Rita vete, el escaño no es tuyo

Rita,en su única comparecencia (sólo cinco minutos) el día que por casualidad acudió al Senado​.
Rita,en su única comparecencia (sólo cinco minutos) el día que por casualidad acudió al Senado​.

La situación de Rita Barberá debe tenerla sumida en un profundo estado de desesperación —cuando no depresión— habida cuenta de que, quien fuera “alcaldesa del España” y antes niña mimada del PP, se ha convertido en una apestada a quien casi nadie de su partido quiere ver ni en pintura. De hecho, todas las formaciones políticas constituyentes de las Cortes Valencianas —incluyendo al PP— , le han exigido unánimemente que devuelva su acta de senadora, algo a lo que ella se niega en redondo («el escaño es mío») haciendo caso omiso a la circunstancia de que no fue por sufragio que obtuvo su escaño, sino por designación de las mismas Cortes autonómicas que ahora le instan a que renuncie a él.

Es un dato ilustrativo que la ex alcaldesa se aferre a su aforamiento —la decisión de renunciar a su condición de senadora es sólo suya— con la misma vehemencia que lo suelen hacer tantos delincuentes y presuntos delincuentes conocidos. Barberá sabe que si renuncia, la juzgará la justicia ordinaria mientras que si sigue dejando caer sus regias posaderas en un sillón del Senado —virtualmente, pues apenas si se ha dejado ver un par de veces por la cámara alta—, será el Supremo quien la juzgue  en calidad de aforada. Y claro, como la señora está desesperada pero de tonta no tiene un pelo, es lógico que  quiera dilatar el plazo de trato judicial preferente que aun dispone hasta 2019.

Tanto la ciudadanía como la opinión pública y la clase política —incluida la selecta casta a la que ella pertenece, con excepciones como el silencio de Rajoy o el apoyo de Cospedal— le está pidiendo a la señora Barberá que se vaya. Sin embargo ella, se empecina comportarse como el protagonista de una canción compuesta en los años setenta por nuestro querido L.E. Aute (a quien le envío un abrazo y le deseo una pronta mejoría) incluida en el disco “Forgesound”, de la que reproduzco los versos finales:

Aferrao a mi butaca
como una lapa
A mi nadie me despega
de este sillón
Que es mi madre, que es mi esposa
será mi losa
ya me he untado en el trasero
Sinteticón

A mi me han nombrao a dedo
y aquí me quedo
por los siglos de los siglos
Amen Jesús
No me mueven de este trono
que tengo abono
hasta el día en que la espiche
de un patatús

¿Qué pueden hacer los políticos decentes para resolver la papeleta que este vodevil les plantea en plena fiebre regeneracionista? Pues, la verdad es que bien poco o tal vez nada ya que, con la ley en la mano, todo lo más que podrían hacer los populares contrarios a Barberá, sería enviarla al Grupo Mixto donde la ex alcaldesa compartiría vecindad con nuevos compañeros de aventuras. Tal vez allí se sentara al lado del senador de Bildu Iñaki Goioaga, procesado por integración en ETA y quien, como ella, también se resiste a renunciar a su acta. Y como todo tiene su lado positivo, quien sabe si hacer nuevas amistades animaría a la dama del caloret que tanto presumía, hasta ahora, de poseer el carnet número tres (el uno era el de Fraga y el dos es el de Aznar) del Partido Popular.

Pobre Rita Barberá, que bajo ha caído en su cobarde empecinamiento de que su caso siga en el Tribunal Supremo en vez de volver al juzgado de Valencia como sus presuntos compinches de blanqueo de capital. Mucho le debe suponer el no querer ser juzgada como el resto de los mortales a alguien que lo tuvo todo (y que creyó que todo era para siempre) y ha claudicado a protagonizar uno de los más mórbidos, patéticos y vergonzantes modos de retirarse de la política.