DESMEMBRAMIENTO DEL IMPERIO OTOMANO

El Acuerdo Sykes-Picot: el contexto histórico

No se puede entender lo que pasa hoy en relación con las complejas relaciones entre Occidente y el mundo islámico sin estudiar este acuerdo (1916), que obedeció a los intereses de Reino Unido y Francia.

Infografía: BBC
Infografía: BBC

Británicos y franceses, con el apoyo de la diplomacia rusa, diseñaron por su cuenta la situación futura del mundo árabe

El  Acuerdo secreto de Sykes-Pikot entre el Reino Unido y Francia, firmado el 16 de mayo de 1916, con la aquiescencia rusa e italiana, tiene una importancia capital en la Historia del Oriente Próximo, porque diseñó el mapa futuro que debía establecerse en esta vasta región del mundo cuando el Imperio turco-otomano, aliado de los Imperios Centrales, fuera derrotado en la Gran Guerra. Sin lugar a dudas no se puede entender lo que pasa hoy en relación con las complejas relaciones entre Occidente y el mundo islámico sin estudiar este acuerdo, que obedeció a los intereses de las dos grandes potencias europeas, aliadas en el conflicto, sin atender a las demandas árabes e islámicas. Iniciamos una serie de trabajos que intentan explicar cómo se gestionó este pacto, en qué consistió y qué consecuencias tuvo. En el primer trabajo intentaremos marcar el contexto histórico en que se fraguó.


Una vez que el Imperio Turco entró en la Primera Guerra Mundial del lado de los Imperios Centrales, el gobierno inglés comenzó a buscar el apoyo árabe, especialmente con el jerife de La Meca y sus hijos. En este sentido, Lord Kitchener, ministro de la Guerra, inició una intensa relación epistolar. Además se emprendió una política para favorecer a la población con envíos de alimentos, se planteó una campaña de propaganda política, muy en la línea del creciente papel de este tipo de guerra psicológica en aquel momento, etc..

Entre finales de 1914 y durante 1915 se dio un intenso debate en las negociaciones sobre el futuro del mundo árabe, aunque partiendo siempre de la base de la independencia del poder turco. Una tendencia defendía una unidad en forma de Confederación, manteniendo las provincias árabes, bajo una autoridad islámica, frente a la línea defendida por los políticos sirios más interesados en crear un Estado árabe único y sobre bases no religiosas. La postura que podríamos definir como arabista laica fue muy activa y ganó muchos adeptos pero, curiosamente, los británicos no eran muy partidarios de la misma. Londres temía la creación de un poderoso e inmenso Estado. Además, podría suponer un ejemplo que alentara los nacionalismos independentistas en otras partes de su vasto Imperio, especialmente en Asia. Los británicos intentaron esforzarse en evitar los contactos entre las dos posturas, pero con éxito desigual.

Londres consiguió, por su parte, que el jerife Husayn abandonara su neutralidad, gracias a las promesas que se hicieron sobre un futuro Estado árabe o una Confederación de Estados árabes independientes, aunque también es cierto que influyeron los problemas internos en Arabia, los intentos alemanes de establecerse en Yemen y la torpeza turca de intentar “turquizar” las provincias árabes de su Imperio. En el cambio de actitud influiría la figura de Faysal, hijo del jerife, que en junio de 1915 regresó a La Meca, ya que las negociaciones se aceleraron. En estas se estableció el tipo de ayuda militar que debía prestar el Reino Unido. Además se trató del papel de Francia y de sus intereses en Líbano, Palestina y Siria. Al parecer, tanto Londres como París se comprometieron con la autoridad árabe a dejar todas las provincias otomanas árabes del Próximo Oriente fuera del dominio turco, ya fuera como un Estado árabe o como una Confederación de Estados. Al final, en junio de 1916 el jerife llamó a la revuelta contra los turcos. Y mientras se desarrollaban estas negociaciones, los británicos y los franceses, con el apoyo de la diplomacia rusa, unas semanas antes de esta declaración de guerra árabe, diseñaron por su cuenta la situación futura del mundo árabe.