EL 0,4% DE POBLACIÓN POSEE EL EQUIVALENTE AL 54% DEL PIB

Descodificando la desigualdad en España: Riqueza y bien común

Recientemente hemos sabido que el número de super-ricos, aquellos con un patrimonio superior a los 700.000 euros, ha crecido en más de 58.000 personas en los últimos cuatro años.

Las personas que cobran menos de 1.000 euros mensuales (que podemos entender están en el umbral de pobreza) han aumentado en 1,4 millones en los mismos cuatro años, por lo que podemos hacernos una idea de que no sólo nuestro país es muy desigual, sino que cada vez lo es más

Por Miguel Alba | Recientemente hemos sabido que el número de super-ricos, aquellos con un patrimonio superior a los 700.000 euros, ha crecido en más de 58.000 personas en los últimos cuatro años. Algunos lo ven como una buena noticia. Claro, que haya más ricos es bueno, siempre. Pero si añadimos que ese es un panorama en el que el 0,4% de población posee una riqueza equivalente casi al 54% del PIB de nuestro país, a más de uno se le helará la sonrisa.

Este dato da una idea de las cotas de desigualdad en nuestro país. Pero además las personas que cobran menos de 1.000 euros mensuales (que podemos entender están en el umbral de pobreza) han aumentado en 1,4 millones en los mismos cuatro años, por lo que podemos hacernos una idea de que no sólo nuestro país es muy desigual, sino que cada vez lo es más. 

Claramente, podemos decir que la tan cacareada recuperación económica sólo ha llegado a unos pocos y se ha producido a expensas de los más vulnerables. Y parece necesario resaltar una vez más que el hecho de que haya más ricos no significa que haya más riqueza para todos. Más bien es al revés, cuanto más tienen unos pocos, menos tiene el resto, y el crecimiento de la economía, lejos de evitarlo, lo acentúa.  

Evidentemente esto no tiene porqué ser así. Es perfectamente posible un crecimiento inclusivo de la economía, de modo que todos veamos mejorar nuestra situación, no sólo unos pocos. Un sistema fiscal justo y progresivo es la mejor garantía para conseguirlo a falta de un modelo económico que per se no sea reproductor de desigualdad. 

No, los impuestos no son un freno al crecimiento. Ni tampoco distribuir riqueza es incompatible con crearla. De hecho, el FMI, ese nido de heterodoxos y antisistema, alerta de que unas altas cotas de desigualdad son una clara amenaza para conseguir un crecimiento económico robusto. Además, un estudio reciente del mismo FMI concluyó que aumentar el poder adquisitivo del 20% más pobre de un país genera crecimientos mayores del PIB. 

Lo cierto es que actualmente el sistema tributario de nuestro país presenta graves deficiencias para que resulte un sistema progresivo, es decir, para que la propia forma de recaudar impuestos contribuya a reducir las desigualdades. Baste como ejemplo el dato de que en 2015 las pymes pagaron un 12% de sus beneficios en el impuesto de sociedades, mientras que los grandes grupos empresariales sólo lo hicieron un 7%. Es evidente que si las empresas pequeñas tienen que hacer mayor esfuerzo fiscal que las grandes empresas algo está fallando, al menos si pretendemos reducir las desigualdades y no aumentarlas.

En 2015 las pymes pagaron un 12% de sus beneficios en el impuesto de sociedades, mientras que los grandes grupos empresariales sólo lo hicieron un 7%

Pero volviendo al aumento del número de ricos, pongamos el foco en el Impuesto de Patrimonio. Ante la inmensa concentración de riqueza que hay en nuestros país, lo justo y razonable es tratar de equilibrar un poco las cosas y aplicar unas dosis de justicia redistributiva. Ante el aumento de personas en el umbral de la pobreza esto es todavía más acuciante. Por todo ello, gravar la concentración de riqueza como hace el impuesto sobre patrimonio es una forma de que esa concentración contribuya al bien común en alguna medida.

Lamentablemente, se trata de un impuesto que muchos se quieren cargar. Lo hizo el gobierno de Zapatero, aunque luego reculó cuando el déficit se empezó a desbocar. Y la Comunidad de Madrid tiene bonificado ese impuesto al 100% lo que supone renunciar a casi 800 millones de euros que se podrían recaudar y solo afectaría al 0,2% de la población. Ahora el gobierno de La Rioja ha anunciado la eliminación del impuesto sobre el patrimonio el año que viene, mostrando de forma nítida cuáles son los intereses a los que sirve. 

Y lo peor es que lo venden como una bajada de impuestos para todos. Y eso es una falacia. Está claro que no es “para todos”. Que levante la mano quien tenga un patrimonio de más de 700.000 euros y, además, bajar impuestos no es intrínsecamente bueno. Tras casi una década de recortes, de desmantelar servicios públicos y una desigualdad galopante nos debería quedar bien clarito. ¿Qué más es necesario para acabar de convencernos?