El origen de algunas frases hechas y su relación con la historia

Expresiones populares muy arraigadas en la sociedad que poco o nada tienen que ver con las palabras que la forman. A continuación  desvelamos de donde proceden algunas de las frases hechas más utilizadas.

“Clavar una pica en Flándes”
“Clavar una pica en Flándes”

No siendo la lingüística algo en lo que yo sea experto, siempre me llamó la atención de donde vienen esas frases hechas, que usamos a diario en nuestra comunicación verbal. La lengua castellana está repleta de modismos o frases hechas cuyo origen, en algunos casos, son todo un misterio. Se trata de expresiones populares muy arraigadas en la sociedad que poco o nada tienen que ver con las palabras que la forman. A continuación  desvelamos de donde proceden algunas de las frases hechas más utilizadas, Así por ejemplo, “pasar la noche en blanco”, en referencia a tener una noche de insomnio pertinaz. En el territorio de las Españas, tierra de caballeros andantes, los aspirantes que querían entrar en ciertas órdenes de caballería tenían que hacer la velada de armas la noche anterior a convertirse en caballeros. Llevaban una túnica o vestidura blanca que simbolizaba la pureza espiritual. Los aspirantes apenas conseguían dormir durante toda la noche, que se hacía muy larga antes de que amaneciera el día siguiente. Así surgió la frase hecha “Pasar la noche en blanco”, que esencialmente ha  mantenido su significado original a lo largo de los siglos hasta nuestros día.

Quién en este país, que en su siglo más imperialista, el XVI, en el reinado de Carlos V ocupo muchos territorios, entre otros, por muchos lugares de Europa, no ha utilizado la frase “clavar una pica en Flándes”, para referirse a haber conseguido un éxito notable y muy trabajado. La Guerra de Flandes, que duró 80 años, enfrentaba a los habitantes de aquellas tierras, ayudados por toda la Europa protestante (uno de los motivos de la guerra era religioso) y el Imperio Otomano, al Imperio Español. Con la ruta del Cantábrico cortada por los ingleses, España, que tenía otros muchos conflictos abiertos, mandaba a sus tropas por el Mediterráneo hasta Génova y después por tierra hasta los Países Bajos. “Poner una pica en Flandes” era sumamente costoso, de ahí que asociara con algo muy difícil de conseguir.

En esta nuestra España, con tanta tendencia a generar y participar en conflictos a lo largo de su historia, usamos también la frase “quien se fue a Sevilla perdió su silla”. Se suele aplicar para explicar el por qué alguien pierde sus privilegios después de haberse ausentado de un lugar durante un determinado tiempo. Durante el reinado de Enrique IV (1425-1474), le fue concedido el arzobispado de Santiago de Compostela a un sobrino del arzobispo de Sevilla, don Alonso de Fonseca. Dado que el reino de Galicia andaba revuelto, el arzobispo electo pensó que la toma de posesión del cargo no iba a ser cosa sencilla, por lo que pidió ayuda a su tío. Don Alonso se desplazó al reino gallego, pero pidió a su sobrino que se ocupara del arzobispado sevillano durante su ausencia. El arzobispo, tras lograr serenar los ánimos de los gallegos, regresó a Sevilla, pero se encontró con que su sobrino no quería dejar de ningún modo la silla hispalense. Para que desistiera, no sólo fue necesario un mandato del Papa, sino que interviniera el rey y que algunos de sus seguidores fuesen ahorcados tras un breve proceso. A raíz de este trágico suceso nace la frase quien se fue a Sevilla, perdió su silla.

