"La Ley de Memoria Histórica es una ley de punto final, un cálculo político"

ISABEL G. CABALLERO
Coordinador del Archivo Digital de la Guerra Civil Española y de la Dictadura Franquista (el mayor que se conoce en el mundo) de la Universidad de California, San Diego, el profesor de Literatura Luis Martín-Cabrera cuenta lo que ha supuesto este proyecto que incluye 124 testimonios orales de víctimas del franquismo. Asegura que se ha emocionado con algunas de estas entrevistas: "Es imposible escuchar estas historias sin que se te mueva algo dentro", dice.
| 22 Noviembre 2010 - 03:28 h.
NUEVATRIBUNA.ES 21.11.2010

Nuevatribuna.es: Su principal tarea ha sido adaptar tecnológicamente el archivo inicial de la colección de Herbert Southword aportando testimonios audiovisuales para que puedan estar disponibles en Internet. Cuéntenos cómo es esa colección privada y qué documento histórico recopilado por este historiador resaltaría.

Luis Martín-Cabrera: Bueno, en primer lugar, la colección es ahora pública, pertenece a una universidad pública la Universidad de California, San Diego (UCSD). En su momento, era la colección privada del periodista e historiador Herbert Southword. Fue el historiador y profesor de esta misma universidad Gabriel Jackson quien convenció a Southword de que donara los materiales a la biblioteca y, a partir de ese momento, la colección ha ido adquiriendo nuevos materiales para complementar la donación inicial. Tal vez resulte muy exótico que la Universidad de California, San Diego tenga esta colección, pero lo cierto es que UCSD tiene una conexión histórica muy fuerte con España. Carlos Blanco Aguinaga, profesor de literatura e hijo de exiliados vascos es profesor emérito del departamento de Literatura y también fueron profesores aquí Claudio Guillén, hijo del poeta Jorge Guillén y Diego Catalán, uno de los grandes expertos en el romancero español. Ramón J. Sender, autor del Réquiem por un campesino español fue profesor también de nuestra vecina Universidad San Diego State University. Tiene sentido que eligieran este lugar, al fin y al cabo la región San Diego/Tijuana es el lugar donde el Norte se junta y choca con el sur.

En una colección tan grande es difícil elegir un documento específico, si tuviera que resaltar algo, resaltaría la colección de panfletos del Partido Comunista Español durante la defensa de Madrid. los panfletos son a veces de una cuartilla o más pequeños y contienen desde arengas políticas a instrucciones específicas para proteger a la población civil de los bombardeos de la aviación franquista y sus aliados fascistas. En conjunto, estos panfletos son un testimonio a la valentía y el coraje político del PCE durante la guerra. Aprovecho para decir que hay en estos panfletos una tesis de historia cultural esperando a que alguien quiera emprender esta tarea.

N.T: ¿Qué grado de conocimiento tiene la opinión pública norteamericana de la Guerra Civil española?

L.M.C: Estados Unidos es un país muy heterogéneo y con un acceso profundamente desigual a la cultura y la educación por culpa del racismo y el clasismo estructurales. En círculos universitarios yo diría que hay un conocimiento más o menos general de la Guerra Civil y una conciencia clara de la brutalidad de la represión franquista. Esto es así porque casi todos los departamentos de español y de historia contemporánea ofrecen cursos sobre la Guerra Civil (cosa por cierto que no pasa en España). En círculos políticos comprometidos, que los hay, hay una gran admiración por el anarquismo español durante la guerra, en parte impulsada, por figuras como Noam Chomsky y un gran desconocimiento del papel del Partido Comunista Español, en parte por la guerra fría. Al mismo tiempo, gracias a los veteranos de la Abraham Lincoln Brigade, a películas como The Good Fight o a escritores como los afroamericanos Langston Hughes o Paul Robertson, hay una admiración muy profunda hacia la lucha del pueblo español contra el fascismo y una conciencia clara de que fue el único pueblo que se resistió activamente el avance del fascismo en Europa.

