Noruega avanza hacia el tercer género oficial

Si queremos introducir una tercera opción es para aumentar las posibilidad de que las personas encuentren un estatus legal con el que encajen. En una sociedad moderna esto no debería ser un problema. Hay que dejar a la gente ser lo que sienta.

Una persona joven participa en la manifestación del Día Internacional de las Mujeres en Bergen (Noruega)./ Cristina E. Lozano
Una persona joven participa en la manifestación del Día Internacional de las Mujeres en Bergen (Noruega)./ Cristina E. Lozano

Un comité parlamentario ha rechazado la posibilidad de estudiar la introducción de una tercera categoría en los documentos oficiales, a propuesta del Partido Laborista, pero éste se plantea llevar la medida en su próximo programa electoral. Las asociaciones trans noruegas esperaban esa negativa, pero confían en que ese avance administrativo sea cuestión de tiempo. Mientras tanto, caminan hacia un reconocimiento social e institucional a las identidades no binarias.

La negativa noruega estaba cantada. “El Comité Familiar Parlamentario rechazó la propuesta del Partido Laborista. No me ha sorprendido porque los democristianos están bien representados en este comité y, por supuesto, se oponen a esta idea”, explica Jan Elisabeth Lindvik, la líder de Forbundet for Transpersoner i Norge (FTPN), una de las principales asociaciones transgénero de Noruega. “El Parlamento votó ‘no’ al tercer género legal el 7 de marzo, pero ya lo sabíamos de antemano porque había dejado clara su intención”, afirma Pernille Sivertsen, quien preside la Queer Youth Norway y lidera la Skeiv Ungdom (SkU). Sivertsen no oculta su pena: “Establecer una tercera categoría de género legal supone que el Gobierno reconozca la variedad de géneros existente. Estamos muy decepcionados”.

Lejos de dar un paso atrás ante esta negativa, la sección LGTB del Partido Laborista [en noruego Arbeiderpartiet, AP] insiste en que está dispuesta a seguir trabajando por la creación de una tercera categoría de género oficial en Noruega. Por esta razón, promete luchar por la inclusión de la propuesta de “investigar/estudiar la posibilidad de introducir una tercera opción de género” en el programa electoral del partido para 2017 – 2021. En la actualidad, el Partido Laborista forma parte de la oposición. El Gobierno de Noruega está en manos de una coalición formada por el conservador Partido Socialdemócrata [Kristelig Folkeparti, KrF] y el ultraderechista Partido del Progreso [Fremskrittspartiet, FrP] cuya cabeza es la conservadora Erna Solberg. Como acaban de demostrar en el Comité Familiar Parlamentario, ambos partidos están poco o nada dispuestos a estudiar si quiera la posibilidad de crear una tercera categoría de género oficial.

“Si queremos introducir una tercera opción es para aumentar las posibilidad de que las personas encuentren un estatus legal con el que encajen. En una sociedad moderna esto no debería ser un problema. Hay que dejar a la gente ser lo que sienta”, defiende Jon Reidar Øyan, presidente de la sección LGTB del Partido Laborista, en declaraciones a Pikara Magazine. Para Øyan, “el ‘sexo’, desde el punto de vista legal, es simplemente la manera en que el Estado identifica nuestro sexo en el sistema de seguridad social y los documentos identificativos. El ‘genero’ legal se vuelve relevante cuando tenemos que enseñar nuestras acreditaciones. Hoy todo el mundo puede elegir entre dos categorías, nuestra propuesta pretende dar una tercera a aquellos que la quieran. Se trata de permitir a la gente definirse a sí misma”.

La comunidad LGTB noruega valora este gesto político. Sivertsen se muestra optimista: “Si el Partido Laborista incluye la proposición de impulsar la creación de un tercer género legal en su programa electoral y no solo en su borrador, nos hará muy felices. Al ser uno de nuestros principales partidos políticos, tiene capacidad para impulsar la medida y dar ejemplo a otros partidos”. Lindvik lo ve con buenos ojos y los pies en la tierra: “Esto ayudará, pero no creo que de lugar a una nueva legislación la próxima legislatura”.

Lindvik cree que aún hay demasiados obstáculos para el establecimiento inminente de un tercer género oficial en Noruega, pero tiene clara la dirección en la que hay que trabajar: “El primer paso es resolver algunas cuestiones jurídicas que tienen que ver con la familia, la paternidad y la salud del tercer género”. Su asociación se ha unido con otras asociaciones para dar este primer paso. En ello están.

“FTPN, FRI [Foreningen for Kjønns og Seksualitetsmangfold, cuya traducción al español vendría a ser Asociación para la Diversidad de Género y Sexualidad], SkU y Skeiv Verden han unido sus fuerzas para impulsar este proceso. Se nos han asignado abogados para que nos ayuden. Esperamos tener resultados a primeros de mayo”, explica Lindvik a Pikara Magazine. Si todo va según su plan, de este trabajo saldrá un documento que será distribuido a todos los partidos políticos.

Pero la legalidad no es el único campo a trabajar de cara al establecimiento de una tercera opción de género en Noruega. Según Lindvik “hay personas trans que piensan que una tercera categoría de género les hará la vida mucho más fácil, pero no se han parado a pensar en los problemas que esto puede implicar”. En este sentido, desde su asociación esperan mejorar el trabajo en términos de información, comunicar adecuadamente lo que proceda sobre el tercer género y lo que implica de facto para la comunidad trans. También influir poco a poco en el cuerpo político para que, con el tiempo, sus iniciativas lleguen a buen puerto.

