Los desastres hídricos ya consumados en Asia | II

| 24 Agosto 2012 - 09:54 h.

Arabia Saudí, país multimillonario como consecuencia de sus ingentes recursos petrolíferos, decidió invertir en desarrollar una agricultura propia. Arabia es un país que no llueve y en consecuencia carece de ríos y su paisaje es el desierto. Para desarrollar esta agricultura de regadío, diseñó a partir de inicios de la década de los 80 la extracción del agua de su inmenso acuífero que existe debajo de su territorio.

Invirtieron más de 40.000 millones de dólares en el bombeo, consiguiendo que en diez años poner en regadío un millón de Ha, mayoritariamente para el cultivo de trigo. Al mismo tiempo, se desarrollaba una potente ganadería, por lo que también se empezó a cultivar alfalfa para poder alimentarla. La alfalfa necesita mucha más agua que el trigo.

A través de esta política Arabia consiguió su independencia alimentaria y recolectó 2.700.000 toneladas de trigo en el año 2005. El problema surge porque los acuíferos de Arabia son de aguas fósiles, es decir, que nunca se renuevan. En consecuencia, en los últimos treinta años, sus acuíferos ya han perdido el 60% de sus aguas.

Sin embargo, son conscientes del desastre ecológico que ha provocado. En el año 2008, Arabia decide reducir en un 12,5% su producción de cereal y cada año la va descendiendo. Ante este fracaso que ha provocado en sus acuíferos, ha decidido cambiar de planes y así ha planteado la compra de tierras en otros países, que le garanticen la alimentación de su población, apoyándose en su poderío económico.

Ya en la década de  los 60 y 70, tanto Arabia como los países del Golfo, financiaron multitud de obras hidráulicas en Sudán, con el objetivo de convertir el país en el granero del mundo árabe. Sin embargo, esto ha sido un fracaso, porque este regadío provoca serios problemas de degradación y salinización del suelo, además ha provocado una fuerte contaminación de sus tierras.

Ha destinado más de 5.000 millones de dólares para otorgar préstamos a tasas preferentes a las empresas que quieran invertir en países con un potencial agrícola fuerte 

Actualmente, se está dedicando a la compra de tierras en otros países. Ha comprado una extensa propiedad de más de 140.000 Ha en la región de Gambela (Etiopia) a orillas del río Alwero, que ha significado la expulsión de miles de agricultores de la zona y el uso abusivo de su caudal.

El jeque saudí Mohammed al-Amondi que es uno de los cincuenta hombres más ricos del mundo y que posee la compañía Arabia Star, acaba de arrendar 1.000 ha para hacer invernaderos en Awashsy (Etiopia), con un contrato con una duración de 99 años y consume el agua que necesitaría una ciudad de cien mil habitantes. En este invernadero ya se producen millones de tomates, pimientos y otros productos de huerta. Ingenieros españoles están construyendo las estructuras de los invernaderos, mientras que ingenieros holandeses ponen en funcionamiento tecnologías del agua, usando las subterráneas. Sus productos son transportados al aeropuerto de Addis Abeba y posteriormente transportados por avión a todo el Oriente Medio.

El Fondo saudí Foras Inversión junto al Banco Islámico de Desarrollo  y ricos inversores de Arabia, planean invertir más de mil millones de dólares en la compra de tierra para producir siete millones de toneladas de arroz para el mercado de Arabia en siete años. La compañía está comprando tierras en Malí, Senegal, Sudán y Uganda.   Ante su calamitosa situación hídrica, quieren asegurar sus reservas de agua. La ONU dice que el agua será el recurso que definirá el futuro en los próximos cien años

Arabia ya dispone de más de 100.000 ha en Malí en la llamada zona “Office du Níger”, todas ellas dedicadas a la producción de arroz. Dispone de otras 100.000 ha en el delta del Senegal, también para la producción arrocera.

Arabia acaba de comprar dos áreas en las riberas del Nilo en Egipto una de 44.000 ha y otra de 140.000 ha para la producción de alimentos y de forraje para su ganadería.   Además ha comprado 500.000 Ha en Tanzania para producir trigo y arroz para ser exportado a su país.

