EL EXTERMINIO DE LOS PUEBLOS DE AVILA

Pueblos de Ávila en pie de guerra contra las minas de feldespatos

Ávila es la nueva California de la avaricia de políticos ignorantes y estúpidos, la mayoría del PP que lleva haciendo y deshaciendo a su antojo en esta región.

Varias comarcas, sierras y valles, de la provincia de Ávila están en pie de guerra desde hace un año contra la puesta en marcha de peligrosas minas de feldespato en su tierra. Sus vecinos tratan de luchar contra empresarios sin escrúpulos que, en connivencia con políticos corruptos, quieren explotar a cielo abierto minas de feldespatos, destruyendo sus formas de vida. Una vida que han tenido que mantener y buscarse las pocas personas que quedaron, ante el olvido de administraciones  y carencia de industrias que despoblaron ese territorio. La “hasta hoy olvidada” provincia de Ávila, rica en paisajes y contrastes, que tantos caballeros, hombres y mujeres ilustres ha dado a España, despoblada y empobrecida por políticas equivocadas desde hace cinco siglos, es hoy foco de atención de la avaricia y la usura, a costa de romper y alterar esa vida de conjunción con la naturaleza, que han sabido mantener los abulenses, contra las dificultades políticas y los inconvenientes empresariales.

Si antes fue despoblada, ahora será desertizada. Sus ríos y montes desaparecerán; sus vestigios prehistóricos se borrarán; sus prados y huertos serán un erial; sus animales domésticos y salvajes se extinguirán; y sus gentes morirán presa de enfermedades, cáncer, estrés, neumonías... Y desesperanza. Y todo porque han descubierto una mina, una mina en cada rincón de ese territorio abulense que abarca casi todo el suroeste, desde la misma Sierra de Ávila a la Sierra de Gredos.

De la Sierra de Ávila al Valle del Corneja

Ávila es la nueva California de la avaricia de políticos ignorantes y estúpidos, la mayoría del PP que lleva haciendo y deshaciendo a su antojo en esta región años y años, compinchados con empresarios sin escrúpulos, que dan valor a las minas y no a la naturaleza. Se acuerdan ahora de Ávila, para desertizar prados, montes, ríos, dehesas; destruir la rica flora y fauna que se reparte en esas comarcas sin respetar los intereses de sus habitantes y de cualquier persona con dos dedos de frente y no un cerebro de serrín o feldespato. Hace unos meses fueron los habitantes de la Sierra de Avila y Yemas, y del Valle de Amblés, quienes se movilizaron (ver nuestra información de diciembre), y ahora, con el mismo objetivo de lucha y oposición, los pobladores del Valle del Corneja, donde algunos pueblos fueron en tiempos lugar de descanso y veraneo de reyes, obispos  e intelectuales, cuya impronta sigue perviviendo entre sus muros, catedrales y castillos. Un territorio que los mismos vecinos, por propia iniciativa, sin ayudas oficiales, para evitar que murieran ellos, los pueblos, y el campo, se han dedicado a poblar de árboles y cuidar los pocos recursos naturales que les quedaban, como excavaciones arqueológicas, promoción del turismo rural y ganadería, así como la conservación de productos con denominación de origen. Para evitar su exterminio, se han unido los pueblos, y a modo de Fuenteovejuna, recogen firmas y reclaman la atención con documentos, estudios, e informaciones públicas, a esos políticos y empresarios destructivos, para evitar el desastre. 

Tras la creación a finales del año pasado de la plataforma ciudadana "No a la mina en la Sierra de Ávila", ahora acaba de surgir otra iniciativa similar en contra de otra mina de feldespato proyectada en la comarca abulense del Valle del Corneja, en la vertiente norte de la Sierra de Gredos. Bajo la denominación "No a la mina en la Valle del Corneja", se muestra en contra de un proyecto similar que afecta a los municipios de Tórtoles, Becedillas, Zapardiel de la Cañada y Bonilla de la Sierra, junto con sus anejos.

