MARRUECOS RENUEVA HOY SU PARLAMENTO

Marruecos: Unas elecciones para reorientar las reformas

Una veintena de formaciones políticas se presentan con aspiraciones de representación, pero dos son las llamadas a disputarse el triunfo y, lo que es más importante, la capacidad de gobernar.

La verdadera opción de cambio social y político y de renovación ideológica e incluso generacional la abandera una coalición denominada Federación de la Izquierda Democrática, que aglutina, entre otros, al Partido Socialista Unificado y a las fuerzas que alumbraron el Movimiento 20 de febrero, la expresión marroquí de la primavera árabe de 2011

Marruecos, nuestro vecino del sur, renueva hoy su Parlamento. Una veintena de formaciones políticas se presentan con aspiraciones de representación, pero dos son las llamadas a disputarse el triunfo y, lo que es más importante, la capacidad de gobernar.

La primera y favorita es el Partido de la Justicia y el Desarrollo, de orientación islamista moderada, actualmente en el gobierno, con una relación de aceptable colaboración con el Trono y una fuerte implantación social.

El principal aspirante a protagonizar el cambio es el Partido de la Autenticidad y la Modernidad, compuesto por personalidades de distintas extracciones políticas e ideológicas. Impulsado hace cuatro años, por un amigo íntimo del Rey y hoy su más próximo consejero Fuad Ali Al-Himma, se le percibe como el partido de la Corona.

A una distancia considerable en expectativa de voto aparecen otras formaciones que podrían ser muy necesarias para componer una inevitable coalición de gobierno. La más importante de estas fuerzas secundarias es el histórico Istiqlal, nacionalista. Comparte con los islamistas una visión social conservadora, pero su experiencia de cohabitación en el gobierno saliente ha sido difícil y tormentosa y se resolvió en la ruptura. Los puentes pueden rehacerse, pero la confianza entre ambos está bajo mínimos.  

UN JUEGO DE IMPOSTURAS

La pugna entre los islamistas del PJD y los liberales del PMA refleja la colección de imposturas tradicionales en la política marroquí. Cada bando acusa al otro de ser algo diferente de lo que proyecta y ambos tienen parte de razón, pero ocultan intencionadamente su verdadera identidad (1).

EL PJD no son es tan independiente del único poder real en Marruecos (que es la Corona, asistida de los principales aparatos del Estado) como ellos pretenden, ya que su carismático líder y primer ministro, Abdelilah Benkirane, se ha adaptado, sin mucha resistencia, al peculiar modelo de monarquía sintética, tradicionalista y modernizadora a la vez, anclada siempre en papel dual del trono, político y religioso: el Rey es el Amir Al-Muminin, o Comendador de los creyentes, de los fieles, de la población entera. Los islamistas se ha desmarcado por completo de la experiencia de los Hermanos Musulmanes egipcios y, por supuesto, se presenta como bastión frente al extremismo yihadista, pese a que algunos los acusan de doble juego o de ambiguedad.

Los liberales eclécticos, que se reclaman de la autenticidad y la modernidad, quizás no sean marionetas del Trono, o simples instrumentos del tahakoum, término que puede traducirse como Estado profundo, como aseguran sus rivales islamistas, pero sus vínculos con el poder real son innegables e inocultables. Su líder actual es Ilyas el-Omari, un rifeño procedente de la izquierda que se ha ido centrando, tanto ideológica como institucionalmente, para convertirse en verdadera opción de gobierno. Ahora exhibe un progresismo laico muy militante, que le lleva a exageraciones como proclamar que "el PJD no defiende Marruecos sino el Califato" (2). Niega Omari la complicidad con el poder, que le imputan sus adversarios islamistas pero también la izquierda renovadora. Que el ministerio del interior haya negado cualquier intento de propiciar la alternancia política, lejos de convencer a analistas y ciudadanos comunes, ha alentado justo lo contrario.

El Parlamento contará con 395 diputados. Tras la revuelta de 2011, Mohamed VI introdujo cambios constitucionales en virtud de los cuales el primer candidato a formar gobierno debe ser el líder de la formación más votada. Pero la atomización del paisaje político marroquí empuja ineludiblemente a entablar coaliciones, una operación muy complicada y azarosa.

