HISTORIA DEL PARTIDO SOCIALISTA

El compromiso socialista

@Montagut5 | En estos tiempos tristes y hasta horribles de crisis del PSOE, al que este servidor pertenece, creo que es bueno recordar y reivindicar la importancia del compromiso político en clave socialista.

El compromiso socialista parte de la asunción de la importancia de la vocación política. Los socialistas pertenecemos al heterogéneo universo de la izquierda en la galaxia en la que la política es el instrumento de transformación económica y social más importante. Por eso, se luchó en el pasado por el sufragio universal y la democratización del sistema político y, por eso, cuando se ha accedido al poder, en sus distintas escalas, se han emprendido ambiciosas políticas reformistas, sin la tentación totalitaria que podían ser más propia de otras izquierdas. El socialismo democrático siempre ha reivindicado el genuino concepto de reformismo frente a la confusión actual promovida por la derecha que disfraza sus ataques al Estado del Bienestar y a las libertades con el uso de ese término.

Por otro lado, los socialistas siempre hemos sido defensores a ultranza del valor del compromiso político frente a los que desprestigian la política con la defensa del interés individual frente al bien colectivo, sin olvidar que la ambición personal subordinada a ese bien es muy legítima.

El compromiso de un verdadero socialista tiene que ver con el presente, mirando al futuro y en deuda con el pasado desde posicionamientos de izquierda, de progresismo, de combinación de las libertades con la igualdad, reivindicando la fraternidad. Algunos solamente hemos encontrado un lugar donde trabajar por estas causas, pensando en esos tres tiempos: presente, futuro y pasado. Y es espacio está habitado por rosas rojas porque un día comprendimos la necesidad de colaborar, sintiéndose en deuda con quienes tanto hicieron en circunstancias históricas infinitamente más adversas, y porque nunca nos hemos conformado con el presente, pensando en los que vendrían después.

El compromiso socialista exige tiempo, esfuerzo y dedicación, pero compensa siempre. El compromiso en la izquierda reformista es una opción contra la pasividad, el egoísmo personal y la apatía. El compromiso es servicio hacia lo público, hacia lo que es de todos y todas.

Los socialistas piensan en el pasado, algo que se critica mucho por parte de la derecha y de los que están a nuestra izquierda, olvidando que en las dos etapas democráticas de nuestra reciente Historia la socialista ha sido la opción que más ha luchado por una España mejor. Los socialistas se niegan, además, a renegar de sus compañeros y compañeras que en etapas de persecución sufrieron intensamente para que regresaran o se establecieran sistemas políticos democráticos y de convivencia. Un socialista combate con sus ideas a los que intentan imponer el imperio del olvido. Pero, sin lugar a dudas, los socialistas no añoran pasado alguno, porque defienden una opción muy presente para el futuro.

En estos tiempos de enfrentamientos lamentables no cabe mantenerse al margen. Este servidor no lo hace, porque cree que en este momento hay que respetar los procesos democráticos de forma escrupulosa. Si se desea cambiar líderes y políticas no pueden ni deben emplearse medios tan pocos claros como los que estamos viviendo y padeciendo. El secretario general es Pedro Sánchez y, con sus grandezas y miserias, lo es porque fue elegido por los militantes. Otra cosa es intentar no demonizar tampoco a los críticos. Debemos todos y todas aunar los esfuerzos y restañar las heridas, apelando, como hace el gran compañero Odón Elorza, a socialistas mediadores que busquen acercamientos de posturas. En este Partido los hay porque han demostrado talante conciliador y dialogante. El propio Odón Elorza da nombres y el mismo es un ejemplo de compromiso infatigable, de hombre crítico pero conciliador, de hombre que antepone los intereses generales tanto en sus distintas responsabilidades políticas como en el seno del Partido.

Una cuestión importantísima, pero que supera el marco de este artículo, es el análisis de las causas de este enfrentamiento. Las hay de dentro y fuera del Partido, hasta en un marco más general de crisis de la socialdemocracia clásica. Pero mi interés ahora es que los compañeros y compañeras intenten hablar, dialogar y llegar a una solución sin vencedores ni vencidos. Los militantes merecen por su compromiso esa solución pero, sobre todo, los ciudadanos y ciudadanas de este país, especialmente los que han visto y padecido con terror estos cuatro años de administración hiperconservadora en todos los campos, bien sazonados por el hedor de la corrupción. Los socialistas tenemos una grave enfermedad que tiene que ver con el ensimismamiento en determinados momentos para enfrentarnos. Hay que sobreponerse y practicar el compromiso socialista ya.

No puedo terminar este artículo, que ha pretendido ser comedido, sin dejar de recordar a quienes en momentos muy duros nos ofrecen ejemplos imborrables, que deben ser recordados por nuestros líderes, por los militantes y también por los ciudadanos. Ahora me llegan varios personajes socialistas a la memoria. Indalecio Prieto nos recuerda que la lucha por la igualdad no debe arrinconar nunca la de la libertad. No muy lejos, Francisco Largo Caballero nos advierte sobre el compromiso con los más desfavorecidos, y no nos olvida Juan Negrín que nos enseña que nunca hay que rendirse. Más lejos, muy lejos en el tiempo, Pablo Iglesias, “el abuelo”, el más humilde, desde aquel Hospicio, formándose en la adversidad, nos habla de la importancia de la educación y de la lucha, además de recordarnos que en un mes de mayo fundó algo en lo que seguimos creyendo. Y más cerca, mucho más cerca, nos llega la palabra de Tierno Galván para mostrarnos la importancia de una política audaz pero elegante y respetuosa con el contrincante. Y tantos y tantas que siguieron llevando la antorcha de las libertades y de la igualdad en tiempos grises de plomo, y que entre aguaceros y temores abrieron ventanas que ventilaron las habitaciones opresivas de un viejo país europeo.

El compromiso socialista mezcla, en fin, el ejercicio de la razón con la emoción de los sentimientos.