HISTORIA DE LA SEXUALIDAD

La sexualidad en la España del siglo XIX

La ignorancia y la censura de los placeres carnales del cuerpo es una de las herencias que nos dejan las tres religiones monoteístas y sobretodo el cristianismo, que considera que el sexo es sucio y en consecuencia una fuente de tentaciones prohibidas.

Como estamos comprobando a lo largo de esta serie “el sexo en la historia” podemos ver cómo la sexualidad, se ha basado en la prohibición, la negación y la represión. La naturaleza humana está llena de instintos y pasiones. Esta sexualidad ha estado a lo largo de muchos siglos oculta bajo la concepción del ser humano racional. Tanto el hombre, como la mujer, han tenido que hacer frente a la presión social de intentar mantener una imagen basada en los arquetipos de cada género.

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La ignorancia y la censura de los placeres carnales del cuerpo es una de las herencias que nos dejan las tres religiones monoteístas y sobretodo el cristianismo, que considera que el sexo es sucio y en consecuencia una fuente de tentaciones prohibidas. Esto conlleva, a que si seguimos con los deseos sexuales del cuerpo, nos llevará a una decadencia física y moral. Si seguimos estas ideas religiosas, vemos como el ser humano debe aspirar a que sus actos estén basados en el razonamiento y no por los instintos sexuales, que en consecuencia nos llevarían a un nivel similar al de los animales.

Todos hemos podido leer y conocer los manuales que no nos mostraban el cuerpo humano tal como es, prohibiendo el conocimiento natural de nuestra propia sexualidad. Todos estos manuales están plagados de ideas religiosas conservadoras y podemos comprobar el papel secundario que se le da a la mujer. Así mismo, como se potencia la relación patriarcal, con un dominio total del papel del hombre sobre el de la mujer.

El papel que a lo largo de la historia se ha designado a la mujer es el de la pura reproducción. Vemos como siempre se ha buscado que su lugar sea la intimidad del hogar.

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Las mujeres que pertenecen a la clase social alta recibían una educación muy exquisita y se les enseñaban los modales más rigurosos, con la finalidad de mantener una conducta intachable a la vista de la generalidad, pero que luego en sus círculos más íntimos se los saltaban.

La sociedad del siglo XIX española se basaba en mantener imagen pública conservadora y puritana, mientras que en su círculo privado era transgredida sin ningún tipo de miramientos.

Toda esta moral católica hizo que alrededor de los embarazos, las relaciones sexuales y el cuerpo humano se desarrollaran una serie de mitos, como los siguientes:

  • Si se tiene sexo con un hombre, al que no amas, hace que tengas un hijo extremadamente feo.
  • Había una superstición que decía que la dirección e intensidad del viento afectaba al temperamento del recién nacido.
  • Si la mujer se masturbaba mucho, le producía locura e infertilidad. Si desde joven se masturbaba, afectaba al desarrollo de sus órganos.
  • Pensaban que la masturbación se evitaba comiendo alimentos poco condimentados, evitando el consumo de mostaza, pimienta, cerveza, vino, y fumar tabaco. Además de la dieta rigurosa, la intensa actividad física consumía energía y evitaba la masturbación.
  • Curiosamente, fue en esta época cuando se inventó el consolador mecánico, para tratar la histeria de la mujer
  • La forma de evitar el embarazo era bailar continuamente.
  • Se decía que una mujer no podía quedar embarazada de una violación debido a que el cuello uterino es muy estrecho y tiene que succionar el semen durante el orgasmo que era inexistente en las violaciones.
  • Se creía que el recién nacido se parecería físicamente a quien tuviera el orgasmo más intenso durante el contacto sexual.
  • Si el coito se realizaba en una escalera, el niño tendría la espalda torcida.

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EL PAPEL DE LA MUJER EN EL SIGLO XIX ESPAÑOL

El papel de la Iglesia española es fundamental en todo el proceso de la enseñanza en España, señalándose que la mujer debe jugar un papel secundario en la sociedad. Su misión es el de cohesionar a la familia. El prototipo de la mujer ideal de este siglo es, una mujer perfectamente casada, reina del hogar, piadosa y siendo buena madre y esposa.

Toda le educación que se dignaba dar el sistema educativo a la mujer bajo el patrocinio de la Iglesia, no era el educarlas en la sabiduría, sino en la aceptación de su sumisión al patriarcado y a su papel de buena madre. La educación de aquella época tenía como única misión el conocimiento de los principios cristianos, que serían los cohesionadores de la familia española.