La población civil en general, sobre todo las personas sin acceso a la educación superior y la cultura, casi nunca han oído hablar de la Guerra Civil. Hace un par de años un grupo de estudiantes de mi clase de la Guerra Civil hizo un pequeño documental entrevistando a profesores y estudiantes de enseñanza media, la Guerra Civil figuraba en el currículo como una nota a pie de página que nunca cubrían. Fue el año además que salió El Laberinto del Fauno pero ninguno de los estudiantes ni de los profesores relacionaba la película con los sucesos históricos que narra. Creo que este desconocimiento es en buena medida impuesto, porque el apoyo tácito primero y explícito más tarde de los Estados Unidos a Franco rompe con la narrativa maestra de la II Guerra Mundial como la guerra buena dónde los norteamericanos derrotaron al fascismo. Si los Estados Unidos estaban contra el fascismo ¿por qué apoyaron rápidamente a un dictador con vínculos tan claros con Hitler y Mussolini?

N.T: ¿Qué objetivos se planteó cuando le hicieron la propuesta? ¿Con qué problemas se encontró?

L.M.C: Los objetivos eran limitados, ya sabíamos que llegábamos tarde y que muchas personas no podrían ser entrevistadas porque fallecieron en el más absoluto abandono. La verdad es que me parece increíble retrospectivamente que a nadie se le haya ocurrido hacer esto, si no en el año 75, al menos si en los 80 con un gobierno socialdemócrata en el poder. El gran desafío era encontrar financiación privada, el dinero público que recibimos siempre fue concebido como un puente para conseguir financiación privada, pero en mitad del proceso estalló la crisis y fue imposible encontrar una fundación privada que se adecuara al perfil político del proyecto y que quisiera dar el dinero (no estábamos dispuestos a aceptar tampoco dinero que traicionara el espíritu y la identidad de los entrevistados).

Pero más allá de eso, el problema es que en Estados Unidos y en España, aunque en menor medida, la universidad abdica de su función pública y esto tiene consecuencias desastrosas. Hay proyectos que, como este, que jamás van a ser financiados con dinero privado. ¿A qué filántropo le interesan estas historias de luchadores anti-fascistas, de anarquistas, de comunistas, de testigos de violencia extrema? El discurso hegemónico de los derechos humanos quiere VICTIMAS pasivas, vida abstracta, una condena general de la violencia sin pensar en las consecuencias políticas que tiene ahora ni en los culpables, les interesa una aproximación utilitaria a la memoria para solidificar la reconciliación por encima de la justicia y por encima de la necesidad imperante de remover conciencias y hacer preguntas incómodas.

N.T: De las grabaciones que se han hecho, ¿qué testimonio o testimonios se te han quedado grabados en su retina?, ¿cuál ha sido el perfil de los entrevistados?

L.M.C: Para mí fue impactante una entrevista que hicimos este verano en Santa Coloma de Gramenet a Antonio Nieto (todavía no está en la página web), militante del FRAP (Frente Revolucionario Antifascista y Patriótico). Antonio creció en San Fernando, Cádiz, su padre fue militante comunista, después de la Guerra Civil vivían, como muchos otros en Andalucía, en la pobreza más extrema. Las autoridades franquistas decidieron en los años cuarenta retirarle la custodia de los hijos a los padres y mandarles a un hogar de Auxilio Social para reeducarles en los valores del franquismo, en este hogar Antonio fue abusado por uno de los curas. Cuando sale del hospicio se alista en el ejército, en la marina. Tras el servicio militar, abandona el ejército y se pone a trabajar de soldador en un taller de Barcelona, allí oyendo por las noches Radio Tirana desde Albania, empieza a politizarse cada vez más hasta que entra en el FRAP. Si no recuerdo mal, es detenido mientras planeaba con su célula tirar unos cócteles molotov durante una visita de Carrero Blanco a la ciudad. En Via Laietana lo torturan brutalmente y de ahí empieza a pasar por casi todas las cárceles del Franquismo, La Modelo en Barcelona, el Penal de Burgos etc. Cuando terminamos la entrevista era muy difícil marcharse. Antonio, como muchas otras personas que hemos entrevistado, fue extremadamente generoso y nos invitó a comer. Para mí, y él me lo confirmó después, era como si nos conociéramos de toda la vida. La lección que extraemos de estas experiencias es que la poca democracia que hay en España no se la debemos a Suárez o al Rey, sino a los miles de militantes como Antonio que lo dieron todo para tumbar a la dictadura y hoy están completamente olvidados.

