EN CASO DE NUEVA TORMENTA SOLAR COMO EN 1921

Entre el 70% y el 90% de la población civil de EEUU quedaría en una situación “insostenible para la vida” en caso de una nueva tormenta solar severa como la de 1921

 

El Presidente del Consejo de Seguridad de las Infraestructuras Eléctricas de EEUU, Avi Schnurr, apunta a un 100% de probabilidad de que una tormenta de tal intensidad pueda volver a suceder antes del 2022.

 

Continúan apareciendo a cuenta gotas las informaciones públicas relativas a uno de los riesgos naturales menos conocidos y comprendidos en el momento actual: el de las “tormentas solares”, o mejor dicho “tormentas geomagnéticas”, derivadas de algo tan normal, en realidad, como determinadas variaciones del clima espacial.

Pero el hecho es que si, en general, se suele afirmar que la peligrosidad concreta para la población civil de un determinado evento es la probabilidad de que el mismo suceda multiplicado por el impacto o daño que el mismo pudiera representar, Avi Schnurr, Presidente del Electrical Infraestructure Security Council, o EIS Council, acaba de contribuir a la redefinición de toda esta cuestión:

Así en uno de los últimos documentos de dicho organismo estrechamente ligado al Gobierno y autoridades de los EEUU – de hecho el máximo organismo internacional de facto en la materia, al menos en el momento actual, integrado como está por representantes del Congreso, del Ejército, y algunos de los máximos expertos internacionales en la materia con relaciones de cooperación con potencias de primera fila como Alemania, Reino Unido Francia y otros Gobiernos –:entre el 70% y el 90% de la población civil de EEUU quedaría en una situación “insostenible para la vida” en caso de una nueva tormenta solar severa como la de 1921.

Porcentajes que deberían resultarnos, per se, de la máxima gravedad como previsión de impacto si consideramos los 308 millones de habitantes de los EEUU en la actualidad.

Sólo para hacernos una idea, en términos militares una previsión de bajas por encima del 30 o el 40 % de las unidades, como por ejemplo las bajas previstas para la conquista de Japón, isla por isla, durante la II GM representaba ya una debacle políticamente inasumible por ninguna administración – 25% de bajas estimadas en la Operación Olympic, más en las operaciones Cornet y Downfall con las que los desembarcos llegarían a Tokyo –.

Pero ahora un alto organismo del Gobierno americano especula abiertamente, por boca de su Presidente, con cifras auténticamente escalofriantes e inéditas como estas.

Y aún faltaría por tomar en consideración el siguiente dato barajado por dicho mismo informe: la probabilidad que se estima como “cercana a un 100%” de que un nuevo evento solar así, y de similares características, tenga lugar antes del año 2022, dentro del siglo de cumplimiento de aquel anterior evento de 1921, el siglo pasado.

Porque el Washington Post, y hasta la revista Forbes, recogían el 17 de mayo, nuevas inquietantes declaraciones de una alta funcionaria de la NOAA americana, el otro gran organismo de referencia –, Kathryn Sullivan, ex astronauta de la NASA, calificando desde Ginebra todo este riesgo natural como un “peligro cada vez mayor” para todas nuestras infraestructuras lo que podria tener un efecto devastador para nuestras sociedades.

Ello semanas después del impactante artículo del New York Times firmado conjuntamente por los máximos asesores científicos de Barack Obama y de David Cameron dirigido a la ciudadanía mundial.

Y el propio Consejo para la Seguridad de las Infraestructuras Eléctricas cuantifica el coste previsto de unas medidas de prevención básicas que supondría un evidente esfuerzo inversor en tiempos de crisis, pero en modo alguno inasumibles: menos del 0,03 del PIB nacional para proteger el conjunto de infraestructuras esenciales en peligro, desde centrales nucleares a transformadores, centros penitenciarios, hospitales y todo lo demás.

De modo que el cambio de enfoque y consideración por parte de los poderes públicos ante toda esta cuestión se hace cada vez más urgente a medida que nos adentramos en la presente situación de riesgo y el tiempo ya juega en nuestra contra.

Porque es cierto que los riesgos derivados del clima espacial representan un tipo de riesgo muy poco conocido, difícil de entender y hasta de asumir.

Pero también lo es su elevado grado de riesgo e impacto para la población civil, y las políticas de Protección Civil deben actualizarse con normalidad para cubrir los nuevos desafíos de la modernidad de la mano de los informes científicos y las instituciones internacionales.

*Asociación Española de Protección Civil para los Eventos Climáticos Severos y la Prevención Nuclear.