El día uno inauguramos el año con una subida de los peajes y el gas. La gasolina sigue, como siempre, por las nubes. Y las previsiones dicen que la luz subirá este 2018, aún en pañales, más de un 2%. 

Mientras, en esa Alemania que tanto le gusta poner a M punto Rajoy como ejemplo, hay días en que la luz sale gratis, gracias a que en un país con menos horas de sol que el nuestro aprovechan bien esta fuente de energía y, por supuesto, no legislan pensando solo en cómo engordar los beneficios de las eléctricas. Debe ser que Merkel es una podemita peligrosa.

A cambio en España, es verdad, tenemos una subida del salario mínimo del 8%, que lo deja a la mitad, más o menos, de la cantidad que se cobra en Francia, Reino Unido o Alemania. Y las pensiones suben un increíble 0,25%. Increíble porque hay que ser miserable para seguir limando el poder adquisitivo de unos pensionistas que han sido, y en muchos casos aún son, el sostén económico de muchas familias.

Según Cáritas, una agrupación igualmente poco sospechosa de roja o radical, los pobres en España son cada día más pobres y un 70% de los hogares patrios no nota la tan cacareada recuperación económica. Pero aún es peor cuando sabemos que un 60% de esos hogares no consigue ahorrar nada. Es decir, que vive sobre el alambre y cualquier imprevisto económico puede mandarlos a la quiebra. A la calle. Al otro lado del bienestar y la vida digna.

Pero claro, lo importante es que Cataluña siga siendo España. Que luzcan bien las banderas en los balcones, nuestros geranios rojigualdos. Que se salve el Estado aunque la mitad de sus ciudadanos sea cada vez más pobre o tenga que emigrar. Que sigamos teniendo honra, aunque sea sin barcos. Como en el desastre de Cuba.

Feliz 2018.