Otro testimonio que fue muy impactante fue el de Felicidad García Bienzobas. Emilio Silva, Presidente de la ARMH, me había insistido mucho en que fuera yo quien entrevistara a Felicidad, porque era de Candelario, un pueblo cerca del mío, Béjar, en la provincia de Salamanca. Yo, con los líos de la coordinación me olvidé un poco del asunto, pero uno de los fines de semana que fui a visitar a mi familia a Béjar no me podía quitar el nombre Bienzobas de la cabeza y no sabía por qué hasta que llegué a Madrid y miré la agenda. Felicidad fue detenida en Candelario al principio de la guerra, su padre y su tío eran miembros del Partido Comunista en Salamanca y, por eso, toda la familia fue detenida por la Falange de Béjar y trasladados al Palacio Ducal donde fueron interrogados y torturados. A Felicidad, que no tenía más de 14 años, la acusaron de haberse vestido de de la II República y de llevar las uñas pintadas de rojo (¡Cómo si el color de las uñas tuviera algo que ver con la ideología!). Felicidad vio como torturaban a su padre en ese Palacio Ducal que después se transformó en el Instituto de Enseñanza Media, dónde yo curse mis estudios y dónde, por cierto, no hay ni una mísera placa que reconozca que eso fue un centro de tortura. Sin caer en el discurso emotivo fácil, debo decir que cuando llegué a casa me eché a llorar desconsoladamente. Es imposible escuchar estas historias sin que se te mueva algo dentro, todos los miembros del equipo tuvimos algún momento así. Creo que la sociedad española debe dejar de gritar y empezar a escuchar a estas personas, se darían cuenta de lo absurdas que son la mayoría de las cosas que dicen.

N.T: ¿Qué valor tiene este archivo cara a generaciones futuras?

L.M.C: Creo que es importantísimo y lo puedo resumir tal vez con una anécdota de una estudiante salvadoreña, Cristina González, que en una sesión muy emotiva en la biblioteca explicó su experiencia trabajando con los testimonios. Cristina dijo que había leído muchos libros de la Guerra Civil en clase (novelas, monografías de historia, etc.), pero no había entendido realmente lo que había pasado hasta no ver los testimonios, porque “los libros ni lloran ni te enseñan a luchar con dignidad”. Creo que el archivo es una lección de humildad para cualquier docente, porque te das cuenta de que hay muchas cosas que no puedes transmitir en la clase o con una lectura, que los entrevistados son portadores de un conocimiento histórico único. Por eso, creo que lo que está en juego no es sólo, y no sería poco, recordar una historia olvidada, sino que los testimonios hacen que los estudiantes jóvenes puedan empezar a imaginarse otro modelo de sociedad, otro modelo económico, otro futuro afuera de los estrechos márgenes de nuestras democracias capitalistas occidentales. He visto a muchos estudiantes muy jóvenes, sentirse engañados después de trabajar con los testimonios, cambiar de carrera y de orientación política al entender que lo que les habían contado que era la democracia es simple y llanamente una mentira. Y quiero insistir en esto, hay mucha gente dentro del movimiento memorialista que piensa que todas estas iniciativas tienen por objeto ampliar y mejorar la democracia liberal que tenemos. Mis estudiantes me han probado muchas veces que esa no es la única lectura que se puede hacer. No porque no sean demócratas sino porque se dan cuenta de que la democracia de 1931, “una república de trabajadores libres de toda clase” está a años luz de la democracia constitucional monárquico capitalista que tenemos. La memoria para ellos desestructura y rompe este consenso, apunta hacia otros futuros posibles y otros modelos de sociedad.

N.T: Con el trabajo realizado hasta ahora, el proyecto ¿queda definitivamente terminado o está abierto a nuevas aportaciones?

L.M.C: Jamás podremos terminar porque faltan muchos nombres, todos los que ya nos han dejado sin poder contar su historia y sin ningún reconocimiento. Cada vez va quedando menos gente, pero sería posible continuar, si alguien está dispuesto a colaborar con nosotros a financiar una ronda más de entrevistas, estamos dispuestos a seguir. Estaría bien, por ejemplo poder ir a México y entrevistar a alguno de los brigadistas de la Lincoln aquí en Estados Unidos. Sigo recibiendo emails de gente que quiere donar sus testimonios y no podemos atender, porque la universidad ha dado por terminado el proyecto.

