Gana la patronal, pierden los trabajadores y los sindicatos

Antonio Antón | Profesor Honorario de Sociología de la Universidad Autónoma de Madrid
nuevatribuna.es | Actualizado 13 Julio 2011 - 10:15 h.

La reforma de la negociación colectiva elaborada por el Gobierno socialista constituye una nueva agresión contra trabajadores y sindicatos. Tras el fracaso del largo proceso negociador entre los dirigentes sindicales y los representantes empresariales, debido a las exigencias adicionales de estos últimos, el Consejo de Ministros el 10 de junio aprueba el Real Decreto-Ley 7/2011. Lejos de dar continuidad a la aproximación alcanzada por los interlocutores en esa negociación, introduce más cambios regresivos en la dirección de las reivindicaciones patronales y otros sectores económicos e institucionales que han estado presionando para una reforma más dura. El resultado es una nueva imposición gubernamental (y parlamentaria), sin consenso sindical, que genera una posición más subordinada de la gente trabajadora y un nuevo desequilibrio en las relaciones laborales, debilitando la negociación colectiva y la capacidad contractual de los sindicatos.

La norma está en vigor y se ha convalidado por el Congreso, con el exclusivo voto favorable del partido socialista y la colaboración del PNV –que se abstuvo-, mientras las derechas (PP y CIU) la consideran insuficiente y la izquierda política (IU-ICV, ERC y BNG) la rechaza por antisocial. Sigue su trámite parlamentario como proyecto de Ley, aunque las organizaciones empresariales no la apoyan al considerarla limitada y los sindicatos se oponen por ser desequilibrada e impuesta. Se trata de analizar su contenido, los cambios respecto a lo aceptado por ambas partes en la negociación previa, el significado sociopolítico de esta opción gubernamental dentro de su gestión de la crisis económica y las implicaciones para las estrategias sindicales.

Esta reforma tiene tres importantes componentes negativos -si no se introducen otras enmiendas todavía más regresivas-. Primero, fortalece el poder de los empresarios para imponer condiciones laborales regresivas, por dos vías. Una, promoviendo su mayor capacidad discrecional para incrementar la flexibilidad interna en las empresas, adicional a la ya generalizada flexibilidad externa mediante el despido y la contratación precaria. Otra, por la disminución de las garantías laborales de los trabajadores al facilitar descuelgues empresariales y dar prevalencia al ámbito de la empresa donde se pueden acordar condiciones laborales inferiores a las básicas del convenio colectivo del sector.

Segundo, debilita la capacidad contractual del sindicalismo, con una negociación colectiva débil y mayor decisión ‘externa’ a través de la imposición de los mecanismos de arbitraje, cuyas decisiones serán obligatorias para las partes y, en general, más cercanas a las posiciones patronales y de la administración pública. Ante la relativa impotencia reivindicativa y transformadora de los sindicatos, con el evidente estancamiento de los procesos negociadores y la continuidad de vigencia de los derechos reconocidos en los convenios colectivos se aplica una mayor ‘dinamización’, para agilizar las adaptaciones laborales regresivas, que consiste en la anulación de la autonomía de las partes y la imposición de una decisión externa a la negociación colectiva. Así, aunque no se llega a eliminar la ultra-actividad de los convenios colectivos -la continuidad de sus condiciones hasta la firma de otro nuevo acuerdo-, reclamada por algunos sectores económicos, el laudo arbitral, obligatorio y casi inmediato, es un paso intermedio en el proceso empresarial de incorporar retrocesos respecto de los convenios anteriores o cambios sustanciales sin el consenso sindical.

Tercero, favorece reequilibrios problemáticos en las funciones y competencias de las distintas estructuras sindicales en perjuicio de los representantes directos de los asalariados y su participación, disminuyendo la legitimidad de las decisiones de las direcciones sindicales y su capacidad transformadora. Elimina las competencias negociadoras y contractuales de los comités de empresa y los representantes elegidos por los trabajadores, jerarquiza y centraliza la negociación colectiva en el ámbito estatal eliminando convenios provinciales (y debilitando las estructuras sindicales intermedias), y abre la vía para los convenios-franja con mayor división en los centros de trabajo, privilegios para las capas cualificadas y apoyo a los sindicatos corporativos (con mayor peso en ese colegio electoral).