La comisión educativa creada en 1814 decía:

“Al concluir la Comisión el plan de instrucción pública, no se ha olvidado de la educación de aquel sexo, que forma una parte preciosa de la sociedad; que puede contribuir en gran manera a la mejora de las costumbres, y que apoderado casi exclusivamente de la educación de los hombres en su niñez, tiene un gran influjo en la formación de sus primeros hábitos y, lo sigue ejerciendo después en todas las edades de la vida humana.

La Comisión ha considerado al mismo tiempo que su plan se reducía a la parte literaria de la educación, y no a la moral, principal objeto en la que debe darse a las mujeres. Tampoco pudo desentenderse de que este plan solo abraza la educación púbica, y que cabalmente la que debe darse a las mujeres ha de ser doméstica y privada en cuanto sea posible, pues que así lo exige el destino que tiene este sexo en la sociedad, la cual se interesa principalmente en que haya buenas madres de familia”.

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Ilustración de la obra Fanny Hill

Posteriormente, aparece la Ley de Instrucción Pública de nueve de septiembre de 1857, conocida como la ley Moyano. Esta ley es la que permanece vigente hasta 1970 y sigue con los mismos principios de la anterior ley, aunque tiene el aspecto positivo de hacer obligatoria la escolaridad para las niñas por primera vez en España.

Se crea en 1876, la Institución Libre de Enseñanza que apuesta por la educación femenina y la coeducación, dice:

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Cuadro de Picasso 1906

“La Institución estima que la coeducación es un principio esencial del régimen escolar, y que no hay fundamento para prohibir en la escuela la comu8nidad en que uno y otro sexo viven en familia y en la sociedad. Sin desconocer los obstáculos que el hábito opone este sistema, cree, y la experiencia lo viene confirmando, que no hay otro medio de vencerlos, sino acometer con prudencia la empresa, dondequiera que existan condiciones racionales de éxito. Juzga la coeducación como uno de los resortes fundamentales para la formación del carácter moral, así como la pureza de costumbres, y el más poderoso para acabar con la actual inferioridad positiva de la mujer, que no empezará a desaparecer hasta que aquélla se eduque, en cuanto se refiere a lo común humano, no sólo como, sino con el hombre”.

Fue en el año 1888 cuando se permitió a las mujeres matricularse en la Universidad. En principio sólo para exámenes y posteriormente a instancia de Matilde Padrós en la enseñanza oficial. La presencia de mujeres en la universidad española durante el siglo XIX es, por tanto, anecdótica.

El papel de la mujer casada debe ser el de receptora y no jugar un papel que es el del hombre. La mujer debe sacrificarse en beneficio de la satisfacción de su esposo y no para alcanzar también el placer durante la relación.

La sumisión sexual era uno de los deberes de la mujer en el pensamiento de este siglo, así como virilidad en el hombre debe ser manifiesta y se debe rechazar las emociones o afectos románticos, mientras que la mujer debe adaptarse a sus exigencias.

EL MATRIMONIO

f7El matrimonio canónico fue durante mucho tiempo el único posible en España, desde que el rey Felipe II lo decretara así en el año 1564. Antes de la restauración de la democracia actual, solo hubo dos períodos en los que el matrimonio civil fue legal, fue durante las dos repúblicas que se han dado en la historia de España.

Una vez expulsada Isabel II del país, y tras la llegada al trono de Amadeo I, el general Francisco Serrano, a la sazón presidente del Consejo de Ministros, nombró al gallego Eugenio Montero Ríos, ministro de Gracia y Justicia, con la indicación de que desarrollara la ley que, por primera vez en nuestra historia, contemplaría la posibilidad del matrimonio civil. Montero Ríos tuvo que luchar contra su arraigada fe católica; así, cuando defendió la ley en el Parlamento dijo: “Si yo creyera, si sospechara siquiera, que el proyecto de ley se opone a las creencias que profeso... yo no lo defendería”.

El texto, aprobado el 18 de junio de 1870, instituyó además los siguientes supuestos de divorcio: adulterio de la mujer o el marido, malos tratamientos graves del marido a la mujer o a los hijos, violencia moral, tentativa del marido a empujar a la prostitución a la mujer o condenación por sentencia firme de cualquiera de los cónyuges a reclusión perpetua.

LA MASTURBACIÓN

El compendio moral salmaticense es publicado en el año 1805. Es un tratado que recoge las normas morales que deseaba la iglesia estuvieran vigentes en este siglo.

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Corse anti-masturbación de origen francés, 1815

En el “Tratado XVII. De los preceptos sexto, y nono del Decálogo/Cap. III. Del vicio contra naturam / Punto II. De la polución” se dice:

“La masturbación está prohibida no sólo por el derecho divino, sino aun por el natural se hace patente, pues ella es contraria al fin de la naturaleza, que mira a la generación de la prole”.