La India

La crisis hídrica crece con la misma rapidez que se desarrolla económicamente el país. Una expansión descontrolada de las ciudades, una enorme y sedienta zona agrícola han significado nuevas demandas para una red pública y de servicios sanitarios mal gestionada. La combinación ha provocado, que el agua escasee demasiado en algunos lugares, que esté contaminada en otros, o que llegue con una nefasta abundancia para los millones de personas que sufren inundaciones cada año.

Hoy en día, el agua amenaza la capacidad hindú de fortalecer sus pobres granjas, en mantener el crecimiento económico y hacer, que sus ciudades sean saludables y habitables.

El agua se ha convertido en un grave problema. El sistema hídrico hindú depende básicamente de los ríos Ganges e Indo. Los hindúes disponen de 2.240 m3 por persona/año, cifra que cada año disminuye debido a dos causas, en primer lugar a su fuerte crecimiento demográfico y en segundo lugar por el desarrollo económico en que está inmerso el país. Puede decirse que India está cerca del llamado estrés hídrico.

Más de 700 millones de hindúes, casi los dos tercios de su población carecen de servicios sanitarios adecuados, debido en gran parte a la falta de agua potable. Cada año en este país mueren 2,1 millones de niños menores de cinco años según la ONU, debidos principalmente a enfermedades propagadas por medio del agua.

La revolución verde de la India se realizó mediante la utilización de sus aguas subterráneas. Esto conllevó la introducción de nuevas variedades y cultivos que remplazaron a los sistemas nativos de cultivo, las cuales precisaban gran cantidad de agua, lo que ha hecho descender los niveles de sus acuíferos a niveles muy peligrosos, totalmente insostenibles.

Se calcula, que la extracción anual de los acuíferos indios es de 250 km3 anuales y sólo se reponen  150 km3 anuales, con lo que cada año que pasa desaparecen 100 km3 anuales, que está provocando una situación de los acuíferos indios insostenibles. Como consecuencia, sus reservas hídricas se están agotando, hace que los agricultores deban perforar cada año más profundo con lo que sus costes aumentan y su disponibilidad de agua disminuye.   Se calcula que una cuarta parte de los cultivos de la India se desarrollan usando agua subterránea la cual no es restituida.

Multinacionales indias como Karuturi Global con sede en la ciudad de Bangalore, está comprando tierras en la zona del río Alwero en Etiopia. Esto es así porque los acuíferos indios han sido vaciados durante décadas, en base a una agricultura de riego totalmente insostenible.

Por eso ante esta carencia alimenticia que se da en la India, asistimos a que sus multinacionales inviertan en el extranjero para asegurarse la producción de alimentos, con la que poder atender a la población, ya que en el extranjero el agua es más fácil de obtener como vemos en el caso de Etiopia.

Empresas de la India, con el apoyo financiero de su gobierno, han comprado o arrendado miles de Ha. en Etiopia, Kenia, Madagascar, Senegal y Mozambique para el cultivo del arroz, caña de azúcar, maíz y lentejas, que sirvan para alimentar a la población india.

La multinacional india Karuturi Global ha obtenido en la región de Gambela (Etiopia) junto al río Alwero una concesión de 100.000 ha, con opción de llegar a las 300.000 Ha por un periodo de cincuenta años, prorrogables y a precios irrisorios. Otra multinacional india ha conseguido otra concesión por 25.000 ha en la misma  región con un contrato de 25 años prorrogable.

Pakistán

Fue un país bajo la hegemonía colonial del Imperio Británico hasta que a mediados del siglo XX, después de concluida la II Guerra Mundial consiguió su independencia. En su proceso de colonización, los británicos desarrollaron un fuerte proceso de regadío para la producción de algodón, con la que surtir sus fábricas en Inglaterra.

Cuando consiguió su independencia como país y mediante la ayuda del Banco Mundial que le otorgó préstamos blandos incrementó los sistemas de represas y canales ya existentes en el río Indo, de forma que este río aporta más del 90% del agua necesaria para estos regadíos.

Esta política agraria convirtió a Pakistán en uno de los mayores exportadores de algodón del mundo. Este regadío  permitió ampliar el cultivo del arroz y del trigo.

