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¿Por qué las autopistas de peaje quebradas eran una buena idea y para quién?

nuevatribuna.es | José Mansilla | 13 de Diciembre de 2016

La construcción de grandes infraestructuras de trasporte, como las autopistas de peaje ahora quebradas, mantienen una profunda lógica, eso sí, inserta en el modelo neoliberal imperante en España desde hace más de tres décadas.

Pese a que a alguien le pueda sorprender, la construcción de autopistas de peaje con una utilidad más que dudosa no es un hecho irracional, sino todo lo contrario

Aunque pueda parecer lo contrario, el fomento de la construcción de obras como las autopistas de peaje durante los años del Gobierno Aznar, aunque no solo, si bien, desde posiciones políticas distintas a las del Partido Popular son profundamente criticables, desde la lógica del sistema capitalista en su fase neoliberal actual no pueden por menos que considerase dentro de la más profunda racionalidad.

Vamos por partes. Para comenzar, entre las características propias del neoliberalismo, desde su triunfo a finales de la década de los 70 del pasado siglo, se encuentra la apuesta por el factor territorial, esto es, la expansión del proceso de acumulación al propio espacio. Además de la liberalización de fuerzas y sectores productivos que, hasta entonces, habían quedado más o menos regulados o directamente gestionados por el Estado (caso de la sanidad, la educación, la vivienda, etc.), la búsqueda por la continuación de la producción de plusvalías se centró principalmente en el espacio dentro de sus diferentes concreciones, esto es, el suelo urbano, la construcción de infraestructuras, transportes y equipamientos relacionados, etc. Es lo que David Harvey, siguiendo las intuiciones del sociólogo y filósofo Henri Lefebvre, ha estudiado como el segundo circuito de producción del capital. La finalidad de este segundo circuito es, por un lado, permitir la continuación y reactivar un proceso expansivo de crecimiento económico de base capitalista que había quedado momentáneamente detenido a consecuencia de las distintas crisis acaecidas durante la mencionada década y, por otro, anclar grandes cantidades de capital de forma que, aparte de producir réditos en el futuro, se postergue al máximo la llegada de la siguiente crisis.

En este sentido, la construcción de grandes infraestructuras de trasporte, como las autopistas de peaje ahora quebradas, los aeropuertos en los que no aterrizan aviones, los túneles del AVE por los que no pasan trenes, las rotondas y aparcamientos que esperan, pacientes, la llegada de los coches, mantienen una profunda lógica, eso sí, inserta en el modelo neoliberal imperante en España desde hace más de tres décadas. El ejemplo más palpable de ello, y del cual hemos sufrido las consecuencias hasta hace bien poco de forma directa -e incluso ahora, de forma indirecta- es la modificación de la Ley del Suelo llevada a cabo por el primer Gobierno del PP. Su objetivo final no era más que impulsar y eliminar las posibles trabas que permitieran la constitución de dicho segundo circuito.

Ahora bien, la forma en que desde el Estado y sus resortes se llevó a cabo la cuestión, es decir, mediante el establecimiento de las conocidas como cláusulas de Responsabilidad Patrimonial de la Administración (APA), donde éste aparece como responsable último de las infraestructuras desarrolladas, asumiendo los costes en caso de quiebra en un ejemplo más de denunciable de socialización de pérdidas -y privatización de las ganancias-, ya no forma parte del mencionado circuito (¿o sí?), sino de la especial variante del capitalismo implantado en nuestro país: el capitalismo de amiguetes y la más que palpable relación existente entre el mundo de la política y el de la gran empresa.

En definitiva, pese a que a alguien le pueda sorprender, la construcción de autopistas de peaje con una utilidad más que dudosa no es un hecho irracional, sino todo lo contrario. Y más cuando las políticas de Fomento y Obras Públicas se deciden mediante ese eufemismo denominado colaboración público-privada, concepto que, parece ser, tiene mucho más de Ibex 35 que de Administración General del Estado.


José Mansilla | Observatori d’Antropologia del Conflicte Urbà (OACU)

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