OPINIÓN | GUSTAVO VIDAL MANZANARES

Cría ricos y te comerás sus crisis

El multimillonario Johh Pierpont Morgan definió la riqueza como “la recompensa del esfuerzo y la virtud”. No le faltaría razón al financiero si hubiera completado la frase: “la recompensa del esfuerzo y la virtud… de otros”.

Así, pensemos en las fortunas del ladrillo, amasadas con el sudor de millones de ciudadanos anónimos estrujados por una hipoteca. Observemos los imperios industriales forjados sobre risibles salarios en Europa y EEUU o, peor aún, sobre mano de obra esclava en el tercer mundo, en barracones oscuros y húmedos donde niños y mujeres pudren sus retinas y quiebran sus huesos confeccionando ropa, calzado o piezas para la industria.

Imaginemos un lugar olvidado de África donde se descubren materias primas. Cerremos los ojos y al abrirlos contemplaremos niños armados, bandas de mercenarios sin alma, hambrunas, desplazamientos masivos y sangre, mucha, mucha sangre.

A día de hoy, grandes especuladores que se enriquecieron en la bolsa de Nueva York a costa de millones de personas, han decidido emplear su “esfuerzo y su virtud” especulando ahora con cereales en los lugares paupérrimos del planeta… ¿Cuántos cientos de millones de hombres, mujeres y niños van a morir de hambre los próximos años para que esta canalla engorde sus cuentas corrientes y sus barrigones?

Ante esto, el inolvidable Pablo Iglesias Posse ya abogaba por el intervencionismo del Estado hace más de un siglo en La Revista socialista (1-IV-1905) y en cientos de artículos en El Socialista. Curiosamente, desde el PP, cuando estaba en la oposición, no paraba de repetir: ¿Qué hace el gobierno frente a la crisis? Repitían la frase, como el loro del pirata Patapalo, sin avergonzarse. 

Sí, los mismos que defendían el “mercado libre” y la “no intervención del Estado en la economía”, quienes se masturbaban la mente con las salmodias neoliberales de “menos Estado y más mercado”, “flexibilidad laboral”, “despido libre”, “moderación salarial”… Pero bueno, ¿en qué quedamos? De manera que el Estado (o sea toda la sociedad) debe solucionar el estropicio que perpetran estas políticas del neoliberalismo. Sí, ese inmenso engañabobos que sirve para bañar en oro a unos pocos, repartir migajas a sus palanganeros y arruinar a la mayoría o, como dicen los anarquistas: “Cría ricos y te comerán las crisis”.

Necesitamos otro gobierno, sin duda, un gobierno que intervenga. Por supuesto, pero para aplicar sin timidez las recetas del socialismo democrático. No hay otra alternativa.Y es que el “individuo”, el “hombre hecho a sí mismo”, es una falacia. Todo hombre de negocios se ha servido de una amplia infraestructura que los contribuyentes han sufragado. Se han enriquecido sobre la base de lo que muchas generaciones han construido y, por supuesto, sobre el trabajo de millones de personas. Si a estas alturas de la función alguien no es capaz de ver esto y se sigue tragando las coplas del cancionero neocon es porque algo se le ha gripado bajo el cuero cabelludo.