La moción de censura o la catarsis de la izquierda española

Sánchez e Iglesias en una foto de archivo.
Sánchez e Iglesias en una foto de archivo.

PSOE y Podemos han recorrido todos los caminos equivocados posibles y ya sólo les queda uno: el entendimiento

Ya se conoce el resultado de la moción de censura propuesta por el partido UNIDOS PODEMOS: a favor 82 votos, abstenciones 97 y votos en contra 170. Ahora el PP, la inmensa mayoría de los medios de comunicación de derechas –que son a su vez la inmensa mayoría– se ufanan y contentan porque consideran un fracaso la moción propuesta. Además consideran que es un error del partido de Pablo Iglesias y una victoria de Rajoy que, con absoluto menosprecio a los ciudadanos y a sus propios votantes, no ha comparecido el segundo día de la moción. Mejor, sólo lo ha hecho para recibir los aplausos de su grupo, con el filofascista de Rafael Hernando a la cabeza. No han entendido nada. Ahora lo que importa es que lo hayan entendido Podemos y PSOE. Quizá también algún partido independentista catalán y otro vasco. Lo demás no importa. La moción jurídicamente, aritméticamente estaba derrotada de antemano, eso ya se sabía. Lo que importa es analizarla desde el punto de vista de la Izquierda española para determinar si es posible una alternativa al partido de la corrupción, al PP y a sus 7.906.000 votantes que se hacen cómplices de la corrupción del partido con su permanente apoyo.

Lo que se ha estado dilucidando de continuo desde las elecciones generales del 2015 y las repetidas en el 2016 es si los dos partidos supuestamente de izquierdas eran capaces de llegar a algún tipo de acuerdo para echar a Rajoy de la Presidencia de Gobierno y al propio PP. El PSOE venía de una trayectoria neoliberal en lo económico, que se agudizó con las medidas de mayor del 2010 de Zapatero sobre funcionarios y pensionistas más sus reformas laborales y de la Seguridad Social. Su neoliberalismo data ya desde que Felipe González nombró como ministro de Economía a Miguel Boyer y más tarde a Carlos Solchaga. Antes los 40 años de vacaciones en la dictadura y, mucho antes, las convulsas contradicciones que le tocó bregar entre revolución –Largo Caballero- y casi el resto del partido, con Indalecio Prieto y Negrín como partido de orden y gubernamental. El PSOE, en contra de la opinión reinante ¡nunca ha sido socialdemócrata! En Suresnes llegó tarde a la socialdemocracia y con su victoria en 1982 y sus 202 diputados el keynesianismo –base intelectual en lo económico de la socialdemocracia– había sido ya desplazado por el neoliberalismo, que ya practicaban Tatcher y Reagan en el Reino Unido y en USA respectivamente. La moda y los líderes intelectuales ahora eran Hayek y Friedman. Y el PSOE a eso se apuntó. El país se modernizó, algunas conquistas en derechos civiles se obtuvieron, algunas sociales y sindicales, pero el modelo neoliberal quedó implantado. Zapatero reforzó los derechos civiles en aspectos como el matrimonio homosexual o los cambios de criterio en el aborto, pero en lo económico él y su ministro Solbes siguieron el modelo neoliberal intervencionista de Boyer y Solchaga, modelo que consistía en sólo mercado cuando hay beneficios privados y financiación con nuestro impuestos cuando hay pérdidas en el sector también privado. Pero la crisis iniciada en el 2007/2008 rompe todo eso, el paro se multiplica y llega alcanzar hasta el 24% ya con Rajoy, la deuda alcanza el billón de euros, a la par que el PIB. Ahora, a las alturas del 2017, todo el relato neoliberal se ha venido abajo intelectualmente y se produce la ruptura generacional porque las perspectivas es que los jóvenes vivan peor que sus padres y sus abuelos. Surgen –desde hace menos de un lustro– el 15-M y el partido Podemos y sus confluencias. Y en las últimas elecciones le dan 69 diputados y 5.049.700 votos. Es el tercer partido del Congreso. También surge otro partido a la derecha, que es Ciudadanos, con 40 escaños. El bipartidismo se ha roto y los cuatro partidos grandes se quedan descolocados. Digo los cuatro, también los nuevos, los advenedizos. Todos deben resituarse en plena crisis, agravada enormemente por las medidas de austeridad de Rajoy y sus secuaces. Pero el partido, diría yo, más desubicado de los cuatro es el PSOE. Acostumbrado al bipartidismo, no ha entendido algo que parece que ya lo va entendiendo: que si quiere gobernar lo tiene que hacer con el apoyo y/o acuerdo con el advenedizo desde la izquierda: Podemos. Los barones del partido no quieren perder sus prebendas y su influencia y dan un golpe palaciego en octubre del 2016 para echar al Secretario General del PSOE de su puesto, porque prefieren que gobierne Rajoy a que gobierne su propio Secretario General con Podemos o con su apoyo. El PSOE necesita una catarsis, casi una verdadera revolución interna que le lleve a posiciones de izquierda porque Podemos se lo come y se lo comerá precisamente desde la izquierda. Esa catarsis ya se ha producido, la ha producido sus militantes y el arrojo de su anterior y ahora actual Secretario General, Pedro Sánchez.

