2 de septiembre de 2010
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OPINIÓN

GERMÁN TEMPRANO

Última actualización 05/02/2010@13:53:13 GMT+1
Cuba debe cambiar. Obama lo sabe. Castro también. Sólo los necios pueden negar los logros de la revolución. Sólo los ciegos pueden creer que el ‘no nos moverán’ sirve para algo más que lamer las heridas de nuestra nostalgia.
NUEVATRIBUNA.ES - 20.4.2009

Ni siquiera las tendenciosas dioptrías con las que desde Europa se ve a veces al régimen cubano valen ya como coartada. Aquel dilema de Revolución o Muerte acaso nunca tuvo mayor sentido que una pintada en una pared. La muerte no atrae ni en boca del comandante ni en esos vivas que le daba aquel general fascista. Hoy mucho menos. Las camisetas del Ché ya no nos valen de talla. Hemos echado lorza gracias a esa sociedad de la opulencia que tanto denostamos en las rebeliones de salón después de la partida de Trivial. Debería invitar a la reflexión que los más fervientes admiradores de un régimen político vivan a miles de kilómetros del lugar que lo padece. Y que, puestos a experimentar, pocos o ninguno se cambiaría por alguno de sus empadronados más allá de pasar unas inolvidables vacaciones caribeñas.

Es difícil encontrar adhesiones cuando se apela a la dignidad y lo que está en juego es la supervivencia. Ahora es el momento de demostrar que uno es de verdad un revolucionario. Basta con mover un dedo. Algo que se antoja mucho más sencillo que derrocar al dictador Batista. Sin embargo, demostraría que uno no sólo es patriota por beber ron y fumar cohíbas. Nunca se debería dejar que se estropeara un sueño hasta convertirlo en una pesadilla. El bloqueo norteamericano ha sido nefasto, cruel e injusto pero no el causante de que se persigan a los homosexuales o se encarcelen a los poetas disidentes. Las excusas se agotan cuando en nombre de la defensa de un pueblo se priva de la libertad a sus habitantes.

Cuba debe cambiar. Obama lo sabe. Castro también. Sólo los necios pueden negar los logros de la revolución. Sólo los ciegos pueden creer que el ‘no nos moverán’ sirve para algo más que lamer las heridas de nuestra nostalgia. Quizás votar para cuatro años no sea la democracia perfecta pero escudarse en el enemigo imperialista para no poder hacerlo es un pretexto con fecha de caducidad. Tampoco está ya Bush para echarle razonadamente las culpas. Tratar de sacar a Cuba de un callejón sin salida no es un acto de humillación si para alcanzar ese objetivo te tienen que ayudar desde el exterior. Entre la colaboración y la invasión hay mucho más que un matiz. Es mucho más humillante tener que pasar penalidades o comerciar con tu cuerpo a cambio de unos cochinos dólares para buscarte la vida. Los cubanos no se lo merecen.

Ya no es la hora de la dialéctica larga y florida, del adjetivo poético, de la liturgia verde olivo. Yo también me sé las canciones de Silvio. Por eso estoy con él cuando cantaba aquello de ‘te convido a creerme cuando digo futuro’. Siempre y cuando lo decidan ciudadanos libres incluso para equivocarse. Acaso ha llegado el momento de remangarse y asumir que los capítulos de la Historia no se escriben sólo en Sierra Maestra. De pensar que el diálogo también puede ser un arma revolucionaria. Si de verdad hay voluntad por parte de los Estados Unidos sólo cabe la reciprocidad por parte de Cuba.

Ni siquiera la estomagante hipocresía de quienes desde aquí reclaman libertad de prensa para Cuba desde periódicos o televisiones que convierten al Granma en un ejemplo de pluralismo debe hacernos cómplices de un sinsentido. Ni el simplismo de todo aquel que salda estos debates acusándote de ser de derechas o de tener un primo gusano en Miami debe desalentar. Es la hora. Sólo cabe no llegar tarde. Evolución o muerte.

Germán Temprano es escritor y periodista

JAULA DE GRILLOS
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  • Evolución o muerte

    Últimos comentarios de los lectores (1)

    1274 | Txema Ruiz - 16/05/2009 @ 11:44:49 (GMT+1)
    Querido Germán, coincido contigo en tu brillante análisis de la situación cubana. En efecto la necesidad de evolución es inseparable de la supervivencia: evolucionar es, en resumen, vivir. De ahí que en muchas ocasiones me sienta ¿incómodo, perpelejo?, ante la posición de muchos de mis compañeros que después de la partida de tute (nada de trivial pequeño-burgués) se empeñan en una defensa absurda de lo que yo considero una imperfección de la idea revolucionaria. Pero, al mismo tiempo me pregunto si, a la larga, no tendrán razón y nosotros sinceros evolucionistas no seremos responsables, antes o después, de que la evolución no acabe en invasión y humillación.
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