De ahora en adelante trataremos de sacar proyectos pedagógicos, videos más cortos y otras iniciativas similares para difundir y divulgar estas historias. Ahora mismo, estamos colaborando con Joan Garcés y Fernando Magán en una demanda que están tratando de llevar a la Corte Europea de Derechos Humanos. Ya hicimos un video para ellos y estamos trabajando en otros materiales que apoyen la demanda. Estamos aquí para ayudar y servir al público en general y al movimiento memorialista en particular, para eso seguimos siendo una universidad pública, al menos de nombre y en espíritu.

N.T: Resulta sorprendente que la universidad pública española no haya llevado a cabo una iniciativa similar (falta de recursos, dicen). ¿O falta de interés?

L.M.C: Yo creo que se trata claramente de falta de interés y de miedo a pagar el precio político que suponga emprender una iniciativa de este tipo. Si yo recuerdo bien lo que me contaron Emilio Silva y Ariel Jérez es que en la Complutense fueron los decanos y el rectorado quienes echaron abajo el proyecto. Tuvimos también algunos contactos con la Carlos III que tampoco prosperaron. En España se ha gastado un montón de dinero en vinos de honor, conferencias universitarias y volúmenes académicos que, pudiendo ser importantes, sirven sobre todo para que el profesor de turno haga progresar su carrera académica (entre paréntesis ninguno de los estudiantes ni yo hemos utilizado este proyecto para medrar académicamente) o para que el político de turno convenza a su electorado de que está haciendo algo por la memoria histórica. En lugar de gastar para que parezca que se está haciendo algo habría que haber invertido en un mapa general de fosas, una oficina de atención a los familiares que facilitara el acceso a los archivos, el procesamiento de demandas legales cuando hubiera lugar, un archivo nacional de testimonios y, sobre todo, haber impulsado decisivamente la apertura de fosas.

N.T: Supongo además que el hecho de que haya sido una Universidad norteamericana le da una dimensión internacional a la Guerra Civil y la Dictadura en España poniendo en conocimiento de la opinión pública mundial la visión de lo que pasó desde la óptica de los ‘vencidos’.

L.M.C: Como dije antes, creo que la Guerra Civil siempre tuvo una dimensión internacional clara. Por supuesto que hemos utilizado a nuestro favor el prestigio de la Universidad de California. Este prestigio contribuye a difundir las historias de los “vencidos” apoyándose en las nuevas tecnologías. A los medios les gusta enfatizar este aspecto, es verdad que con este tema han sido casi siempre los historiadores y las universidades extranjeras los que han venido a sacarnos las castañas del fuego. Pero tampoco hay que mitificar ni a los Estados Unidos ni a la Universidad de California. Han apoyado el proyecto porque creen que es una memoria que no les atañe. Si el proyecto tratara de recopilar testimonios de las personas que sufrieron la violencia política de los supremacistas blancos en California tendrían muchos más problemas. Tal y como documenta un importante libro de Mike Davis y Justin Ackers Chacón, No one is Illegal, desde principios del siglo pasado distintos grupos paramilitares, apoyados por una coalición de políticos y empresarios, han dirigido su violencia exterminadora sobre agricultores latinos, trabajadores filipinos y afroamericanos, líderes sindicales, comunistas y socialistas y en general todos aquellos que trataron de oponerse a sus privilegios e intereses económicos. Esta historia sería mucho más incómoda, tal vez una Universidad española quiera animarse a documentarla. Lo digo para provocar, pero también para mostrar que no es una cuestión sólo de naciones o instituciones, sino de estar o no estar con los de abajo, con los explotados y los oprimidos y buscar estratégicamente desde dónde y cómo pelear.

N.T: ¿Cree que la Ley de Memoria Histórica de 2007 no es suficiente tal y como denuncia el colectivo memorialista?

L.M.C: Creo que el colectivo memorialista tiene toda la razón. La Ley de la Memoria Histórica es un reconocimiento simbólico a los vencidos, pero es sobre todo una ley de punto final para poder pasar página y no ocuparse nunca más del asunto, un cálculo político. ¿Por qué? En primer lugar porque el preámbulo de la ley glorifica, una vez más, la transición a la democracia como un proceso modélico. ¿Cómo va ser modélico un proceso político que consolidó el olvido y la impunidad de un genocidio político? ¿Cómo va a ser modélico un proceso que dejó miles de muertos en las cunetas y a miles de españoles en el más absoluto desamparo legal? Que en aquel momento la izquierda aceptase la ley de amnistía de 1977, el rey y muchas otras cosas no significa que hoy no se pueda abrir un proceso de reflexión sosegado sobre las cosas que se hicieron mal. Si el Estado continúa identificándose con un proceso conducido por las elites del aparato político del franquismo para consolidarse en el poder, eso sólo puede significar que continúan apegados al régimen que heredaron.