Otra de nuestras frases hechas manidas ha sido “poner en un brete”, para describir que a alguien se le ha puesto en una situación comprometida. Este país, que es el  nuestro, muy dado a perseguir y castigar a herejes, ha sido muy dado a diseñar artilugios para castigar a condenados. Para descubrir el origen de esta expresión tenemos que saber primero qué significa brete. Covarrubias en el “Tesoro de la Lengua Castellana” de 1611 ya lo recoge como vocablo de español antiguo sinónimo de “potro”, es decir, un aparato que servía para torturar a los condenados, humillarlos públicamente o impedirles huir. La Real Academia de la Lengua Española refiere que es un “cepo o prisión estrecha de hierro que se ponía a los reos en los pies para que no pudieran huir”. Se utilizaba en el siglo XVI y por extensión también se llamó así al calabozo o a la cárcel. Por otro lado, para algunos autores medievales tiene otro significado: el de trampa para cazar animales. A partir del término brete surgió la frase hecha “Poner en un brete” y adoptó un significado que resistió al paso de los siglos y no varió hasta la actualidad.

Si continuamos en este país, que sigue siendo España, hay un miembro de las fuerzas y cuerpos de la seguridad del estado con arraigada tradición, La Guardia Civil. Tiene como origen lejano la Santa Hermandad. Creada por los Reyes Católicos para defender a la población de los asaltos en los caminos. En principio como defensa frente a los salteadores de caminos, origen rural al que sigue fuertemente ligada la Guardia Civil. Y aquí vamos a encuadrar el origen de la frase “a buenas horas mangas verdes”. Se debe el origen de esta frase a que en tiempo de la Santa Hermandad, como casi nunca llegaban a tiempo para capturar a los malhechores, los delitos quedaban impunes. Los miembros vestían un uniforme de mangas verdes y coleto. Así esta frase obedece a la creencia popular de que los guardadores del orden suelen acudir tarde o a destiempo al lugar donde son necesarios.

Por último en esta nuestra España, con tendencias tan bélicas a lo largo de su historia también hemos acuñado la frase hecha, “a enemigo que huye puente de plata”. Se refiere esta expresión a la conveniencia de, no sólo no poner obstáculos, sino facilitar la marcha del enemigo o persona que nos estorbe, librándonos así de ella, sin esfuerzo ni pérdida de energías. Esta máxima militar, tan repetida, se atribuye a Gonzalo Fernández de Córdoba, llamado también El Gran Capitán (1453-1515). El autor de esta atribución es el toledano Melchor de Santa Cruz de Dueñas quien, en su libro Floresta española de apotegmas y sentencias (Toledo, 1584), traza un anecdotario del gran caudillo conquistador de Nápoles. La tal Floresta es una de las colecciones más importantes de cuentos y anécdotas del siglo XVI y mezcla frases anecdóticas, sentencias, cuentecillos, chistes, misceláneas y datos biográficos de muchos personajes. Mucho de lo que explica Melchor de Santa Cruz en su libro ha sido repetido infinidad de veces sin explicar su procedencia. En lo que se refiere a esta frase “A enemigo que huye, puente de plata”, Melchor de Santa Cruz, en la segunda parte, capítulo III, escribe: “El Gran Capitán decía que los capitanes o soldados cuando no había guerra eran como chimeneas en verano”. Más abajo: “... Él mismo decía: al enemigo que huye hacedle la puente de plata”. Esta expresión ha sido recogida por muchos autores del Siglo de Oro y luego ha sido usada abundantemente hasta nuestros días. Cervantes, por ejemplo, en la parte II, capítulo LVIII de su Don Quijote, cuando éste es arrollado por el tropel de toros bravos y éstos siguen su camino, exclama, provocándolos: “Deteneos y esperad, canalla malandrina; que un solo caballero os espera, el cual no tiene condición ni es de parecer de los que dicen que al enemigo que huye, hacedle la puente de plata”. Igualmente, Lope de Vega en su obra La estrella de Sevilla (acto 1º, escena IV) expresa: “que al enemigo se ha de hacer puente de plata”.

Parece pues que algunas de las “frases hechas” en nuestra lengua castellana, tienen mucho que ver con nuestra historia. Así conocer su origen, nos acerca de alguna manera a conocer un poco más de nuestra propia historia.