Pero faltaba otra catarsis: la de Podemos. Es un partido nuevo, que no viene de una tradición de izquierdas sino de nuevas corrientes políticas e intelectuales, fabricado en las universidades y con referentes importantes -pero no únicos- de América Latina. Pero en el momento que viene, en plena crisis y con los partidos de extrema derecha avanzando en Europa merced al voto en gran parte de ¡la clase obrera!, logra aglutinar el descontento de los jóvenes principalmente y conducirlos por una senda distinta, aunque no estrictamente ni socialista ni comunista. Desprenden aroma pequeño-burgés, pero escriben programas de izquierda y, en este momento, allí donde gobiernan cargan las tintas en lo social. El problema que tienen los líderes de Podemos es táctico, no tanto ideológico, y eso les lleva a cometer errores de continuo. No lo revisaré, pero el punto culminante es el que tras las elecciones del 2015 y con Pedro Sánchez optando a la Investidura, sumando entre PSOE y Podemos 159 escaños, el partido de Pablo Iglesias no vota a favor de Pedro Sánchez y permite que siga Rajoy, el jefe de los corruptos, en el Gobierno. Un desastre para Podemos y para la alternativa al PP. Existen, es verdad, justificaciones y excusas para tal comportamiento por “culpa” del PSOE, pero el hecho histórico queda ahí. Y de ahí la necesidad de otra catarsis, esta vez del lado de Podemos. Pues bien, esta moción de censura es la catarsis de Podemos. Y creo que ha salido satisfactoria, porque Pablo Iglesias ha reconocido que ellos también se ha equivocado –aunque sin precisar pero a buen entendedor…– y ha tendido puentes al PSOE, proponiéndole que sea ahora el partido de Pedro Sánchez el que inicie en un próximo futuro una moción de censura. El representante del PSOE, el Sr. Ábalos, ha recogido el guante e, incluso, ha entregado el propio. Producida ambas catarsis, todo queda para el próximo futuro, sea en esta legislatura o en la siguiente. Ambos partidos, sus líderes, ya han llegado a la conclusión de algo que era evidente: que acabar con un gobierno del PP pasa por un acuerdo de ambos partidos de la Izquierda porque no se atisba que ninguno de ellos fagocite al otro; menos aún que desplacen ni siquiera uno de ello al PP como partido más votado. Hay un nubarrón del lado de Podemos que deben superar: se llama Ciudadanos. Es verdad que se ha convertido o se ha esclarecido lo que es, un partido de derechas. Es verdad que es la muleta del PP, pero Pablo Iglesias debe dejar que sean ellos los que lo hagan evidente, no que les ayude el líder de Podemos a cobijarse a Rivera y los suyos entre las faldas políticas de Rajoy y sus secuaces. De nuevo otro error táctico de Pablo Iglesias y Podemos. Esperemos que esta vez no impida una alternativa al PP, porque es posible que sea necesaria la abstención al menos del partido de Ciudadanos para echar al líder de los corruptos del Gobierno. Estoy suponiendo que ese, ahora sí, sea el verdadero objetivo de Iglesias.

Recordando la máxima de Churchill, ambos partidos de la Izquierda han recorrido todos los caminos equivocados posibles y ya sólo les queda uno: el entendimiento. Ahora la palabra también la tienen los votantes, especialmente los votantes del PP, porque la catarsis del PP –que también la necesitarán tarde o temprano– ahora ya no sólo es cosa del partido, de los votados, sino también de sus votantes. Como dice Pablo Iglesias –y en esto no se equivoca– los imputados, encausados, pendientes de juicio y encarcelados del PP no caben en el Congreso y Senado juntos: ¿os dice algo esto, votantes del PP?