OPINIÓN | PEDRO L. ANGOSTO

La verdadera herencia recibida

Hace un año, un partido salido del seno del franquismo ganó las elecciones por mayoría absoluta. Los comicios le dieron el poder ejecutivo, pero el poder económico y otros poderes fácticos siempre habían sido sus compañeros de viaje, lo mismo que una moral inmoral que ha propiciado la prolongación en el tiempo de los hábitos y costumbres de aquél régimen esencialmente corrupto que, basado en la represión, transformó el país del amanecer republicano, en una ciénaga tenebrosa dónde todos los abusos eran fomentados desde el poder. El nepotismo, la corrupción, el chanchullo, la prevaricación sistemática, el imperio de los intereses de los más poderosos a costa de los del común, el uso de la Administración para fines particulares eran las señas de un régimen espurio que martirizó a los españoles durante más de cuarenta años y que sigue vivo gracias a los famosos pactos de la lamentable Transición. ¿Transición a qué? A otro régimen que al final de sus días está viendo, como si las aguas subálveas de un río se trataran, como afloran todos y cada uno de los vicios extremos de aquellos tiempos que algunos creíamos superados para siempre, no siendo el menor de ellos la tremenda y peligrosísima distancia que se está abriendo entre las clases dirigentes y la ciudadanía.

Mariano Rajoy es hijo de Mariano Rajoy Sobredo, presidente que fue de la Audiencia Provincial de Pontevedra por el franquismo, encargado de juzgar el escandaloso caso Redondela y de no aclarar nada sobre la desaparición de millones de litros de aceite de una empresa de la que era principal accionista Nicolás Franco Bahamonde. Con esos antecedentes, es fácil comprender la familiaridad del actual presidente del gobierno con determinados comportamientos, hábitos de conducta y doctrinas que están mucho más cerca de lo viejo y andrajoso que de lo nuevo y vital. Y todavía será más fácil entender su política como jefe del Gobierno si leemos este fragmento del artículo que escribió para El Faro de Vigo el 4 de marzo de 1983: “Ya en épocas remotas –existen en este sentido textos del siglo VI antes de Jesucristo- se afirmaba como verdad indiscutible, que la estirpe determina al hombre, tanto en lo físico como en lo psíquico. Y estos conocimientos que el hombre tenía intuitivamente –era un hecho objetivo que los hijos de “buena estirpe”, superaban a los demás- han sido confirmados más adelante por la ciencia: desde que Mendel formulara sus famosas “Leyes” nadie pone ya en tela de juicio que el hombre es esencialmente desigual, no sólo desde el momento del nacimiento sino desde el propio de la fecundación. Cuando en la fecundación se funde el espermatozoide masculino y el óvulo femenino, cada uno de ellos aporta al huevo fecundado –punto de arranque de un nuevo ser humano- sus veinticuatro cromosomas que posteriormente, cuando se producen las biparticiones celulares, se dividen en forma matemática de suerte que las células hijas reciben exactamente los mismos cromosomas que tenía la madre: por cada par de cromosomas contenido en las células del cuerpo, uno solo pasará a la célula generatriz, el paterno o el materno, de ahí el mayor o menor parecido del hijo al padre o a la madre. El hombre, después, en cierta manera nace predestinado para lo que habrá de ser. La desigualdad natural del hombre viene escrita en el código genético, en donde se halla la raíz de todas las desigualdades humanas: en él se nos han transmitido todas nuestras condiciones, desde las físicas: salud, color de los ojos, pelo, corpulencia…hasta las llamadas psíquicas, como la inteligencia, predisposición para el arte, el estudio o los negocios…”. No creo que lo que el propio Rajoy escribió de su puño y letra necesite comentario alguno de un simple ciudadano que jamás sería capaz de llegar a tan hondas y generosas reflexiones.