En la actualidad, el PJD cuenta con 107 diputados, pero aspira a mejorar su representación, hasta los 115, según uno de sus portavoces. Con esa fuerza parlamentaria puede encabezar una coalición medianamente estable, atrayendo de nuevo al Istiqlal y a otras pequeñas formaciones más o menos instrumentalizadas por la Corona.

El PAM proclama que es opción de gobierno y airea sus buenos resultados en las elecciones municipales del año pasado. Logró imponerse en cuatro de los diez departamentos y cuenta con sólidas posiciones en algunos municipios grandes. Pero los islamistas, pese a su discreto balance en el terreno económico (escaso crecimiento de apenas un 1,5% en estos cuatro años) y los claroscuros en otra de sus políticas preferentes, la lucha contra la corrupción, mantienen un nivel aceptable de popularidad.

El otro asunto que concita gran interés social y político es el rol social de la mujer. La reforma del moudawana o código de familia ha sido muy modesto. El PAM se presenta como una fuerza modernizadora, si no feminista, comprometida claramente con la superación de viejos y muy tradicionales principales, que limitan los derechos de las mujeres y bloquean su proyección social (3).  Los islamistas, más pragmáticos que sus análogos en otros países árabes  camuflan su conservadurismo, y prueba de ello es su posición en el controvertido asunto de las herencias.

LA IZQUIERDA, VERDADERA OPCIÓN DE CAMBIO

La verdadera opción de cambio social y político y de renovación ideológica e incluso generacional la abandera una coalición denominada Federación de la Izquierda Democrática, que aglutina, entre otros, al Partido Socialista Unificado y a las fuerzas que alumbraron el Movimiento 20 de febrero, la expresión marroquí de la primavera árabe de 2011.

El objetivo de esta confluencia en la izquierda no tradicional es hacer de Marruecos una sociedad moderna y respetuosa del papel activo de la mujer, defender los derechos e intereses de las clases populares y avanzar hacia una monarquía plenamente constitucional.

Nabila Mounib es la cabeza de cartel de esa plataforma electoral de la izquierda renovada y la secretaria general del PSU, formación radical que se ha moderado para competir en el panorama político. Doctora y profesora universitaria, de gustos un tanto elitistas, pero muy contundente en sus críticas al régimen, se configura como una dirigente de futuro. En Palacio no la ven con malos ojos desde que consiguió convencer al gobierno sueco de que no reconociera a la República saharaui (4).

La izquierda se dibuja poco a poco en Marruecos como verdadera fuerza de cambio, aunque todavía es débil socialmente. Las movilizaciones de 2011 crearon una dinámica de renovación que luego se debilitó. Ahora parece resurgir, pero su fuerza se reduce a los mayores núcleos urbanos (5).No obstante, la persistencia de los veterano partidos demasiado comprometidos con la absoluta prevalencia de palacio (como los socialistas históricos de la USFP o los antiguos comunistas del Partido para el Progreso y el Socialismo, socio del PJD en el gobierno), o la influencia corporativa de los sindicatos, suponen un obstáculo para un proyecto global de renovación política y transformación social.


(1) "Morocco's Legislative Elections wil test the reform process" SARAH FEUER. THE WASHINGTON INSTITUTE FOR NEAR EAST POLICY, 5 de octubre.
(2) "Dossier. Législatives au Maroc 2016". JEUNE AFRIQUE. http://www.jeuneafrique.com/evenements/legislatives-au-maroc-2016/
(3) "Moroc's Liberal Challengers", ILIA BERMAN. FOREIGN AFFAIRS. 5 de octubre.
(4) "Au Maroc, Nabila Mounib veut incarne un 'troisième voie'". YOUSSEF AIT AKDIM. LE MONDE. 27 de septiembre.

(5) "L'amertume ds militants du 'primtemps marrocaine'".CHARLOTTE BOZONNET LE MONDE, 3 de octubre.