Segundo, la ley sigue sin anular efectivamente los juicios sumarios y las condenas pseudolegales del franquismo, aduciendo que tal cosa pone en peligro la seguridad jurídica del Estado. No entiendo qué pueda significar preservar la seguridad jurídica del Estado si no es preservar el aparato jurídico del Estado franquista. La negativa a anular clara y rotundamente estas condenas es una injusticia perpetuada en el tiempo que tiene consecuencias muy serias. Como denunciaba hace poco el poeta Marcos Ana el Estado sigue sin anular, por ejemplo, la condena a muerte del poeta comunista Miguel Hernández. En lugar de anular la condena el Ministerio pretendía entregarle a la familia un certificado honorífico. Esto es una vergüenza, no necesitamos diplomas de honor y dignidad, porque nunca perdimos ni el honor ni la dignidad, necesitamos justicia. La impunidad tiene además consecuencias económicas. Este verano, durante una de las entrevistas con Carles Vallejo, Presidente del Memorial de los obreros de la SEAT, me contaba que uno de los problemas que surgen ahora con los compañeros y compañeras represaliados y encarcelados es que tienen que trabajar más años y reciben una pensión más pequeña porque no cotizaron durante los años que estuvieron encarcelados o exiliados. Se pueden seguir enumerando consecuencias.

Y Tercero, muy en línea con los tiempos que corren, la ley de memoria ha privatizado de facto la exhumación de fosas comunes y el duelo. En lugar de hacerse cargo directamente o de coordinar y financiar los esfuerzos que ya existían en la sociedad civil, creando, por ejemplo, un protocolo de exhumaciones, el Estado se ha dedicado a subcontratar a las asociaciones de memoria para que lleven a cabo este trabajo. Usted quiere desenterrar un abuelo rojo, muy bien pida una subvención al Ministerio de la Presidencia mediante una asociación y usted se encarga de buscarlo, desenterrarlo y devolvérselo a los familiares y aquí paz y después gloria. Que se sigan desenterrando fosas gracias al esfuerzo voluntario de asociaciones y arqueólogos forenses sin ninguna presencia de jueces o autoridades estatales es una vergüenza. Cuando se lo explico a mis estudiantes les digo, imagínense que jugando al fútbol en ese campo de ahí aparece un hueso y una fosa común, ¿ustedes se imaginan que empezáramos a desenterrar la fosa entre estudiantes voluntarios y un arqueólogo forense de la universidad sin que venga la policía, sin que se levante un acta, sin que se investigue quiénes son las personas que están ahí y quién las asesinó? ¡Esto sí que pone en peligro la seguridad jurídica de un país!

N.T: ¿Qué le parece el proceso contra el juez Baltasar Garzón por intentar investigar los crímenes del franquismo?

L.M.C: Pues más de lo mismo, otro paso más en la dirección de la consolidación de la impunidad y el olvido, y conste que no soy fan del Juez Garzón, cuyas actuaciones en el País Vasco, por ejemplo, me parecen más que cuestionables. Hagamos un ejercicio comparativo, en Chile hay aproximadamente 3.000 desaparecidos, en Argentina hay 30.000. En España, según el documento que las asociaciones memorialísticas entregaron a Garzón, hay unos 114.000 desaparecidos. En estos dos países ha habido comisiones de verdad y hay juicios abiertos contra los responsables de la represión y la desaparición. En el caso de España no sólo no se han emprendido ninguna de estas medidas, sino que además al único juez que ha tratado de abrir un tímido proceso legal, se le ha expulsado de la judicatura. ¿Qué significa esto? Pues que los vencedores de la guerra siguen imponiéndonos su victoria, su justicia y su modelo de sociedad. Me podía imaginar, supongo que incluso Garzón podía, que el proceso no iba a prosperar, lo que no me imaginaba de ninguna manera es que Manos Limpias se saliera con la suya.

