ELECCIONES PARA EL BUNDESTAG

Alemania: grietas en la sacrosanta estabilidad

Merkel tendrá un cuarto mandato, pero a un precio considerable. 

Foto: Twitter
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La CDU apenas alcanza el 33%, pierde casi nueve puntos y tendrá 66 escaños menos, en claro beneficio de la derecha, liberal o xenófoba 

Al final, las elecciones alemanas no han resultado tan previsibles. Ciertamente, los pronósticos se cumplieron en lo fundamental –triunfo de Merkel, descenso de los dos grandes partidos y ligero ascenso de los pequeños-, pero el elemento sobresaliente ha sido el auge de la extrema derecha por encima de las previsiones.

Estas son las primeras conclusiones que pueden extraerse de la jornada.

1) MERKEL TENDRÁ UN CUARTO MANDATO, PERO A UN PRECIO CONSIDERABLE

La CDU apenas alcanza el 33%, pierde casi nueve puntos y tendrá 66 escaños menos, en claro beneficio de la derecha, liberal o xenófoba. Victoria amarga e incómoda. Las tensiones sociales no han podido ser tapadas con el discurso complaciente de Merkel. El malestar por la inmigración es el síntoma y no tanto el problema. Durante sus tres mandatos, la desigualdad social ha alcanzado niveles no conocidos desde la posguerra, aunque haya una percepción de bienestar y prosperidad en la mayoría de la población. Los votos que se le escapan a la derecha no podrá recuperarlos fácilmente a la izquierda. Angela Merkel está obligada a fuertes concesiones para seguir gobernando.

2) UNA COALICIÓN TRABAJOSA, INCIERTA E INESTABLE

Liberales y verdes se perfilan como los potenciales socios de la CDU para sumar la mayoría en el Bundestag. Sería la llamada coalición Jamaica, porque los colores de los partidos que la compondrían coinciden con los de la bandera del país caribeño (negro, amarillo y verde).  Difícil operación política, en todo caso: casi una cuadratura del círculo. Liberales y verdes se encuentran en las antípodas en política ecológica y migratoria. La consulta a las bases que las respectivas direcciones han anunciado para decidir sobre la entrada en el gobierno puede resultar un quebradero de cabeza para la canciller en funciones.

3) ¿FIN DEL MITO DEL BALUARTE DEL ORDEN LIBERAL?

Alemania no es tan distinta. A pesar de los intentos de no pocos analistas de presentarla como el baluarte del orden liberal frente a los populismos nacionalistas, xenófobos y antieuropeos, la realidad es que el electorado alemán no se ha comportado de manera diferente al de otros países europeos. Alternativa por Alemania (AfD) pasa de rozar el 5% en 2012 a arañar el 13% este año. Curiosamente, un porcentaje casi idéntico al obtenido por el Frente Nacional en la primera vuelta de las últimas elecciones legislativas en Francia. Un ascenso indiscutible, inquietante e imposible de ignorar o menospreciar. AfD se convierte en el tercer partido del país. Su discurso en contra de la inmigración y de la acogida de refugiados se ha instalado en una parte considerable de la sociedad alemana. Pero, además de eso, en AfD aparecen, cada vez con menos disimulo, actitudes y opiniones revisionistas del trauma alemán de los años treinta y cuarenta. Sin llegar, por ahora, a justificar el nazismo, algunos de sus dirigentes reprochan al sistema una excesiva autoflagelación, reprochan los complejos y la vergüenza y alientan la recuperación del orgullo alemán, con propósitos indefinidos.

4) FIN DE ERA PARA LA SOCIALDEMOCRACIA

El SPD sigue la senda desastrosa del resto de partidos homólogos europeo. Pierde cinco puntos con respecto a 2012 y se queda en el 20,5% de los votos emitidos, su peor registro desde el final de la guerra. Como se temía, la estrategia de la grosse koalition para moderar el efecto de la hegemonía de la derecha e introducir ciertos avances en política social o europea ha resultado del todo decepcionante. No extraña, por ello, que Martín Schulz anunciase en la noche del domingo que el SPD pasará a la oposición, sin duda alguna. Ni siquiera las apelaciones de Merkel a la estabilidad podrían modificar esta decisión. Algunos dirigentes querrían ese entendimiento con el centro derecha, pero la base es completamente opuesta, como ocurre en otros lugares de Europa. El fracaso en Alemania sanciona el final de una era en la socialdemocracia europea. El inesperado resultado favorable de los laboristas parece sugerir que sólo con un giro a la izquierda se podrá recuperar a un electorado desengañado y desmovilizado.

5) LOS MINORITARIOS DEBILITAN EL BIPARTIDISMO

Los tres partidos pequeños que aspiran a cuestionar el bipartidismo han obtenido unos resultados positivos. Los mejor parados han sido los liberales, que vuelven al Bundestag, y con fuerza. Rozan el 11% de los votos, serán el segundo partido de la previsible coalición y estarán en condiciones de obtener ciertas concesiones de Merkel en materia económica. La política de la canciller, deudora del cristianismo social, se había acercado mucho a las propuestas socialdemócratas, tanto por convencimiento cuanto por oportunismo político. Los liberales se sitúan a la derecha, al menos en el terreno económico y social, aunque en los asuntos morales presumen de posiciones más abiertas que los democristianos.

Los Verdes mejoran apenas unas décimas. La participación en una eventual coalición de gobierno amenaza con acentuar las divisiones ya evidentes en el partido. No debe darse por seguro una posición favorable de la militancia.

Finalmente, la izquierda también sube medio punto y tendrá cinco diputados más. No puede decirse que haya capitalizado el descenso del SPD. Con el 9% hará oír su voz contraria a la política económica y al proyecto europeo de integración anclado en las recetas de la austeridad. Pero no es previsible un acercamiento a los socialistas.

Alemania tendrá que combatir contra el sobresalto de la inestabilidad y deberá contener el populismo de los extremos. En el tablero político de mando se han encendido luces de seria advertencia. Los socialdemócratas no pueden seguir escondiéndose de una crisis y deben encarar una reflexión profunda. Merkel deja de ser incuestionable. El cuarto mandato de la canciller puede ser, como los de Adenauer y Kohl, el de su inevitable decadencia política. La excepcionalidad alemana se ha terminado.