Los inicios del movimiento obrero en el Metro madrileño

Alfonso XIII en la inauguracion del Metropolitano de Madrid. (Archivo Metro de Madrid)
Alfonso XIII en la inauguracion del Metropolitano de Madrid. (Archivo Metro de Madrid)

@Montagut5 | El órgano oficial del PSOE publicó un reportaje en mayo 1920 sobre el Metro de Madrid, es decir, al poco de su inauguración. Nos interesa detenernos porque constituye una visión desde el socialismo de la realidad de este nuevo medio de transporte en la capital, además de conocer cómo nació la primera organización obrera del Metro.

Para los socialistas el relumbrón que supuso la inauguración del Metro madrileño por el rey Alfonso XIII escondía otros aspectos menos brillantes. En primer lugar, se consideraba que no se había protestado ante aspectos que no eran considerados adecuados de la Compañía, y que aparecieron nada más comenzar el servicio, muy limitado y deficiente, con interrupciones en el tráfico.

Los socialistas habían consultado con empleados del Metropolitano para conocer la realidad del funcionamiento del mismo con el fin de contrarrestar el clima eufórico que se vivía sobre el servicio.

El precio del billete se fijó en 15 céntimos, cuando el pan, en el mes de octubre de 1919 costaba 70 céntimos. Al parecer, y siempre según El Socialista, el precio era de 5 céntimos más de lo esperado. En relación con los salarios de los empleados, la Compañía había establecido jornales de  2’50, 3 y 3’25 pesetas para los trabajadores de servicios secundarios. Los conductores eran pagados con 5 pts; los interventores recibirían 5’25 pero con jornada de diez horas porque estaban asimilados a jefe de estación.

Parece ser que en las últimas semanas se estaban produciendo despidos. En abril se había echado a 54 obreros y 14 mozos de estación. Los socialistas creían que estos despidos eran represalias por ser trabajadores “rebeldes”. Para suplir a estos trabajadores la empresa decidió obligar a los que quedaban a hacer horas extraordinarias. Al final, el jefe del servicio estaba colocando a amigos y parientes.

Los trabajadores habían informado al periódico que los mismos trabajaban celosamente, y que los causantes del mal servicio eran los responsables, que procedían de otras compañías donde habían fracasado o eran muy jóvenes. Por otro lado, eran necesarios más operarios y más coches. También consideraban que las taquilleras merecían un trato mejor por parte de la Compañía. Al parecer, eran muy reivindicativas. En este sentido, en el Metro hubo un conato de huelga después de la huelga de tranviarios. Se creó una sociedad de empleados bajo la dirección de la empresa. Se trataba de la Asociación de empleados y obreros de la Compañía del Metropolitano Alfonso XIII, entre cuyos fines estaba colaborar con la empresa para crear una caja de previsión con fines sociales (enfermedad, invalidez, vejez…). Los empleados debían cotizar el 2’5% de sus haberes semanal, y la empresa aportar lo mismo que el monto total de las cuotas. La Compañía ejercía una tutela completa de la Sociedad según establecía el reglamento, además de contar con dos miembros en la Junta Directiva.

Pero los trabajadores habían comenzado a reaccionar sobre la situación en la que vivían a través de la distribución de una hoja en la que denunciaban la actitud de la empresa, los despidos y la actitud, considerada como vergonzosa de haber aceptado formar una sociedad bajo la autoridad de la Compañía. Por todo ello había que organizarse y sacudir la tutela y tener libertad de acción.

Esta iniciativa había espoleado a los trabajadores del Metro, que decidieron crear una sociedad de resistencia, es decir, un sindicato, que se incorporaría a la Casa del Pueblo de Madrid, en relación con los trabajadores ferroviarios y de transporte.


Para esta pieza se han consultado los números 3503 y 3507 del mes de mayo de 1920 de El Socialista.