Esta reforma estructural es la última –cosa incierta- de las planteadas por el Gobierno socialista dentro del plan de austeridad adoptado a instancias de la Unión Europea en mayo del año pasado con ocasión de la crisis de la deuda. Con ella rompe los equilibrios suscritos con los sindicatos en el Acuerdo Social y Económico de febrero donde, junto a los recortes de las pensiones públicas, prometía respetar los compromisos de los agentes sociales y económicos en torno a una reforma de la negociación colectiva equilibrada y consensuada. A pesar de su intento retórico para evitar el malestar ciudadano, este nuevo paso atrás en los derechos sociolaborales aparece como un eslabón más para contentar a los ‘mercados’. Consolida su alejamiento de sus compromisos sociales y su giro hacia la derecha: la flexibilidad discrecional para los empresarios se acompaña de mayor inseguridad para trabajadores y trabajadoras; gana la patronal, pierden las clases populares y los sindicatos.

Por tanto, esta reforma no mejora la negociación colectiva como instrumento de regulación de las condiciones laborales ni es un medio para reactivar la economía y crear empleo. Promueve el incremento del poder empresarial, una fuerte agresión a los derechos laborales y la disminución de la capacidad contractual del sindicalismo. Se inscribe en la política gubernamental de reformas estructurales dentro de la lógica exigida por el poder económico-financiero y la estrategia liberal-conservadora dominante en las instituciones de la UE que, particularmente para los países periféricos, apuesta por medidas de ajuste sociolaboral: reducir los derechos sociolaborales, mantener un paro masivo con estancamiento económico, empeorar las condiciones salariales y de trabajo y subordinar la acción sindical.

Su discurso justificativo se basa en la idea de ‘flexibilidad’ (para las empresas), como ‘adaptación’ de las condiciones y los derechos de la población trabajadora a las circunstancias (o previsiones) productivas de la empresa según su propio criterio. Y se empeora la situación de subordinación de trabajadores y trabajadoras, con un mayor desequilibrio para su seguridad. Los empresarios ganan mayor poder en detrimento de unas relaciones laborales más equilibradas. Pero esa política conservadora de descargar sobre las clases subalternas los mayores costes de la crisis, no es la vía adecuada para salir de ella, pronto y de forma justa, ni tampoco para avanzar en el objetivo oficial de mejorar la competitividad o la productividad de la economía, facilitar el crecimiento económico y, menos aún, cambiar el modelo productivo.

Para ello habría que tomar otro camino, reclamado incluso por la Confederación Europea de Sindicatos –inversión productiva, incremento de la demanda y el consumo, más empleo digno y de calidad, regulación financiera, reforma fiscal progresiva, fortalecimiento de los derechos sociolaborales…-, y fortalecer la acción sindical. Esa orientación ampliamente respaldada por la sociedad española y europea es rechazada abiertamente por los gobiernos europeos. La opción, tal como también viene promoviendo el masivo movimiento del 15-M, es insistir en el rechazo a cada una de estas medidas antisociales, exigir el cambio de la política socioeconómica conservadora, dominante en la Unión Europea, regular los ‘mercados’ y promover mayor democracia participativa, con sometimiento de las instituciones políticas a la opinión de la mayoría social.

Vota esta noticia:
Más acciones:

1 Comentarios

Página 1 de 1
1
¡Quien pierde es España!