El desastre ecológico estaba cantado, sólo era cuestión de tiempo, porque las aguas del río Indo arrastran anualmente veintidós millones de toneladas de sal, descargando solo la mitad en el mar Arábigo, lo que significa que la otra mitad de sal acaba en las tierras regadas por sus aguas. Así, una tonelada es depositada por hectárea regada, lo que forma una costra banca que impide el cultivo. En el año 2010, el 10% de sus tierras de regadío ya no eran útiles para la agricultura, un 20% están ya claramente camino de dejar de producir, mientras que otro 25% tiene ya una baja productividad.

Pakistán tiene cada vez más población y sus tierras cada vez producen menos productos agrícolas. El nivel de uso de las aguas del río Indo es  tan intensa, que ya los últimos años no llega al mar, salvo en época de lluvia.

Pakistán es un ejemplo del duro futuro que nos espera, con mucha población, y cada vez menos tierra productiva. El agua es cada vez más escasa y el cambio climático ahondara más los problemas del país. Estamos ante la tormenta perfecta para el hambre en Pakistán.

China

El derrochador crecimiento económico está empujando al país hacia la crisis hidrológica. La contaminación del agua es endémica en todo el país por su falta de reciclaje y de depuración, su escasez empeora día a día gravemente en el norte.

China tiene que crear quince millones de puestos de trabajo anuales para poder atender la demanda laboral de su sistema productivo. Los últimos cálculos dicen que la demanda de agua por parte de la industria china pasará de los 52.000 millones de m3 anuales de 2005, a los 269. 000 millones de m3, en el año 2030. Actualmente, los usos no agrícolas representan el 15% del total del consumo, pero se quintuplicarán. Sin embargo las demandas agrícolas también lo harán, haciendo que la situación hídrica china sea gravísima.

China ha invertido en África 13.000 millones de dólares en el año 2011, de los cuales un 4%, lo han hecho en agricultura, es decir, 520 millones de dólares. Más de 150 proyectos agrícolas de diversos tipos están ya produciendo alimento para China a lo largo del continente africano. Si somos conscientes, que China tendrá que importar ingentes cantidades de alimentos para a tender a su población, es previsible que sus inversiones en tierras africanas para la agricultura pasen a ser una prioridad para el país.

China posee aproximadamente el 7% de los recursos mundiales de agua, pero tiene el 20% de la población mundial. Junto a este desequilibrio existe también el regional ya que el 80 % de las aguas disponibles se concentran en el sur.

El río Amarillo empieza a dar señales de fatiga hídrica. Se secó antes de llegar al mar por primera vez en su historia, en 1972, estando quince días sin verter agua al mar. Sucediendo esto ya con cierta frecuencia a lo largo de la década siguiente. Desde 1985, queda seco todos los años y cada vez por periodos más largos. En 1996, estuvo 133 días sin verter agua. En 1997, año especialmente seco, estuvo 226 días. Durante periodos amplios ni siquiera llega agua a la provincia de Shandong, que es la última, antes de llegar al mar. Este es un hecho preocupante, pues esta provincia produce el 20% del maíz y el 15% del trigo chino.

La población del río Amarillo se ha triplicado desde los años cincuenta y se vierte al río aproximadamente el doble de aguas residuales sin depurar que hace dos décadas.
Como dice Liu Shiyin. Científico de la Academia china de las Ciencias: “El río Amarillo fluyo por todas estas zonas densamente pobladas del norte de China. Sin agua en el norte del país, la gente no puede sobrevivir. Y el desarrollo económico que se está produciendo no puede continuar”.

Se calcula que China ha comprado más de 2.800.000 millones de hectáreas en todo el mundo. Este país presenta un gran desarrollo industrial y demográfico, pero cada vez tiene más problemas en su producción agrícola debido sobre todo a su carencia de agua que se agrava de año en año, lo que hará que no tenga capacidad para alimentar a su población. Dispone de unos 35 acuerdos con países asiáticos y africanos, que le permiten la producción de arroz, maíz, soja y biocombustibles, mientras que estos les aportan tecnología y financiación.
China comenzó este proceso hace diez años  comprando o alquilando tierras en Cuba y México. Solo en Mozambique, ha invertido 800 millones de dólares para incrementar la producción de arroz de 100.000 tm a 500.000 tm.

