmente de tal marginación. Como el movimiento se demuestra andando, voy a referirme a la educación.

Entre las diversas Comisiones que funcionan en el Congreso de los Diputados, una de ellas es la Comisión de Educación y Deporte, y a su vez dentro de ella se estableció una Subcomisión para la elaboración de un gran Pacto de Estado Social y Político sobre la Educación. Ya lleva varios meses funcionando, donde han participado y siguen haciéndolo representantes de sindicatos, patronales, expertos educativos. Las intervenciones son muy interesantes, ya que reflejan los temas claves de ese futuro Pacto de Estado: escuela inclusiva, las competencias, financiación, la laicidad, la enseñanza de la religión, enseñanza concertada y pública, la democratización de la escuela, el plurilingüismo del Estado, la enseñanza de las humanidades, el papel del deporte, etc. Merece la pena acceder a la página del Congreso de los Diputados y en el apartado de las diferentes Comisiones, a la de Educación y Deporte y allí se pueden leer las diferentes intervenciones de expertos en el tema educativo. Material de reflexión para los grupos políticos no les va a faltar. Otra cosa muy diferente el que haya predisposición política para alcanzar tal Pacto.

Yo he pasado muchas horas leyendo y releyendo algunas de estas intervenciones. Obviamente de todas ellas no puedo hablar en estas breves líneas, aunque sí comentaré algunas de ellas. Jordi Feu Gelis, profesor de Pedagogía de la Universidad de Girona, experto en Democracia y Participación en la escuela y director del proyecto de investigación DemosKole,  ha señalado que en nuestras escuelas e institutos la práctica democrática es muy baja, lo que significa que los alumnos acceden a la vida adulta con un déficit democrático. Obviamente el tema es trascendente. La participación de alumnos y padres es muy reducida, ya que las grandes decisiones se llevan ya decididas por parte de la Dirección a los Consejos Escolares. Luego nos quejamos amargamente de las deficiencias de nuestra democracia. Mas no solo es culpable de ellas la escuela. También lo son la familia, la sociedad, los medios de comunicación, etc.

Me ha parecido interesantísima la intervención de la Profesora Asociada de Sociología en la Universidad de Lleida, experta en Política Lingüística, Directora del Centro  de Normalización Lingüística, Sanvicén i Torne que ha expresado la necesidad imperiosa de llegar a un Pacto en el tema del plurilingüismo del Estado Español, y no utilizar el tema de las lenguas como arma arrojadiza en la lucha política, tal como se ha hecho hasta ahora. La irresponsabilidad de la clase política en este tema ha sido tan grande, que prácticamente es insoluble este tema. Lo más grave es que ha ido calando en la ciudadanía.

Me limitaré a reflejar algunas ideas, que comparto plenamente, de la profesora Sanvicén i Torne. Entre otras señala: “El tratamiento de los idiomas debe adecuarse a la realidad de España y superar desde el Estado esa mirada de barrera de la compartición, educar en el plurilingüismo como bien común y como oportunidad común…” “Nuestra sociedad es heterogénea y nuestra competencia plurilingüe, de momento es inexistente, como objetivo educativo de Estado. Quizá algunos piensen que eso ya lo tenemos en cuenta y que lo hacemos bien: castellano para todos y cada cual la suya en su comunidad, como debe ser”. Pero la profesora lo considera insuficiente: “No es solo eso lo que debe hacerse si el enfoque que queremos dar a la educación de las personas es una educación para la sociedad real y no para la artificial, la que existe de verdad, la compleja, la heterogénea, una educación para convivir y desarrollar una sociedad educada en los valores democráticos, con la ciudadanía implicada, etcétera. Lo que plantea es innovador, como mínimo diferente de lo que se ha hecho hasta ahora, posible, necesario, apremiante; sería injustificable, les advierte a los miembros de la Comisión, que tampoco ahora se adoptase este pacto político interterritorial si el mismo quiere ser un pacto educativo y social en el sentido más profundo de los conceptos.”