Una de las agresiones que la desvalida ciudadanía soporta desde hace ya muchos años es, mira qué casualidad, la que causan los sindicatos, que con la máscara de que defienden el interés de la masa "laboral" se están embolsando y malgastando millones de euros, sosteniendo su estructura poco eficiente y arcaica en sus ideas y formas de funcionamiento. Si hubiera una casilla en mi declaración de la renta solicitándome si quiero que mis impuestos vayan destinados a los sindicatos no la señalaría, porque no me siento representado, me siento mancillado, ultrajado, violado,... por los que sin preguntarme se erigen como mis representantes y mis defensores y veo como se llevan mis impuestos para dar cursos de formación inútiles que son una fuente de ingresos para ellos (ya que a los profesores les pagan una miseria, son unos explotadores) y no mejora la formación de la masa laboral (son cursos para justificar el gasto, pero malísimos, de nula calidad pedagógica, de nula calidad para nada que no sea para tenernos perdiendo el tiempo para tener un certificado que ellos mismos se sacan de la manga, como el caso de la TPC (Tarjeta Profesional de la Construcción) que está siendo un "sacadinero" más para las empresas o para el estado. Sr. Antonio Antón, haga el favor de salir a la calle, de salir de la universidad, y póngase en contacto conmigo, si quiere, desde mi modesta situación, le puedo explicar algunas cosillas que usted he visto que no sabe. La sociedad agradecerá que un profesor pueda difundir conocimientos más reales que los que ha expresado en este texto. Me horroriza que el conocimiento que usted vaya difundiendo sea esto que leo y es preocupante que el alumnado que salga de sus clases reciba unas enseñanzas así de poco rigurosas. Tengo propuestas para reactivar el empleo de una forma notable y ya he visto que o dejo el proyecto en sus manos y lo hacen ellos, a su manera y por su cuenta... o nada. Sr. Antón, muévase un poco por los entresijos sindicales y después piense si los sindicatos tienen también, o no, gran culpa de lo que tenemos. Yo puedo decir, sin temor a estar equivocado, que sí. (y si metemos el dedo en la representación de los empresarios... también está podrido hasta la médula. Que de éstos también puedo decir con la misma seguridad, que también son otra parte de los culpables de la situación que tenemos. No el empresariado como tal, pero sí las asociaciones de empresarios que se erigen como interlocutores y se están llevando a mansalva los millones de euros que el gobierno destina al fortalecimiento del tenido empresarial y que lo único que está fortaleciendo es las cuentas bancarias de los cómplices del entramado social que forman entre todas las asociaciones, federaciones, confederaciones, fundaciones,...) Y por último, Sr. Antón, deje de usar al "movimiento 15M" en sus artículos puesto que está por ver si se identifican con este texto suyo y una de las cosas que algunos indignados pretendemos es modificar el lema de "El pueblo unido jamás será vencido" por el de "El pueblo formado jamás será engañado" y nos hemos propuesto "formar" a nuestros vecinos en uno mínimos de conocimientos para que en esta sociedad de "excesiva información" sepan cribar lo que se lee, oye y ve, para no caer en dar por bueno todo lo que aparezca en la pantalla del ordenador por muy profesor honorario que sea quien lo firma, ya que, partiendo de la base de que está ya mas que sabido que era sabio quien dijo aquello de "solo sé que no sé nada"... por muy rimbombante que sea el título de quien firma el texto... puede ser que sepa más bien poco, como en este caso, del tema que expone. Y sólo haya un cúmulo de palabras bién engarzadas pero sin conocimiento de la realidad laboral ni empresarial ni social en la que se enmarca esta reforma laboral con la que tampoco se dará solución al problema, porque gran parte del problema son UGT, CC.OO y CEOE. Y no es "opinión" esto que digo, es algo puramente objetivo para que usted lo tenga en cuenta en sus clases y demás exposiciones en adelante y para que los lectores de este artículo lo sepan y no entren en el juego de dar por buenos o malos a unos u otros cuando hasta que no se enteren de que un empleo de calidad no depende de nada mas que de que haya dos "personas de calidad" firmando el acuerdo laboral. Ésto es lo que sí defendemos en el movimiento 15M: calidad humana, calidad social, como garantía de calidad en todo, incluyendo el mercado laboral, promoviendo el compromiso social y solidario por un desarrollo común sin izquierdas ni derechas, procurando que se asuma que el desarrollo social conjunto es la única opción de vida posible, sin dejar a nadie atrás, ni a los lados. Difícil empresa, pero... a ello vamos.

A Favor ( 0 ) En Contra ( 0 )
escrito por Rafael hace 10 meses

Escribe tu comentario

Para dejar un comentario pulsa en Ver formulario. Si usas Facebook puedes identificarte con tu cuenta o también puedes publicar un comentario directamente.


o volver



Identificarse con Facebook

No está permitido verter comentarios contrarios a las leyes españolas o injuriantes.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.


Columnistas «Nueva Tribuna»