HISTORIA DEL SOCIALISMO

El socialismo al comenzar el siglo XX según el PSOE

Los socialistas españoles publicaron en el número 821 de “El Socialista” un balance sobre la situación del socialismo mundial y español en el año 1901.

@Montagut5 | Los socialistas españoles publicaron en el número 821 de “El Socialista” un balance sobre la situación del socialismo mundial y español en el año 1901. Nos interesa acercarnos al texto y comentarlo porque nos permite comprobar cómo veía el PSOE la marcha de sus congéneres en distintos lugares, Europa y América, y de su propia labor en España, faltando todavía unos años para que comenzara el despegue del Partido. El PSOE quería transmitir un mensaje optimista sobre la situación presente y sobre el futuro.

El texto comenzaba con el socialismo portugués, que se habría reorganizado después de un tiempo en crisis. El socialismo en Francia, a pesar de las diferencias entre los oportunistas y revolucionarios, parecía que crecía. Recordemos que la unión tardaría unos pocos años más, ya que hasta 1905 no se creó la SFIO, y que uniría a las distintas tendencias: los marxistas de J. Guesde, los revolucionarios socialistas y los pragmáticos de Jean Jaurès. En el caso italiano se destacaba la expansión del Partido en el ámbito rural, una asignatura pendiente, pero recordemos que el socialismo italiano vivió una casi permanente confrontación interna entre reformistas y revolucionarios. Por el momento, en los Congresos de 1900 y 1902 vencieron los primeros, pero en 1904 la situación cambió porque una mayoría se impuso criticando el apoyo que se le otorgaba a Giolitti. La posición de Turati se vio claramente cuestionada.

El progreso socialista era más evidente en Austria. En “El Socialista” se recalcaba que se había conseguido arrancar algunas mejoras para los obreros, y que había crecido la afiliación. Por nuestra parte, sabemos que en el verano de 1899 salió el primer número de su órgano de prensa, el Arbeiter-Zeitung. En ese mismo momento, los socialdemócratas austriacos participaron en la Segunda Internacional en París. Unos años después, en 1907, y tras una huelga general, se consiguió el sufragio universal, factor clave para el desarrollo de este partido como para muchos de sus congéneres europeos. Mayor era, lógicamente, la fuerza de la socialdemocracia alemana, cada día más presente en las distintas instituciones del Imperio.

También se valoraba el progreso del Partido Obrero en Bélgica, y que se hallaba cerca de conquistar el poder. En el caso vecino de Holanda se resaltaba el empuje electoral socialista, a pesar de la influencia de signo anarquista que había desarrollado el movimiento obrero gracias a la figura de Domela, y que hemos estudiado en otro trabajo.

El caso inglés era un tanto especial, ya que se reconocía que allí los obreros habían priorizado la lucha económica sobre la política. En todo caso, se valoraba el esfuerzo del Partido Independiente del Trabajo que, como sabemos, se había creado en 1893. Recordemos que en ese preciso momento estaba naciendo el Partido Laborista, en un complejo proceso de unión de fuerzas. Era pronto para valorar la enorme fuerza que los laboristas adquirían. En 1906 obtendrían ya 29 escaños en los Comunes.

También se aludía al progreso socialista danés. Se terminaba el repaso europeo considerando que se progresaba en militancia en todos los países mencionados, además de en Suecia, Noruega, Rumanía, Suiza, Bulgaria y Serbia.

Fuera de Europa se centraba la atención en Estados Unidos y Argentina. En el primer país se valoraba el progreso de votos a favor de los socialistas en las elecciones municipales. En el caso argentino se habían multiplicado los actos y manifestaciones realizados por los socialistas en pro de mejoras para los trabajadores o contra los atropellos del poder.

El resto del artículo se dedicaba al balance español, a la labor del PSOE.

En primer lugar, estaría la cuestión electoral. Había habido dos procesos electorales, uno general o legislativo, en terminología de la época, y otro municipal. Recordemos que el PSOE se encontraba muy lejos de alcanzar un escaño en el Congreso, y que solamente lo conseguiría en alianza con los republicanos a partir de 1910, después del cambio de estrategia política socialista después del terremoto que supuso la Semana Trágica en el verano de 1909. En el ámbito municipal se avanzaba, aunque lentamente, desde el gran éxito vizcaíno de comienzos de la década anterior. En segundo lugar, se destacaba la labor de propaganda desarrollada en Asturias, uno de los objetivos fundamentales desde el comienzo del Partido para fomentar la toma de conciencia de clase, a través de la apertura de más Agrupaciones Socialistas.

También se reseñaba la lucha contra el encarecimiento de la vida, contra el impuesto de consumos, una de las reivindicaciones clásicas del movimiento obrero español desde mediados del siglo anterior. Recordemos que era un impuesto general, ordinario e indirecto que gravaba una veintena de productos básicos, de “comer, beber y arder”, afectando a las clases populares. Muchas de las revueltas, protestas y motines decimonónicos tuvieron que ver con el deseo de la población de rebajar o suprimir los consumos, o esta demanda acompañaba a otras de diverso signo, como las que tenían que ver con el sistema de reclutamiento, y la elevación de los precios por la falta de pan, dadas las periódicas crisis de subsistencia que aún en el siglo XIX se daban en España. Los consumos encarecían el precio final de los productos, pero además su recaudación generaba una clara desigualdad, ya que los grandes propietarios y comerciantes pudieron zafarse de los consumos gracias al fraude. El PSOE siempre luchó contra este impuesto.

Otra de las luchas socialistas tuvo que ver con los proyectos de Ley de Huelgas y de reforma municipal.

Es de destacar en este resumen anual la relación con los anarquistas. El PSOE intentaba combatir lo que consideraba “los dañosos procedimientos y la conducta funesta que los ácratas recomiendan a los trabajadores”. Esto iba unido a la intensa labor asociativa y organizativa que se había seguido desarrollando, con la apertura de Agrupaciones, Sociedades y periódicos.

Para los socialistas era muy importante demostrar en esos momentos dos aspectos: su seriedad y honradez en la contienda electoral, y que constituían una fuerza unida, constante y disciplinada que no podía despreciarse como demostraría su entrada en una veintena de Ayuntamientos que pretendía demostrar que el Partido era la única opción válida que podía luchar efectivamente en todas las cuestiones candentes que hemos apuntado, y para impedir que los obreros cayesen en los “funestos derroteros trazados por los anarquistas”.