Pero Mariano Rajoy Brey, el presidente de los recortes, las privatizaciones y el empobrecimiento general de España, no estaba sólo, no podía estarlo, necesitaba gente a su lado porque él necesita andar despacio por la vida. ¿Dónde iba a elegir a sus colaboradores? Pues en los abundantes manantiales de las familias franquistas que procedían de una “estirpe” familiar similar a la suya. Por ejemplo, Alberto Ruiz Gallardón, personaje que consiguió que el Ayuntamiento de Madrid tenga el 25% de la deuda de todos los ayuntamientos de España. Alberto Ruiz Gallardón, se está destacando del pelotón ultraconservador que lleva al país al acantilado, y no es cosa rara, pues lo lleva en la sangre y jamás, como a ningún miembro de su partido, se le ha oído renegar o repudiar del régimen que contribuyeron a armar sus mayores. Su abuelo, Víctor Ruiz Albéniz, El Tebib Arrumi, fue uno de los mayores panegiristas de Francisco Franco, a quien presentaba en sus artículos y libros como un nuevo Pelayo, un Cid Campeador vencedor de los moros y de los rojos, aunque para vencer a los rojos ser sirviese de los mercenarios moros. Su padre, José María, que se movió en los círculos de Juan de Borbón, trabajó en el despacho del nazi Ramón Serrano Suñer y fue presidente de la Asociación de la Prensa franquista de Madrid. A Alberto Ruiz Gallardón nada del franquismo, le es ajeno, y ahí están, para demostrarlo, su tasas judiciales, sacadas de las leyes de la dictadura.

Por último, para no seguir haciendo semblanzas que harían interminable este artículo, hablaremos del hombre  providencial, del “gran factótum” que propició el reverdecer del franquismo y sus hábitos morales tras su victoria electoral en 1996. José María Aznar González, es nieto de Manuel Aznar Zubigaray, quien pasó del carlismo al ala más radical del PNV, para luego hacerse republicano y más tarde pasarse a las filas de Franco para salvar España, dejando escritos libros tan maravillosos como Historia de la Cruzada. El padre de José María, Manuel Aznar Acedo, Oficial del ejército africanista que se rebeló contra la legalidad republicana, fue siempre hombre del régimen, jefe de Falange y encargado de Radiodifusión y Propaganda, dirigiendo más tarde por orden divina Radio Nacional y la Cadena Ser. En fin que con esos mimbres, tal como decía Mariano Rajoy al hablar de las estirpes, sólo se pueden hacer unos determinados cestos, los cestos de la especulación, la estafa financiero-ladrillera que nos ha traído hasta aquí, y los de la corrupción institucionalizada. Esa sí que es la herencia recibida, la verdadera, la que nos tiene postrados.

Respecto a la otra herencia, esa de la que habla constantemente el señor que quiere entregar la Sanidad, la Educación, las Pensiones y demás prestaciones sociales públicas al lucro privado, la del Sr. Zapatero, recordarle al Presidente las cifras de Deuda Pública heredadas hace tan solo un año; los casos de corrupción de su partido, mención especial a la Comunidad valenciana, que están hundiendo a la ciudadanía en el descreimiento hacia la política y los políticos; el Estatuto de Catalunya, ya menguado, que recurrió al Constitucional y cuya sentencia absurda ha desatado, junto a la demagogia de la derecha catalana, un conflicto severo con ese Territorio; la ley de Dependencias que ha triturado dejando a cientos de miles de personas necesitadas a la interperie de sus últimos años; el recurso presentado contra la ley de matrimonios entre personas del mismo sexo y los sesenta y siete mil millones de euros que recibió del fondo de reserva de las pensiones que, de seguir al actuar ritmo, destruyendo empleos, recortando y disminuyendo el consumo interno de forma brutal, dilapidará en menos de tres años sin el menor complejo.

Señor Rajoy, por favor, no hable usted de herencias recibidas. Ustedes han gobernado España desde Pelayo y Wifredo el Pelós, ustedes creen en estirpes superiores e inferiores, ustedes entregan a la Iglesia católica miles de millones de euros para perpetuar sus privilegios, ustedes sólo aplican, y con mano de hierro, la parte de la Constitución de 1978 que no es constitucional; ustedes gobiernan España a golpe de porra y de ERE; ustedes nombraron ministro de Educación a un señor llamado Wert; ustedes no han condenado nunca la criminal dictadura franquista y, en fin, ustedes son nuestra maldita herencia recibida.