4 DE MARZO | ELECCIONES GENERALES

Italia y la desesperación de las promesas utópicas

El impasse y la desilusión del electorado han provocado una reacción grotesca de los partidos y coaliciones que han propuesto una serie de medidas desmesuradas.

El indiscutible ganador de la promesa más desmedida es el líder de Forza Italia, Berlusconi, que intenta captar el voto de la tercera edad

@AlessFaggiano | Menos de dos meses e Italia volverá a la inestabilidad e ingobernabilidad. Eso, por lo menos, es el escenario – al día de hoy – más plausible. Ninguna coalición conseguirá la mayoría necesaria para formar gobierno y tirar adelante. El último Gobierno que consiguió mantenerse de pie por una legislatura entera fue el ejecutivo Berlusconi (2001-2006). Las dos siguientes legislaturas se han caracterizado, por la típica inestabilidad italiana y cambios de camiseta “in itinere” de diputados y senadores.

Proprio el mismo cavaliere podría ser quién resuelva la más que probable parálisis institucional. El partido del eterno Silvio Berlusconi roza el 16% en los sondeos –recuperando terreno de la Lega, partido nacionalista de extrema derecha líderado por Matteo Salvini– y se erige como partido principal de la coalición de centroderecha. Además, es la única coalición que se acerca al porcentaje mágico del 40% (que otorga el “premio de mayoría”).

Las demás fuerzas en juego, cómo el poderoso Movimiento 5 Estrellas (primer partido en Italia), la coalición de la izquierda alternativa (por un lado) y del  actual partido de gobierno (por el otro), no tienen los números suficientes para tener mayoría en Parlamento, ni pueden acercarse a ese magic number.

El impasse y la desilusión del electorado han provocado una reacción grotesca: los partidos (y, más en general, las coaliciones), han propuesto una serie de “medidas desmesuradas”. Tan desmedidas y poco creíbles que los italianos se han burlado de esta ronda de promesas electorales.

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Berlusconi promete una subida de las pensiones mínimas a 1.000 euros. Una reforma que supondría un coste de más de cien mil millones de euros al año

El indiscutible ganador de la promesa más desmedida es el líder de Forza Italia. Aprovechándose de su experiencia, Berlusconi intenta captar el voto de la tercera edad (que, en un país que presenta una pirámide demográfica al revés, forma una parte importante del electorado). Como he referido en otro artículo, la estrategia del cavaliere se está revelando ganadora.

Quedando en la esfera del centroderecha, el líder de la Lega, Matteo Salvini, propone una reforma radical de los acuerdos que regulan la movilidad y asegura que las fronteras volverán a tener una función real de control. Además, prometió la abolición de la ley “Fornero” (así denominada por el nombre de la ministra que la propuso): una reforma que desestabilizó una determinada categoría de trabajadores – los que llamarán esodati -. La líder de la tercera fuerza de la coalición –Giorgia Meloni de Fratelli d’Italia – comparte un programa parecido.

La gran novedad de los últimos días es la propuesta (del centroderecha en su conjunto) de aplicar una flat tax: es decir, un arrivederci a un sistema de impuestos progresivos. Una medida que también podría costar muchos miles de millones de euros (se va de los 40 mil millones de euros hasta los 102 mil millones de euros).

Renzi apuesta por un incremento notable del salario mínimo

El ex primer ministro y actual Secretario General del Partito Democratico (PD), Matteo Renzi, intenta prometer lo menos posible, para que “hablen los hechos”. Confiando en una coyuntura económica favorable que ha permitido al país de salir de la recesión, Renzi propone, como mayor arma electoral, los números de la recuperación económica. Datos discutibles y que recuerdan los eslóganes del Partido Popular en la campaña del 20D. Sin embargo, el florentino no puede evitar caer en las promesas utópicas. En su caso, se trata de la subida del salario mínimo a 10 euros por hora. Una medida de difícil actuación, en particular por los efectos nefastos que podría tener sobre el empleo. Un guiño al electorado más izquierdista y socialdemócrata, ya desilusionado con el ex primer ministro.

Propuesta improbable, aunque no utópica, por parte de la izquierda alternativa

Más a la izquierda del centroizquierda, encontramos la coalición de Liberi e Uguali (Libres e Iguales). Tres partidos –Possibile, Sinistra Italia, Movimento Democratici e Progressisti– que busca ser la alternativa al PD. Tarea difícil, considerando la escasa confianza de los italianos hacia varios elementos que conforman la coalición de izquierda alternativa (en primer lugar, el histórico socialista Massimo D’Alema). La coalición propone, como candidato a la presidencia del gobierno, el ex presidente del Senado, Piero Grasso. Hombre de experiencia, respetado por su trabajo en el departamento antimafia. El mismo Grasso ha lanzado la “propuesta improbable” de LeU: abolir totalmente los impuestos universitarios. Una propuesta declarada de manera inesperada y que levantó la ironía de la web (en twitter empezó a circular el hashtag #aboliamoqualcosa, es decir: cada navegante propone abolir o eliminar algo).

A pesar de no ser una propuesta imposible (el coste anual por el Estado podría rondar los mil millones de euros), ha sido ampliamente criticada por las oposiciones y por algunos sectores de la misma izquierda alternativa.

El Movimiento 5 Estrellas empuja su propuesta más discutida: la renta de ciudadanía

Finalmente, los dirigentes pentastellati (pentaestrellados, así se denominan los electores del M5S) siguen intentando convencer el electorado a través de la integración de una renta de ciudadanía (en italiano, reddito di cittadinanza). Una tipología de ayuda que garantice a todos los ciudadanos unos ingresos mínimos. Una ayuda que se acerca más a la perspectiva de los estados de bienestar nórdicos, más que mediterráneos. Según los cálculos de los técnicos de partido y de las mismas comisiones del Estado, la maniobra podría valer alrededor de los 15 mil millones de euros. Una cifra mucho mayor respeto a la medida “estrella” (de momento) de LeU y, sin embargo, mucho más baja respeto al disparate del cavaliere Silvio Berlusconi.

Hay varias problemáticas ligadas a la renta de ciudadanía propuesta por el 5 Estrellas. Por ejemplo, la escasez de capital social; algo que se evidencia con mucho más vigor en el Sur de Italia, donde trabajar en  negro y buscar los huecos legislativos para aprovecharse de las ayudas está al orden del día. También, la posibilidad que introducir la renta haga disparar el ya insostenible nivel de desempleo.

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Una campaña de desilusión

Han pasado poco menos de 5 años desde las últimas, históricas elecciones generales. En esa época, el Movimiento 5 Estrellas se presentaba como “lo nuevo que habría echado a todo lo viejo”: una revolución democrática fundada en una democratización de la estructura organizativa y de la toma de decisión en sede parlamentaria. Después de un lustro, la carga del antipolítica se ha agotado. El líder y candidato del partido, el joven Luigi Di Maio, ha abogado por una postura más moderada: el 5 Estrellas ya no está en contra del euro (“un referéndum sobre la moneda única, en este momento, no es plausible”, afirma DI Maio) y quién quiera sumarse al barco pentaestrellado, podrá hacerlo después de las elecciones.

Los demás –aparte el inovador y pequeño experimento de Potere al Popolo – son, como he dicho, caras conocidas del gran público. El electorado italiano, más que en pasado, siente no tener alternativas reales y válidas, que ofrezcan otro modelo económico y social. Se espera una participación mucho menor respeto a las generales de 2013. En esa ocasión, votó el 75% de los ciudadanos con derecho a voto.


Alessandro Faggiano, politólogo y redactor jefe del periódico italiano Termometro Politico