Ferdinand Domela Nieuwenhuis

Intenso personaje en la izquierda de Holanda del siglo XIX.

Ferdinand Domela Nieuwenhuis. (Foto: El Socialista)
Ferdinand Domela Nieuwenhuis. (Foto: El Socialista)

La figura clave que dio un impulso al socialismo en los Países Bajos fue el pastor luterano de La Haya, Ferdinand Domela Nieuwenhuis

@Montagut5 | La información que “El Socialista” proporcionaba a sus lectores sobre el movimiento obrero y el socialismo europeo e internacional es de una riqueza incomparable. Precisamente, en este artículo nos acercamos a la figura de uno de los primeros socialistas de los Países Bajos, y del que “El Socialista” informó en su sección “Galería Socialista Internacional”, del número 51 del día 25 de febrero de 1887.

La figura clave que dio un impulso al socialismo en los Países Bajos fue el pastor luterano de La Haya, Ferdinand Domela Nieuwenhuis (1846-1919), un personaje extremadamente peculiar por su fuerte personalidad y por su contribución al movimiento obrero en su país. En 1879 fundó en Ámsterdam un periódico, el Recht voor Allen, y se dedicó con la fe de un místico o un cruzado a impulsar la difusión de un socialismo humanitario, pacifista y anticolonialista, abandonando una prometedora carrera en la Iglesia.

En el año 1881 había cuatro grupos de tendencia socialista en los Países Bajos, en las cuatro principales ciudades: Ámsterdam, La Haya, Rotterdam y Haarlem. En ese momento decidieron unirse en la conocida como Liga Social-Demócrata (SDB), cuyo principal líder sería nuestro protagonista. La Liga defendía el reconocimiento del sufragio universal y la lucha obrera a través de las huelgas. La fuerza de la Liga era evidente, y lo prueba que comenzó a sufrir la persecución de las autoridades y la inquina de la prensa orangista. El propio Nieuwenhuis fue detenido y encarcelado porque, al parecer habría atacado a la realeza en un artículo, aunque no está muy claro que él fuera el autor de dicho artículo. Pero su suerte y la de la Liga cambiaron con la reforma electoral de 1887, que aumentó considerablemente el censo electoral. Eso permitió que pudiera ser elegido por una circunscripción de Frisia, manteniéndose como parlamentario hasta 1891.

Pues bien, justo en ese momento “El Socialista” se hacía eco de esa situación de Nieuwenhuis a través de una información publicada en Bélgica. Había sido condenado a un año de prisión. Los lectores españoles pudieron conocer el origen burgués de nuestro protagonista y cómo sus padres le encaminaron hacia la carrera eclesiástica. Muy pronto se destacaría como orador religioso de primera línea. Pero se convenció “por su profunda inteligencia y su amor a la justicia” que servir a Dios no era el medio adecuado para conseguir el “remedio a los sufrimientos humanos”. Fue el momento en el que se pondría a estudiar la cuestión social y el movimiento obrero alemán, entrando en relación con líderes obreros del país vecino. Eso le permitiría poner los cimientos del partido obrero en Ámsterdam, la Liga Socia-Demócrata, a la que nos referíamos al principio. “El Socialista” alude a su renuncia del cargo eclesiástico, con la consiguiente pérdida económica, unas tres mil pesetas, según el cálculo que se hacía de los guldens que, al parecer, cobraba por su responsabilidad religiosa. En el artículo se alude a la fundación del periódico aludido, una iniciativa que le causaría problemas económicos por los fuertes desembolsos que tuvo que hacer al principio. Pero eso no impediría que Domela Nieuwenhuis donaría el periódico a la organización fundada. Para “El Socialista” era una figura clave para entender el desarrollo del socialismo holandés.

Sabemos que, posteriormente, nuestro protagonista se desencantó muy pronto del parlamentarismo, ya que consideraba que el grado de corrupción de la política era enorme, por lo que el proletariado debía valerse de sus propias fuerzas. Nieuwenhuis adoptó una fuerte postura antiparlamentaria y una defensa del sindicalismo que, en cierta medida, fue evolucionando hacia el anarquismo, lo que le valió fuertes críticas desde la Segunda Internacional. En su periódico se dedicó a atacar a los socialistas belgas y alemanes por haberse “enfangado” en el parlamentarismo. A pesar de sus enfrentamientos y polémicas, Nieuwenhuis aumentó su popularidad entre los obreros y, sobre todo, entre los trabajadores agrícolas de algunas zonas del país. La clave de su éxito radicó en que conectó con estos sectores de la clase obrera que veían que solamente podían obtener mejoras salariales empleando la violencia y no participando en política. Nieuwenhuis consiguió que el Congreso de la Liga celebrado en Groninga en 1893 aprobara una resolución declarando que en adelante no se participaría en las elecciones, ni tan siguiera como un método para fomentar la agitación. Pero esta drástica resolución generó una intensa oposición de una parte de los socialistas, destacando la figura del marxista Frank Van der Goes. En ese momento comenzaron a perfilarse dos caminos. La Liga, con el apoyo de los sindicatos, agrupados en el NAS o Secretariado Internacional del Trabajo, fue evolucionando hacia el anarcosindicalismo, mientras que una gran parte de los socialistas fundaron el SDAP, es decir, el Partido Obrero Socialdemócrata.