Manifiesta su asombro ante el hecho “De que en España, en general, se conocen más los idiomas extranjeros, sobre todo el inglés; somos más capaces de entenderlos, hablarlos o situarlos en el mapa que los idiomas de nuestro país. ¿Cuál es la causa? Para la profesora, “Es fruto de la educación formal en las escuelas, pero también de la informal, que es mucho más potente. O sea, la influencia del valor y el reconocimiento social y político que se hace de los idiomas y de las lenguas. El Estado elogia la pluralidad lingüística y la necesidad del conocimiento de idiomas como elemento innovador de excelencia para trabajar, conocer culturas, etcétera, pero siempre que se trate de los idiomas de los demás países. Conocer idiomas —se dice— nos hace más capaces y competitivos y estar más preparados. Es un valor potenciado, cierto, seguro; sin embargo, dicho valor parece que solo se promulga con los idiomas de los demás. Los idiomas que hablamos los españoles representan igualmente mundos complejos. Las lenguas lo son, los idiomas lo son. Paradójicamente, el fenómeno del plurilingüismo es visto como no deseado cuando se trata de nuestro plurilingüismo, o sea, del conocimiento en toda España de nuestras lenguas, las de España como conjunto que construyen España. Pensemos un segundo. Sin ellas España no sería lo que es. Son unos cuantos idiomas y muchas las lenguas y modalidades que conforman nuestro capital cultural y social, hasta ahora como conjunto, inexplicablemente, desaprovechado y demasiado a menudo —eso le duele más— origen de batallas que desde luego no son educativas. Esas batallas no educan porque no configuran cosmovisiones en positivo, como deberían, sino en negativo.”

Prosigue la profesora con grandes dosis de sentido común, algo poco frecuente en nuestra clase política. “La realidad lingüística de España no es solo que se habla castellano, catalán, vasco o gallego. Es aragonés, asturiano-leonés, pallarés, ribagorzano, castúo, árabe, tamazight, portugués, la lengua de signos. Somos un país en el que prácticamente el 50 % vivimos en comunidades donde hay más de una lengua oficial además del castellano; un territorio amplio y complejo que ha desarrollado legislación a favor de las lenguas propias de las comunidades autónomas y otras más que tiene reconocidas en diferentes ámbitos legislativos. Es cierto que ese amparo y reconocimiento ha sido desarrollado sobre todo por las propias comunidades, pero, para ella, mucho más interesante aún es ver que la realidad lingüística es que en Extremadura hay personas que hablan, leen, comercian y aman en castellano, castúo o portugués; que en el Valle de Arán se hace lo mismo en aranés, catalán, castellano o francés; que también lo hacen en gallego en Castilla y León, en El Bierzo; y que en cualquier zona del país seguro que podemos encontrar catalanes, aragoneses, navarros, vascos... Podría continuar. Vamos a dar una vuelta por el país, si les apetece. Ahora, además, tenemos la suerte de tener un capital lingüístico añadido con los idiomas y las lenguas de los llegados en esta década y media. Cientos de lenguas conviven en estos momentos en nuestro país. Es un capital enorme si lo sabemos utilizar.”

“En este sentido, seguro que conocen los trabajos del Seminario Multidisciplinar sobre el Plurilingüismo en España, un grupo del que formo parte. Más de 300 personas relevantes de todas las comunidades firmaron en febrero de 2016 el Manifiesto para el reconocimiento y el desarrollo de la pluralidad lingüística de España. Es una necesidad apremiante mirar de una vez por todas cara a cara nuestra realidad histórica y social, nuestro ADN —si me permiten decirlo así—, no solo para normalizarla, sino especialmente para estar orgullosos de ella y convertirla en oportunidades de ciudadanía, sociales, económicas, convivenciales y cohesionadoras. En todas las universidades hay investigadores y hay entidades que velan por mantener capitales lingüísticos propios para que no desaparezcan del mundo. Ciertamente la investigación rompe tabúes y creencias. No pasa nada —y lo digo con cariño— por descubrir que, de hecho, los territorios de España que se creen monolingües no lo son tanto en el fondo, gracias a Dios. Eso nos da riqueza seguro. Cuantas más lenguas tengamos, mejor, pero las nuestras también. Por lo tanto, el papel del Estado es absolutamente imprescindible para poner en valor lo que con larga trayectoria histórica, con literatura, con tradiciones, con canciones y con mundos de sentido inmensos que deberíamos conocer, aprender e incorporar desde la educación primaria para entender estos textos en la lengua original.”