El tercer género en cifras

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Foto: Cristina E. Lozano

Nadie parece tener cifras oficiales sobre cuánta gente podría querer utilizar la categoría de tercer género en Noruega si esta se hace realidad. “Hasta ahora más de 500 personas han cambiado su género legal. No hemos hecho un estudio para ver cuanta gente elegiría una tercera categoría de género, pero tenemos razones para creer que sería un número similar”, señala Lindvik.

Sivertsen ve “imposible estimar a cuánta gente afectaría” la inclusión de una categoría legal para el tercer género, pero la cantidad no le parece relevante. “Lo importante es cada una de las personas que quiera cambiar su género lo pueda hacer. Eso es lo importante de verdad, los individuos a los que les concierne”, destaca. Øyan coincide en que, aunque beneficie a una minoría, “será maravilloso que lo que está escrito en el pasaporte concuerde con la identidad de género que la persona siente que tiene”.

En estos momentos, la propuesta por parte del Partido Laborista noruego es “investigar/estudiar la posibilidad de introducir una tercera opción de género”. Nada más. Preguntado sobre el contenido de la misma, Øyan  responde: “Necesitamos tiempo para descubrirlo”. Este debate y descubrimiento debería tener lugar durante el próximo congreso de la formación política, que se celebrará en Oslo entre el 20 y el 23 de abril.

Al margen de lo que haga este u otro partido político, Lindvik está convencida de que es solo cuestión de tiempo que el tercer género sea una categoría oficial en Noruega: “Hace cinco años nadie hubiese creído que en 2016 íbamos a tener una reconocimiento de género legal. Por eso pienso que una tercera categoría alternativa será aceptada por la sociedad y la clase política”.

Pronombre ‘hen’ y tercer género 

Los idiomas noruego, sueco y danés son tan parecidos que la población de estos tres países nórdicos pueden entenderse sin gran problema. En sueco, el pronombre personal para él es han, para ella hon. En noruego, el pronombre personal para él es han, para ella hun. A primera vista, tiene sentido pensar que la palabra hen pudiera servir como pronombre personal de tercer género en cualquiera de las dos lenguas.

“El pronombre hen se ha utilizado en Suecia durante mucho tiempo para describir a un sujeto sin género. Por eso, fue fácil empezar a utilizar este pronombre para un género no binario”, explica Lindvik. El líder del FTPN considera que en Noruega se están haciendo muchos esfuerzos por aplicar hen a las personas trans, pero no tiene claro si su uso se consolidará o no. “Si será un éxito, no lo sé. Quizá solo lleve un tiempo a la sociedad acostumbrase a usarlo. De momento, no es común que se use en el lenguaje hablado cotidiano. Pero como digo, puede ser cuestión de tiempo que se acepte. Especialmente entre la gente más joven”, opina.

No obstante, hay una gran diferencia entre usar el pronombre neutro hen e introducir una tercera categoría legal de género. Así lo destaca Sivertsen, quien lamenta que los medios de comunicación confundan ambos debates con frecuencia: “Muchos de nosotros preferimos el pronombre hen y lo usamos a diario. El parlamento no puede decidir que no utilicemos una palabra, la discusión sobre hen es si se debe o no introducir la palabra en el diccionario. Queer Youth Norway cree que se debería incluir”.

La líder de SkU y Queer Youth Norway cree que, por cuestiones lingüísticas, hen no sería la forma más apropiada para denominar una nueva categoría de género en Noruega. “Yo creo que deberían denominarlo ‘otros’, como ya han hecho en algunos documentos en los que uno tiene que escoger si es hombre, mujer u otro”, dice. A su juicio, de introducirse la tercera categoría de género, lo ideal sería que permitiera “cambiar su género legal a toda persona con género fluido, no binario, queer o cualquier otro”.

Otras prioridades en la agenda trans

El primer debate del año sobre la posible adopción de una tercera categoría de género en los documentos oficiales no ha armado revuelo ni en la sociedad ni en los medios de comunicación noruegos. No obstante, la comunidad transexual del país de los fiordos se muestra decidida y dispuesta a seguir luchando por el avance de sus derechos.

Ahora, la inclusión de esta tercera categoría de género no es la prioridad absoluta de las asociaciones transexuales del país. Para FTPN el objetivo más importante es ver cambios dentro del Sistema de Salud de Noruega, especialmente en su estructura. “Queremos, por ejemplo, que un médico de cabecera pueda suministrar un tratamiento hormonal. Las oficinas regionales de NAV [Nye arbeids og velferdsetaten, importante institución que regula gran parte de las ayudas económicas que concede el gobierno], pueden ayudar con los implantes de silicona, fijaciones, pelucas, etc.”, defiende Lindvik.

Tras muchos años de lucha a sus espaldas, Lindvik ha aprendido que la unión hace la fuerza: “No estamos solos en esta batalla. Somos capaces de cooperar con otras grandes asociaciones LGTB. ¡Continuaremos así!”. También que la lucha tiene que ser más decidida que nunca, que no es momento para dejar que las fuerzas flaqueen: “No podemos dar ningún derecho por hecho. Aún tenemos que luchar por ellos. Desafortunadamente, ¡en el mundo que nos rodea hay muchos Trumps!”

Fuente: Pikara Magazine