El desastre del mar Aral

Este desastre no ha sido producido por los neoliberales sino por la planificación estatalista soviética, pero que sí que nos debe de servir para analizar críticamente todos estos proyectos desarrollistas, que nos son sostenibles aunque nos lo vendan como futuro.

El mar Aral, se encuentra situado en la zona centro-asiática de la antigua Unión Soviética, con fronteras con Kazajastán y Uzbekistán. Era la cuarta mayor superficie acuática interior del planeta, con más de 66.000 Km2, con una cuenca receptora superior a los 900.000 km2, lo cual da idea de su importancia.

Dos ríos abastecían el mar Aral:

El Amú Dariá nace en las montañas de Afganistán, recorriendo 2.620 km., pasa por Tayikistán, Turkemenistán y Uzbekistán.

El Syr Dariá es el río más grande de Asia Central con 3.078 km de recorrido (tres veces el Ebro), con una cuenca fluvial de 462.000 km2. En esta se encuentran las principales regiones productoras de algodón de Uzbekistán y diversos tipos de plantaciones en Kazajstán y Tayikistán.

La principal actividad del mar Aral era la industria pesquera, que proporcionaba más de 50.000 Tm. anuales, siendo la forma de trabajo de varias miles de personas. Con los planes quinquenales centralistas de la antigua Unión Soviética, se decide transformar las cuencas del Amú Dariá y del Syr Dariá en inmensos campos de producción agrícola a través de la irrigación.

Esta política desarrollista sin fundamento, ha provocado no el desarrollo de la zona, sino una regresión de muy difícil solución. Con esta desmesurada práctica de irrigación, lo que se ha conseguido es que los afluentes del Syr Dariá no lleguen a él, pues sus aguas son utilizadas completamente para el regadío. Lo mismo ocurre en el río Amú Dariá, que en sus últimos 1.200 Km. han desaparecido sus afluentes. Las consecuencias de estas políticas son unos gravísimos problemas ecológicos, económicos y de salud.

Esta agricultura extensiva agresiva en recursos hídricos, que se impuso, ha sido practicada durante los últimos decenios por la Repúblicas centroasiáticas. El uso y abuso de las aguas de estos grandes ríos para el riego del llamado “oro blanco” (el algodón), está en el origen del desastre del mar Aral. En la década de los setenta y ochenta, se pusieron en producción más de siete millones y medio de hectáreas, que doblan la que toda España tiene en regadío. Esto ha provocado que sus humedales hayan descendido más del 85% en su extensión.

Las consecuencias de todo ello, son claras, las aguas que vierten estos dos ríos al mar Aral son mínimas, creándose una situación muy preocupante. El mar Aral ya no tiene 66.000 Km2 de superficie, sino que se ha reducido hasta los 26.000 km2 y continúa descendiendo y sus agua han aumentado su salinidad un 400%.

Los tres millones y medio de habitantes que vivían en sus costas han visto desaparecer su modo de vida. Los 40.000 km2 de perdida de superficie de agua (casi la superficie de Aragón) se ha convertido en un desierto salino, de vida imposible y surcada por numerosos barcos varados y abandonados. Esto ha provocado una disminución considerable de la lluvia, que ha servido para deteriorar mucho más su situación.  También se ha producido una caída muy importante de las aguas subterráneas, provocando que muchos oasis que existían cerca de sus costas hayan desaparecido

En la década de los años 60, el mar Aral recibía unos 50 Km3 de agua dulce.   A comienzos de los años 80 ya no recibía nada de agua dulce.

Los habitantes de la zona se han enfrentado a graves problemas de salud y sirva como ejemplo, que la tasa de mortalidad infantil es una de las más altas del mundo debido a este desastre medio ambiental.

Texto anterior:
• El neoliberalismo y el desastre del agua en el mundo | I

Próximas entregas:
• Africa, el expolio del agua y de la tierra | III

Vota esta noticia:
Más acciones: