CAMBIOS EN EL TABLERO REGIONAL

Yemen: el fin de la danza sobre la cabeza de las serpientes

Hay pocos asuntos del panorama internacional que revistan una enorme gravedad y merezcan tan poca atención como el de Yemen.

Foto: Amnistía Internacional
Foto: Amnistía Internacional

La ONU considera Yemen como un caso claro de catástrofe humanitaria. Sin paliativos

Ese país, al que los romanos denominaron la “Arabia Félix”, por el regalo que suponía ser bendecido por las aguas suaves del Mar Rojo en contraposición a la aridez inclemente que se extendía más al norte, se encuentre sumido en una pavorosa guerra interna (incivil) de sectas, facciones, ambiciones personales y potencias regionales apoyadas por la complicidad y/o la pasividad occidental.

La ONU considera Yemen como un caso claro de catástrofe humanitaria. Sin paliativos. Las causas de la crisis se remontan a varias décadas atrás. Pero pueden rastrearse con claridad las responsabilidades con sólo remontarnos a 2011, cuando se desata la mal llamada primavera árabe, en 2011.

MÁS QUE PRIMAVERA, ESPEJISMO

Aquella revuelta, justificada pero ambigua, espontánea en su origen pero manipulada inmediatamente desde dentro y desde fuera, le costó el cargo al entonces Presidente Ali Abdallah Saleh, un autócrata más de los que hacían y deshacían a su antojo en la región, con el aprovechamiento personal, familiar y tribal como único objetivo claro de su mandato. Occidente se había acomodado a este jerifalte por la única y sencilla razón de ofrecerse como correa de transmisión de la estrategia antierrorista.

El patrón de Saleh era el vecino poderoso saudí. Al percatarse de que la suerte de su protegido estaba echada, se optó rápidamente por un recambio, en la persona de un hombre más limpio, menos gastado, Abed Rabbo Mansur Hadi.

El depuesto líder no se conformó fácilmente. Cualquier cosa le podía valer para pagar caro su destino. El desorden del momento propició una revuelta de una minoría de orientación shií en el sur del país conocidos como los houthies, apoyados por Irán.

Saleh había reprimido a modo a los houthies durante años, como enemigos sectarios que eran, frente a la hegemonía sunni que él encabezaba hasta 2011. Pero, bajo el principio de que los enemigos (tradicionales) de mis (recientes) se pueden convertir en mis amigos (convenientes), el tornadizo líder en desgracia apañó una alianza con los houthies.

Con la excusa de la interferencia iraní, los saudíes y algunos de sus aliados del Golfo participaron activa y masivamente en la guerra para favorecer a su nuevo protegido, Hadi. Lo que vino después fue una guerra horrible, que ha martirizado a la población, destruido casi toda la infraestructura del país e hipotecado su futuro.

A pesar de los impresionantes recursos y los nulos escrúpulos demostrados, la Casa Saud ha sido incapaz de doblegar la resistencia houthi. Obama prestó ayuda de inteligencia, logística y armamentista a Ryad, aunque la ineficacia y la brutalidad de la campaña militar le generó muchas dudas.

CAMBIOS EN EL TABLERO REGIONAL

Trump no se ha andado con tantas dudas. De inmediato le dio un cheque en blanco a la petromonarquía, convertidos en amigos íntimos por obra y gracia de su primera, extravagante e inconsistente gira por Oriente Medio. Restaurada una alianza muy deteriorada tras el acuerdo nuclear con Iran, la carta saudí se ha convertido en uno de los principales pilares de la improvisada y errática visión exterior de la Casa Blanca. Trump ha puesto a su yerno al timón de una diplomacia desnortada y desmoralizada, en detrimento del propio secretario de Estado, el petrolero Tillerson, a quien todo el mundo da por acabado antes de Navidad o en el primer aniversario de la inauguración del presidente, a finales de enero.

Estos días, el presidente palestino, Mahmud Abbas (otro zombi de los muchos que habitan en la región) se ha escandalizado al comprobar que los saudíes están dispuestos a lanzar una iniciativa diplomática que favorece los intereses israelíes hasta un extremo que nunca habían osado llegar en cualquier capital árabe desde hace 7 años. El eje Washington-Tel Aviv-Ryad está en el horno.

El trasfondo de este reordenamiento estratégico tiene mucho que ver con lo que se percibe como “avances de Irán” en la región. No en vano, la República islámica ha conseguido un corredor de aliados que le asegura acceso al Mediterráneo mediante su influencia creciente en Irak, Siria y Libano (a través de Hezbollah).

Consciente de estos movimientos y de la fortaleza que sus aliados temporales houthies han ido adquiriendo estos años, bajo una protección distante y difusa de los ayatollahs iraníes, el malogrado Saleh consideró llegado el momento de cambiarse de nuevo de lado el fusil. Gajes del oficio de maniobrero. En una ocasión dijo que su tarea política consistía en “danzar sobre la cabeza de las serpientes”. O sea, en roman paladino, pasar de un bando a otro al ritmo de la percepción de sus intereses.

Pero como ese juego es siempre incierto y muchas veces peligroso, algunas de esas serpientes se han revuelto contra el que pretendía jugar con ellas y le ha mordido mortalmente. El pasado lunes, los houthies, que no le habían condonado la pena de muerte dictada contra él hace años, aunque la hubieran aplazado en beneficio de unas ventajas temporales, se han cobrado la venganza. De esta forma, los houthies golpean antes de ser traicionados de nuevo. O mejor dicho, nada más ser traicionados de nuevo, porque el giro de Saleh era ya más que claro (4).

Los saudíes aprovecharán este ajuste de cuentas para intentar estrechar el cerco. Lo que significa más sufrimiento de la población, entre los ignorantes tuits del inquilino de la Casa Blanca.


NOTAS:

(1) “How humanitarian crisis began, and how to end it”. ORKABY. FOREIGN AFFAIRS, 23 de noviembre.
(2) “The Human Toll of a unending War”. FAITE. FOREIGN POLICY, 22 de julio.
(3) “Talk of a peace plan that snunbs palestinians roils Middle East”. THE NEW YORK TIMES, 3 de diciembre.
(4) “The death of Yemen’s strongman sets the stage for even more caos”. ISHAAN THAROOR. THE WASHINGTON POST, 5 de diciembre.