La Leyenda de Yerushaláyim. La última profecía

“Cuando Jesús salió del templo, caminaba y se le acercaron sus discípulos para mostrarle las construcciones del Templo. Pero él les respondió: “¿Veis todo esto? Yo os aseguro: no quedará aquí piedra sobre piedra que no sea derruida”” (Mt. 24, 1-2).

Sin acercarnos a los tiempos de Moisés y la travesía del desierto del pueblo hebreo, apuntalemos en la historia un origen cierto. Todo indica que David, Rey de Judá, la hizo su capital. En tiempos del Rey Salomón tuvo su mayor esplendor.


¿En qué parte del Génesis o del Deuteronomio de La Torá dice Yahvé: Exterminaros los unos a los otros y os llevaré a la Tierra Prometida?

Yerushaláyim ha estado bajo el dominio de los egipcios, asirios, babilonios, persas, macedonios, asmoneos, romanos, bizantinos, árabes, cruzados, mamelucos, otomanos y británicos. Desde 1950 es la capital -no reconocida hasta ahora por la comunidad internacional- del Estado de Israel, aunque su sector oriental está en disputa. Yerushaláyim cuenta con más de 900.000 habitantes, judíos y palestinos.

El fundamento del Estado de Israel es el Judaísmo. Fueron judíos quienes lo fundaron, con una cultura y religión en su Constitución. Conviven, con dificultad, entre musulmanes y cristianos, pero su ejército, su cultura, su religión, son judíos y La Torá, su libro sagrado, a resguardo en las Sinagogas.

A finales de 1947, tras la Segunda Guerra mundial, Europa resolvió de forma vergonzosa la expulsión de los judíos, con el apoyo de EEUU, la coartada de la ONU y los británicos como colaboradores necesarios, ya que eran los responsables de Palestina.

Libros como Éxodo dan cuenta, en forma de epopeya, de la conjura para crear un Estado rectilíneo, al modo de muchos africanos, señalando sus fronteras en un tablero de dibujo. Tras la salida cobarde del último soldado británico de tierras palestinas, comenzaron a formarse nuevas fronteras, entre ruidos de batallas desiguales, apoyos del sionismo mundial y el Imperio yankee garantizando inmunidad. Y así hasta el presente.

Un Estado sobrevenido de manera ilegal -Ha incumplido absolutamente todas las resoluciones de la ONU, que le son desfavorables- que goza de la impunidad y cobertura de EEUU. Todos sus presidentes tienen las manos manchadas de sangre, desde Ben Gurión hasta Benjamín Netanyahu. Múltiples casos de genocidios marcan la historia sangrienta de Oriente Medio. La Zona Zero del terrorismo mundial.  El único Estado del entorno con capacidad NUCLEAR.

Tras más de setenta años de conflictos, de constantes violaciones de los derechos humanos por parte de Israel, hemos llegado a una situación insoportable. Los palestinos viven sitiados, cual campos de concentración, y están sometidos a un lento exterminio, con lapsus de paso ligero. Las intifadas, piedras en trazas balísticas, son respondidas con carros de combate y ráfagas del AK47.

¿Conocían que el agua potable sólo es Patrimonio de los judíos? El pueblo palestino tiene prohibida su extracción.

Hablan de un territorio y dos Estados. Todos mienten. La realidad es aterradora, sólo existe un Estado con capacidad de serlo. Los palestinos viven encerrados entre muros de hormigón y alambres de espino. Al modo Treblinka, pero sín cámara de gas, por ahora…

Pareciera que nos encontrásemos al borde del abismo, pero la realidad nos empuja un paso al frente. En el Imperio, desde hace un año, en la Casa Blanca reside un individuo sacado de los programas frikis de televisiones prime time, tipo GH Vip. Donald Trump le llaman, prototipo de sujeto xenófobo, racista, misógino, machista en grado de abusador de género. Genocida en potencia, delincuente ecológico, acomplejado matón de taberna. Es preciso señalar que este individuo es sionista de última generación y en base a todo ello, acaba de realizar un acto claro de declaración de guerra, de consecuencias aterradoras.

