El valor de la palabra dada en Castilla-La Mancha

Gustavo Palomares y María José Vicente | 

Foto: Twitter
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La candidatura de José Luis Blanco en Castilla la Mancha es parte inseparable de un proceso renovador que debe ir de abajo a arriba: desde los pueblos y regiones hasta el conjunto de nuestra realidad federal

Es claro que vivimos en un momento de crisis de la democracia y de los partidos políticos que de forma progresiva se han ido transformando en organizaciones en donde rige esa “ley de hierro de la oligarquía” que señalaba Michels de toda organización clientelar y jerárquica.

El triunfo de Pedro Sánchez y las distintas candidaturas que afrontan una alternativa en el liderazgo regional, como es el caso de José Luis Blanco en Castilla-La Mancha, son parte inseparable de un proceso renovador en los contenidos programáticos y, sobre todo, en las formas en la búsqueda de un nuevo modelo de partido más participativo y transparente con una estructura acomodada a los actuales retos que los partidos y la sociedad en su conjunto exigen. 

Este nuevo tiempo que defiende el PSOE en el ámbito federal como también en Castilla La-Mancha, parte de un diferente enfoque desde la consideración de una izquierda sólida y moderna, no sólo para combatir activamente los efectos perversos que la globalización especulativa causa en las clases más desfavorecidas dentro de nuestra diversidad territorial, sino también para poner en marcha un cambio en el funcionamiento del Partido Socialista que posibilite dar respuestas propias y lo más cercanas posible a la ciudadanía. Acabar con una socialdemocracia falta de propuestas ante una crisis global y unas “oligarquías” que detentaban el poder dentro y fuera del PSOE, lejos de una democracia participativa en la que el militante y el ciudadano pueda sentirse más directa y personalmente implicado en las decisiones políticas, a través de los principios de la transparencia y de rendición de cuentas.  

Volver a honrar la palabra dada sin caer en la tentación de perpetuarse en el poder, volver a ser un instrumento de cambio desde la izquierda en manos de la ciudadanía para dar una respuesta federal y descentralizada a sus necesidades y demandas, para de esta forma superar la mayor crisis en la que se encontraba la posición socialdemócrata en Europa y también el PSOE a lo largo de su vida democrática. Los presupuestos socialdemócratas en su complejidad estatal y regional no han sido capaces de acompañar y explicar el coste que tenía la capacidad “a cualquier precio” del neoliberalismo en adaptarse a los cambios globales y eso les llevó, de cara a la opinión pública, a verse como “aliados” nacionales y regionales de esas apuestas políticas neoliberales y a ir perdiendo su propio programa con el abandono progresivo por parte de su base social electoral en el conjunto del Estado y en las distintas regiones.  

Esta pérdida de confianza por parte de su electorado tradicional y de forma muy especial por parte de los jóvenes que se incorporan con desconfianza al proceso electoral, también es consecuencia de una estructura regional agotada y esclerotizada por los tradicionales hábitos de partido y también de las caras de siempre que han demostrado su gran capacidad mimética de adaptación a toda circunstancia o alianza propicia. Por no hablar de la desmoralización de los militantes en una parte significativa de las agrupaciones locales de las cinco provincias castellano-manchegas que se mueven entre el desánimo y el abandono, entre estructuras que no apuestan por la renovación ni la regeneración.  

En este escenario, la candidatura de José Luis Blanco en Castilla la Mancha, en coherencia y consonancia con su pleno apoyo desde el principio a Pedro Sánchez, a su equipo y al nuevo rumbo del Partido, es parte inseparable de un proceso renovador que debe ir de abajo a arriba: desde los pueblos y regiones hasta el conjunto de nuestra realidad federal. 

Parece claro que la nueva dirección federal no debe tomar partido ante las distintas candidaturas presentadas, pero también es evidente que deben apostar por aquellas personas leales que verdaderamente aseguren un cambio en el modelo de partido. No es una cuestión de personas, sino de proyecto, de creer en un modelo de partido, en un modelo de sociedad y querer llevarlo a la práctica. Eso es coherencia. En esta etapa de cambios, lo coherente es hacer prevalecer un verdadero proyecto de cambio que adapte las estructuras a los retos exigibles y que pueda rebajar la desafección ciudadana en la política, desde la confianza y la credibilidad en la palabra dada.

Hoy, después de la campaña de gran apoyo y en crecimiento de José Luis Blanco, la previsible victoria de un candidato “dado por muerto” de forma prematura por su enfrentamiento al “aparato” regional es muy previsible; una sorpresa como fue la de Pedro Sánchez, puede volver a repetirse en Castilla-La Mancha. Ya ha sido un paso importante defender un proyecto fiel a las resoluciones del 39º Congreso y que tiene proyección de futuro. Se trata, simplemente, de creer y hacer valer el compromiso en lograr que la militancia del PSOE sea la verdadera protagonista del proceso de renovación y reconstrucción política que ahora se necesita.


Gustavo Palomares, politólogo, natural de Villanueva de la Jara (Cuenca)
María José Vicente, politóloga, natural de Hellín (Albacete)