Se exculpa en este tratado al varón en algunas circunstancias fundamentalmente por la falta de voluntariedad: polución nocturna, polución por accidente, etc..

LA PROSTITUCIÓN

La prostitución fue una de las principales actividades fundamentalmente en el mundo urbano. La proliferación del mercado de la prostitución se desarrolló en la cultura sexual del siglo XIX, por lo que se intensificó la vida nocturna y el establecimiento de burdeles, que reunían personas socialmente marginadas.

f5El sector económico de la prostitución estaba compuesto principalmente por mujeres pertenecientes a estratos socio-económicos medios, normalmente mujeres desprotegidas debido a diversas causas como pueden ser por la viudez, ruptura matrimonial, marido alistados en el ejército durante muchos años o endeudadas por la creciente cultura de consumo.

Muchas mujeres también eran de estratos socio-económicos bajos y valoran esta actividad como una forma de salir de la pobreza. La prostitución también se daba en algunos casos con las criadas en lechos familiares económicamente inestables o dedicadas a los servicios domésticos.

Las personas dedicadas a la prostitución se reunían en barrios específicos de clase media o de clase baja, También las podemos encontrar cerca de lugares de ocio masculino como cabaret y casas de burlesque. Vemos, como el teatro de variedades se encuentra estrechamente ligado con la prostitución en la noción popular.

Los establecimientos de teatro de variedades concentraban, en ocasiones, espectáculos eróticos que incluían rutinas como el striptease y los bailes exóticos como la danza del vientre y la danza de los siete velos. Las protagonistas de este tipo de espectáculos se denominan vedettes, personas que frecuentemente realizaban sus actos en completo desnudo o en semi-desnudo, en comparación con la moda tradicional de la época.

La cultura y educación sexual de la esta época permitió conocer la existencia de las enfermedades de transmisión sexual, que eran encontradas en numerosos hombres que estaban realizando el servicio militar, puesto que los soldados recurrían a este tipo de servicios. Esto provocó la creación de un comité para la investigación médica de las enfermedades de trasmisión sexual en las fuerzas armadas. La prostitución de menores de edad y la prostitución masculina homosexual existieron en la sociedad, pero eran practicadas con mucho mayor secretismo que la prostitución femenina.

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Esta libertina realidad de la mujer de la sociedad se idealizó con la finalidad de poder tener una justificación machista, por la que se aseguraba que solo las prostitutas tenían libertad de gozar del sexo. Una mujer de casa no debía, bajo ningún concepto, aspirar a explorar su vida sexual, porque para ello existían otras mujeres que sólo se dedicaban al placer.

LA HOMOSEXUALIDAD

A principios del siglo XIX, se extendieron las ideas liberales por España, estas provenían de la revolución francesa. Posteriormente, llegó la filosofía alemana del krausismo, que provocó una cierta apertura en algunos sectores de la sociedad española.

Bajo el reinado de Fernando VII se publicó el primer Código Penal en el año1822, que no mencionaba la sodomía como delito. Este corto el periodo político es conocido como Trienio liberal (1820-1823). Sin embargo, el Código fue derogado poco después, tras el final de este corto periodo de políticas liberales.

Antiguamente se entendía por sodomía el conjunto de todos los actos sexuales que no tenían una finalidad reproductiva. No fue hasta el año 1848, con el nuevo Código Penal, cuando la concepción de la sodomía desaparece definitivamente, hecho éste que se mantuvo en las nuevas versiones de 1850, 1860 y 1870.

Esto no es óbice para que se pudieran emplearse otras leyes, como las de “escándalo público” o aquellas sobre las “faltas contra la moral, el pudor y las buenas costumbres” para perseguir todos los actos de homosexualidad que tanto molestaba a la iglesia.

La homosexualidad como delito fue reintroducido en el Código Penal de 1928, durante el reinado de Alfonso XIII, con el artículo 616 del título X. Todos aquellos/as que cometieran habitualmente escándalos o actos contrarios al pudor con personas del mismo sexo será castigado con multa de 1.000 a 10.000 pesetas e inhibición especial para cargos públicos de seis a doce años.

Este Código Penal fue derogado, el 13 de abril de 1931, por la IIª República, la cual vuelve al modelo existente en el año 1870. En el año 1932, se publicó un nuevo Código Penal que seguía sin mencionar la homosexualidad, lo que legalizaba las relaciones sexuales entre hombres, con la excepción del ejército.

