CREDIBILIDAD PERDIDA POR LA SOCIALDEMOCRACIA

La socialdemocracia europea: ¿de la retórica contra la austeridad a la práctica neoliberal?

Los discursos crecientemente críticos que los líderes socialdemócratas europeos estaban emitiendo frente las políticas de austeridad han sido barridos de un plumazo cuando ha habido que pasar de las palabras a los hechos.

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El debate público en Europa sobre la crisis griega ha puesto a la socialdemocracia europea en una difícil situación. Los discursos crecientemente críticos que los líderes socialdemócratas europeos estaban emitiendo frente las políticas de austeridad han sido barridos de un plumazo cuando ha habido que pasar de las palabras a los hechos.

Hace apenas un año Martin Schulz, candidato de los Socialistas Europeos a presidir la Comisión, recorría las calles de Lisboa dialogando con los ciudadanos portugueses sobre la necesidad de terminar con las políticas de austeridad impuestas por el programa de la Troika. Sin embargo, la semana previa al referéndum griego hemos visto como el máximo representante de los socialistas de toda Europa, ya investido como Presidente del Parlamento Europeo, hacía unas amenazadoras declaraciones: “Grecia deberá introducir una nueva moneda si este domingo triunfa el no”.

Con esas malintencionadas palabras Martin Schulz estaba vinculando la pregunta realizada por el gobierno griego, relativa a las políticas de austeridad que la antigua troika quería seguir imponiendo a los ciudadanos griegos, con la salida de Grecia del euro. Una intromisión inadmisible por quién debería representar al conjunto de los ciudadanos europeos. Hay que recordar que la propuesta del 25 de junio realizada por BCE, el FMI y de la Comisión Europea fue realizada sin plantear ninguna solución global a la reestructuración de la insostenible deuda griega. La expresión insostenible la utilizó el propio FMI en su Informe “Borrador Preliminar sobre el Análisis de Sostenibilidad de la Deuda Griega”, en el que reconocía que una quita de la deuda es inevitable.

¿Qué ha pasado durante este año para que se haya producido un giro tan copernicano en la misma persona, que encarna a los socialdemócratas europeos? Fundamentalmente lo que ha sucedido es que se ha pasado de la retórica utilizada en una campaña electoral a la realidad de la gestión de una crisis que puede terminar afectando a los fundamentos de Europa. En esta crisis las autoridades griegas tienen su parte de responsabilidad, pero no las actuales que llevan no más de seis meses en el gobierno, sino aquellas que formando parte de los gobiernos de Nueva Democracia (afiliada al Partido Popular Europeo) y del Pasok (afiliado al Partido de los Socialistas Europeos) propiciaron una deficiente gestión del Estado griego basada en el clientelismo político y un enorme falseamiento de las cuentas públicas. Pero en la actualidad cualquier economista que tenga un mínimo de ética reconoce que el creciente endeudamiento griego no es debido a los errores del pasado, sino que es fruto de unas políticas de austeridad dictadas por la antigua Troika que, empobreciendo a millones de ciudadanos griegos, han impedido el crecimiento de la economía. La caída del PIB griego ha sido de un 27% en los últimos siete años. Esas políticas de austeridad estaban basadas en el logro de un superávit primario por parte del Estado griego -que ha cumplido-, cuya principal finalidad era pagar los intereses de la deuda a los acreedores.

Por eso sorprende el silencio del gobierno socialista francés. Silencio, si exceptuamos las salidas de tono de Ministro de Economía, Emmanuel Macron, que asimiló a Syriza con el Frente Nacional. Tuvo que retractarse y pedir disculpas por esa boutade. Así como las declaraciones agresivas del primer ministro italiano contra el referéndum griego cuando él mismo ha reconocido que "La Europa del rigor no ha funcionado (...). Porque los recortes indiscriminados de la inversión son recortes del futuro, del crecimiento y de los objetivos de Lisboa". Por cierto, el actual gobierno italiano tiene un agrio enfrentamiento con los sindicatos italianos casi desde el minuto cero de su gestión.

Lo que no sorprende en ningún caso han sido las declaraciones y el comportamiento del socialista holandés, Dijsselbloem, exministro de Hacienda en el gobierno holandés y actual presidente del Eurogrupo, ya que en su momento firmó un manifiesto en el que cuestionaba el mantenimiento del Estado del Bienestar.

Lamentablemente la socialdemocracia europea, los socialistas holandeses, españoles, italianos, alemanes, franceses se han puesto de parte de los acreedores financieros, de los políticos alemanes más ordoliberales, como el Ministro de Economía Wolfgang Schauble. Es más, la cruzada anti-Syriza a la que se han apuntado tantos y tan renombrados líderes socialistas europeos, pudiera obedecer a un temor mayor: la capacidad de las sociedades europeas de reconstruir un discurso y una práctica política de izquierdas, netamente diferenciada de las políticas neoliberales dirigidas por la derecha alemana. Toda vez que en la gestión de la crisis y en el período precedente, la socialdemocracia ha renunciado a ofrecer a la ciudadanía un relato de la misma propio, diferenciado del relato de los partidos conservadores y, sobre todo, a articular y defender un proyecto alternativo a la austeridad a ultranza que está minorando los basamentos del modelo social europeo y la calidad democrática en toda la Unión Europea, como bien se puso de manifiesto con la reforma del artículo 135 de la Constitución española.

Sacando a Grecia del euro, o humillando al gobierno de Tsipras, se estaría mandando el mensaje de que ya no son posibles en el espacio político y económico de la Unión Europea las políticas socialdemócratas desarrolladas tras las Segunda Guerra Mundial, las que han dado lugar al modelo social y económico más equitativo y próspero del planeta, en el que el Estado del Bienestar y la concertación social con los sindicatos han sido los dos grandes pilares. Y que la socialdemocracia europea debe resignarse a unas políticas económicas que solo pueden tener ligeros matices con las políticas conservadoras, eso sí, con algo más de escrúpulos y de retórica. No parece que sea el mejor camino para recuperar la credibilidad perdida por la socialdemocracia europea desde que estalló la crisis financiera y que las próximas elecciones en Portugal y España pueden terminar por confirmar.