En este sentido cabe decir, que pese a nuestro complejo de superioridad y nuestra costumbre de ir dando lecciones de democracia por América Latina, todavía estamos a años luz de países como Argentina y, en menor medida, de Chile. Por otro lado, creo que hay demasiado énfasis mediático en la figura de Garzón; que un juez con su perfil haya sido disciplinado y expulsado de la judicatura es gravísimo, pero mucho más grave aún es que haya miles de familias que no sepan dónde están enterrados sus familiares, estos son los verdaderos protagonistas de una situación de desamparo legal que se sigue perpetuando en el tiempo. La desaparición forzada, el robo de niños y el genocidio (es claro en los documentos de Franco que se trataba de extirpar el “cáncer marxista”) no prescriben ni pueden ser amnistiados. Los mismos jueces de la Audiencia Nacional y del Tribunal Superior que hoy se oponen a juzgar los crímenes contra el franquismo en España no tenían ningún problema con estos argumentos legales cuando se trataba de Pinochet. España está vulnerando la legislación internacional en materia de derechos humanos y no hay ley de punto final que les pueda eximir de esta responsabilidad. Igual que Miguel de Unamuno le dijo a Millán Astray hace más de setenta años, hoy le podemos decir a Varela: vencerán, pero no convencerán, porque ni la ley ni la razón están de su lado, lo único que tienen es la fuerza bruta de un aparato legal heredado del franquismo.

N.T: ¿Cuáles son a su juicio las asignaturas pendientes?

L.M.C: Todas las que he ido diciendo antes. Mapa de fosas, apoyo claro y decidido a las exhumaciones, reapertura de los procesos legales, anulación de la sentencia contra Garzón, anulación de las condenas del franquismo, apertura completa de los archivos militares, incautación de los archivos de la Fundación Francisco Franco y cierre de la misma, desarrollo integral de un currículum crítico que explique la Guerra Civil y el franquismo en colegios, Institutos y universidades. Y puestos a pedir cosas imposibles, sacar a Franco y a José Antonio del Valle de los Caídos y, como propone Sánchez Albornoz, entregárselos a sus familias para que los entierren cristianamente o como les plazca. Mientras Franco siga enterrado en el Valle de los Caídos, el pasado ominoso de la dictadura, sigue encriptado en el corazón de la sociedad española, la ley del padre se sigue cumpliendo. España necesita transformar estos lugares en lugares de memoria, como se ha hecho en Argentina con la ESMA (Escuela de Mecánica de la Armada) o en Chile con el centro de torturas Villa Grimaldi. El Valle de los caídos fue un campo de concentración y eso debería quedar marcado, en lugar de sólo prohibir que levanten la mano los falangistas en el recinto. Por el camino de la expropiación de los lugares de la represión la antigua Dirección de Seguridad de la Puerta del Sol, donde miles de militantes antifranquistas fueron torturados, como Julián Grimau, y muchos otros murieron de las torturas, debería ser también un centro para las asociaciones de presos políticos, un lugar desde donde enseñar esta historia de manera crítica en lugar de ocultarla y repetirla. Es muy probable que todos estos cambios sólo sucedan si hay una revolución, pero no hay razón para pensar que las políticas de la memoria no puedan conducir a cambios estructurales profundos que permitan vivir en una sociedad más justa y más igualitaria.

Al finalizar esta entrevista, Luis Martín-Cabrera, ha querido hacer un reconocimiento a algunas de las personas que han colaborado en el proyecto, entre ellas el investigador de la UCSD Scott Boehm y Omar Pimienta. Especial atención presta a algunas de las mujeres que han trabajado con él y que “no reciben ningún reconocimiento público por la cantidad ingente de horas que han dedicado al proyecto”, lamenta. Entre ellas cita a las mexicanas Jessica Córdova, Viviana Macmanus, Elize Mazadiego y Marcella Vargas; y a Andrea Davis y Jodi Eisenberg, de origen judío.

“Teníamos ya una deuda impagable con el México de Cárdenas y hoy otra vez seguimos teniendo que agradecerle a todos estos estudiantes que en principio no tenían nada que ver con España su entrega y su solidaridad con la memoria republicana, es algo que me conmueve y me hace sentirme orgulloso, sin paternalismos, de haber empujado este proyecto durante los últimos cuatro años”, concluye.
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