Donald Trump, en nombre de los EEUU, acaba de reconocer, de manera unilateral, a Yerushaláyim como Capital de Estado de Israel.

Las reacciones no se han hecho esperar y los sucesos van adquiriendo tintes de guerra, una más, de consecuencias impredecibles.

Se ha convocado, con carácter de urgencia, el Consejo de Seguridad de la ONU para tratar la declaración del presidente Trump. Llueve sobre mojado. Los americanos harán valer su derecho de veto, que más bien se asemeja al derecho de pernada, así pueden violar y sodomizar la legalidad internacional, con lo que cualquier resolución quedará sin efecto.

El pueblo americano aún permanece en estado catatónico, todavía no han salido de su asombro, ante la evidencia de un presidente incapaz de gobernar para su pueblo. Un incompetente que juega a enviar Tweeters por la mañana, provocando incendios que otros deben apagar por la tarde.

Tengo problemas con la gramática cuando me refiero a este señor. De forma automática mi subconsciente se va a la dramática y la razón entra en pánico

Los estadounidenses deben suspender, paralizar, bloquear, inhabilitar a su presidente, en el menor espacio de tiempo posible. Por lo civil o lo criminal, quise decir: penal. Deben evitar que este sujeto siga manteniendo a su alcance el maletín con los códigos de lanzamiento de misiles. Si es por Impeachment, tras comprobar la connivencia con el Zar Putin I en las elecciones presidenciales pasadas, perfecto. Igual daría que fuese condenado por delito de violencia de género. Cualquier delito es suficiente. Lo fundamental es impedir que este hombre acerque a la humanidad al borde del abismo.

¿En qué parte del Génesis o del Deuteronomio de La Torá dice Yahvé: Exterminaros los unos a los otros y os llevaré a la Tierra Prometida?

¿En cuál azoras del Corán, Alá dice: Exterminaros los unos a los otros y os ofreceré el Paraíso, con 100 mujeres por banda?

¿En cuál Evangelio o lugar del Nuevo Testamento, Dios dice: Exterminaros los unos a los otros y vuestro será el Reino de los cielos?

En Yerushaláyim confluyen las tres religiones monoteístas más importantes de la humanidad. Jamás ha habido tantas muertes y miserias, desde el inicio de los tiempos, como así ha sucedido en nombre de las Religiones.

Si a todo esto se le añade el eje: Donald Trump, el Zar Putin I y el mequetrefe norcoreano, aprendiz de balística nuclear, con tendencia a la estupidez. Se produce la alineación perfecta, la  conjunción causal que conduce a LA ÚLTIMA PROFECÍA.

Megiddo

Armagedón, El Monte Megiddo

Es probable que el del flequillo dorado crea que ARMAGEDON, sólo sea el título de una película efectista y de consumo casero. No es de extrañar, este sujeto se pasa las horas intentando encontrar a España en el mapa del Caribe.

Armagedón, Har Megiddo en hebreo,  aparece reflejado en la Biblia, en el libro del Apocalipsis y en todas las religiones. Nos habla del fin del mundo, del fin de un tiempo presente mediante catástrofes a nivel global, que desembocan en la extinción de la vida en el Planeta. El Monte Megiddo se encuentra al S.O. del Valle de Jezreel, cercano al Mar Muerto.

La Última Profecía nos habla de una batalla en la que Satán, reuniendo de las entrañas de la tierra un ejército de fuego, presentará batalla a Israel y sitiará a Yerushaláyim.  La ciudad amada, como así era conocida, arderá en llamas por toda la eternidad. Nunca más habrá muro para tanto lamento.

Quizás sea llegado el tiempo de repensar la historia, recuperar la razón, aparcar las rivalidades religiosas y cuidar del planeta Tierra, antes de que este sea convertido en el polvo de los mártires.