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Cuadro de los Borbones en pelotas de los hermanos Bécquer

En el año 1901, tuvo lugar el primer intento de matrimonio de una pareja del mismo sexo en España, del que se tiene constancia registral. El 8 de junio de 1901, Marcela Gracia Ibeas y Elisa Sánchez Loriga, dos mujeres, contrajeron matrimonio en La Coruña al hacerse pasar una de ellas por hombre.​ Fueron descubiertas y tuvieron que huir de España.

De entre los políticos y gobernantes del siglo XIX hay que hablar principalmente de don Francisco de Asís de Borbón, rey consorte de Isabel II y de Emilio Castelar. La homosexualidad del primero era conocida y notoria. Tuvo pareja siéndolo su amigo amante Antonio Meneses. Existen numerosísimas anécdotas sobre el tema y en Madrid circulaban diversas coplas populares:

Paquito Natillas
Que es de pasta flora
Orina en cuclillas
Como una señora.

Otra copla popular decía de Francisco de Asís:

Gran problema es en las Cortes
Averiguar si el consorte
Cuando acude al excusado
Mea de pie o mea sentado.

La imagen anterior que aparece es del álbum pornográfico Los borbones en pelota”, realizado por los famosos hermanos Bécquer, el escritor Gustavo Adolfo y el pintor Valeriano.

La homosexualidad de Emilio Castelar no es tan conocida, a pesar de que los periódicos de la época lo llamaban “doña Inés del Tenorio”. Bruquetas de Castro nos cuenta como fue la historia de amor de Castelar con José Lázaro Galdiano, que finalmente se rompió debido fundamentalmente a la diferencia de edad y a la falta de intereses mutuos.

f3En las grandes ciudades españolas como Madrid y Barcelona eran habituales a finales de la década de 1890, que se realizaran bailes públicos, como el que se hizo en 1879 en la calle Alameda en Madrid, el último día del carnaval, al que acudieron “más de cien sodomitas con elegantes trajes y ricas joyas”. Todo esto había desaparecido ya a principios del siglo XX. Las leyes judiciales sobre el escándalo público hicieron que los homosexuales se retiraran de la vida pública. De esta forma, fueron surgiendo clubes privados y casas particulares.

Las noticias sobre el mundo homosexual en España solo han llegado a través de criminalistas y médicos, Esto provoca, que todo lo que se relate este impregnado de una cierta parcialidad, además era muy clara la hostilidad que tenía la iglesia española sobre la homosexualidad.

Teodoro Yáñez describió, en el año 1884, la realización de “bautizos de homosexuales”. Así los describía:

“En determinados días se admitían socios nuevos en el club... y después de acreditar que no habían conocido varón con dos testigos, se les ponía una túnica blanca y una corona de azahar, y se les paseaba por el recinto, haciendo luego uno de ellos la primera introducción”.

Otra ceremonia muy habitual entre los homosexuales españoles es la ceremonia del paritorio que nos las describe Bernaldo de Quirós y Llanas Aguilniedo en su libro “La mala vida en Madrid 1901”. La ceremonia de paritorio es complicada y variable en cada caso.

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“Estas ceremonias se celebraban en lugares de reunión, algunos de los cuales se han hecho famosos. Siempre está presente un uranista con un traje femenino, con el vientre abultado, andando penosamente. El supuesto médico y la reunión de amigos y familiares, le obligan a tenderse en el lecho Le dedican toda clase de cuidados, refrescan con paños mojados su frente y sienes, sobreviniendo, al fin, tras una larga brega simulada, y en medio de grandes alaridos, el alumbramiento del muñeco, que es inmediatamente presentado al oficioso senado de expectantes. La más viva alegría se pinta en las caras; corre el vino a raudales, y el suspirado desenfreno hace al fin su aparición ente la grotesca turba”.

También los cabarets y las revistas fueron importantes centros de la llamada “inmoralidad homosexual”, sobre todo durante la moda de la sicalipsis. Algunos cafés cantantes se convirtieron en plataforma de estrellas del transformismo, ​ como fue el caso de Edmond de Bries en el Salón Fuencarral. Algunas canciones incluso trataban sobre la homosexualidad, aunque siempre en forma de escarnio y burla, como “El peluquero de señoras” o “¡Ay Manolo!”, cantada por Mercedes Serós.

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De más alcurnia eran el Café de Levante y el Café del Vapor en Madrid o el Barrio Chino de Barcelona. De hecho, al igual que en otros países, existía una cierta identificación de aristocracia con homosexualidad.

Como vemos, una cosa era la moral rígida que imponía la iglesia y era exigida para toda la sociedad y otra las elites españolas que sí seguían en público esta exigencia moral religiosa, pero que en privado hacían estandarte del libertinaje. Es decir, en la España del siglo XIX las elites hacían gala de una doble moral, la pública y la privada.