Según han informado a NT, sus integrantes "están dispuestos a preservar la agricultura, la ganadería, el turismo y el medio ambiente de la zona”. Su situación es aún más grave que la de las anteriores comarcas amenazadas por proyectos semejantes porque no han sido informados hasta última hora. Estas pasadas semanas han sabido que la empresa minera solicitó el permiso de investigación, conocido como “Sonsoles” (título de la Virgen, Patrona de Avila), a finales del año 2014. No ha sido hasta la semana pasada cuando los vecinos conocieron, a través del BOP (Boletín Oficial de la Provincia) que la Junta, el Servicio Territorial de Industria, Comercio y Turismo de Ávila, “había concedido el permiso para hacer prospecciones en sus tierras en busca de feldespato”.

El descontento de los vecinos hacia sus alcaldes y políticos regionales es patente, “por ocultarles información y no haber sido informados antes, pues tras el tiempo perdido ha quedado por el camino la posibilidad de hacer alegaciones en contra de una mina en la zona", han lamentado los integrantes de la plataforma ciudadana. Han advertido que llevarán a cabo "una lucha sin cuartel para evitar que las prospecciones se lleven a cabo", porque, según han señalado, "si se encuentra feldespato, vendrían las expropiaciones de las tierras y las nefastas consecuencias económicas y  medioambientales". Entre ellas han hecho referencia a "la pérdida de la PAC", y "la tierra ganadera pasaría a ser minera". Lejos de ofrecer trabajo, en una zona presa del paro, se verán de nuevo obligados los pocos habitantes que quedan, a emigrar. Los impulsores de la plataforma han hecho un llamamiento a los alcaldes de la zona para que "apuesten por la economía rural y no por las minas, porque Ávila no es una provincia minera" y no se quieren ir de sus tierras, ni de sus pueblos. Según la plataforma, los políticos con los que han podido hablar se han comprometido a "luchar" para que "se derogue" la Ley de Minas de 1973, bajo cuyas premisas se ha dado el visto bueno a una obra perjudicial para el paisaje y el paisanaje.

Pero  no solamente los habitantes de esa zona ven este proyecto perjudicial a todas luces, también  expertos de varias universidades y ecologistas ven un tremendo error la explotación minera en zonas que deberían estar protegidas por su valor ecológico. Un equipo de la Universidad Católica de  Ávila, bajo la dirección del ingeniero Jorge Mongil Manso, ha estudiado las nefastas consecuencias humanas y medioambientales que conllevan este tipo de explotaciones, y sobre lo que volveré en el próximo reportaje. Porque seguirán descubriendo otras zonas donde meter la zarpa. Y hay que parar estos desmanes.

feldespato

Ya va siendo hora de que los ignorantes políticos escuchen a los expertos, y no sigan la ambición de empresarios sin escrúpulos. Va siendo hora de que los empresarios piensen más allá del lucro inmediato, que no ofrece futuro ni a  su empresa, ni a ellos, ni al país. Porque no quedará otro rastro que la desertización. Ni flora ni fauna. ¿Eso quieren? Acabar con una provincia, con un país...

Los pueblos directamente afectados por esta iniciativa minera de la empresa “Transportes, excavaciones y hormigones Sonsoles S.L.”, son Tórtoles, Becedillas – con Casillas de Chicapierna-, Zapardiel de la Cañada y Bonilla de la Sierra, con sus anejos, Cabezas de Bonilla, Pajarejos y Rivera de Corneja, además de su influencia en todo el Valle, cuyo centro turístico, histórico y artístico es Piedrahita, sin olvidar que la villa de Bonilla de la Sierra está declarada “Conjunto Histórico Artístico” en 1983. Una, Piedrahita, es cuna del Duque de Alba, y la Duquesa Cayetana, a la que estuvo vinculado Goya. Y Bonilla, que aún mantiene su castillo y catedral, presidiendo una recogida plaza porticada, típicamente castellana, fue lugar de veraneo del obispo y escritor conocido como El Tostado (ver reportaje sobre la zona en este mismo periódico al hablar de catedrales). En Bonilla pasaron sus veranos, y buscaron refugio reyes como Enrique II, Isabel la Católica, Fray Hernando de Talavera, y otros caballeros de Castilla.

De seguir así, sus preciosos y verdes valles, surcados por pequeños ríos coronados de altos árboles donde anidan las aves, sus almiares vigilando el pastar de las vacas, sus rediles, cercas, el tomillo, la jara, y el romero, el saúco y los cereales... y hasta las milenarias cañadas romanas, y los altares prehistóricos, desaparecerán. Desaparecerá nuestra historia. Será el exterminio total.