LA DEUDA PÚBLICA ALCANZA EL BILLÓN DE EUROS

Bajar impuestos no es solución, sí lo es una reforma fiscal de verdad

Xavier Caño Tamayo | La rebaja fiscal de 2.000 millones de euros para 2018 pactada por PP y C's beneficiará tanto un trabajador en paro como a la señora Botín, accionista mayoritaria del Santander.

Mariano Rajoy y Albert Rivera en el Congreso. (Foto de archivo)
Mariano Rajoy y Albert Rivera en el Congreso. (Foto de archivo)

Las rentas altas cada vez pagan menos impuestos, el capital paga poco y las multinacionales eluden millones. La insuficiencia fiscal mueve a los estados a endeudarse

En España, la deuda pública no cesa de aumentar exponencialmente desde hace un tiempo y no parece que vaya a cambiar. Hoy la deuda pública española es algo más de un billón de euros: 100,4% del PIB.

En ese escenario de deuda que aumenta y recaudación fiscal penosa (por ejemplo, la escasa recaudación del impuesto de sociedades), al Gobierno del PP, con Ciudadanos, no se le ocurre otra cosa que bajar impuestos. Ambos partidos han pactado una rebaja fiscal de 2.000 millones de euros para 2018 con la entrega de un cheque fiscal anual de 1.200 euros como ayuda para que pagar menos IRPF, restado el cheque del resultado de la declaración. El cheque fiscal se entregará a unas 700.000 personas con dependientes a su cargo o personas con familia numerosa. Lo malo de esa ayuda es que la cobrará tanto un trabajador en paro como un comercial con pérdidas, un industrial con beneficios, un asalariado con trabajo temporal precario o la señora Botín, accionista mayoritaria del banco Santander. La ayuda no distingue situaciones de diversos ingresos. Por tanto, ayuda fiscal injusta por falta de progresividad, principio que tiene en cuenta los ingresos y la riqueza habidos para pagar impuestos y recoge la Constitución Española, por cierto.

El referido aumento de deuda pública tiene todo que ver con la insuficiencia de los impuestos que se recaudan. La actual fiscalidad del Reino de España es regresiva, injusta, desequilibrada e insuficiente. Además de muy complaciente con quienes eluden pagar millones de impuestos (aunque deberían) con malabarismos contables y asesores fiscales de elevados honorarios. Y que haya esa fiscalidad y no otra a favor de la ciudadanía no es porque sí. Obvio. Responde a la ideología neoliberal acaparadora de los partidos como el PP y los grupos sociales cuyos intereses defienden a capa y espada.

En cuanto a la burda presunción de que bajar impuestos es bueno para la economía, una de las razones esgrimidas desde hace décadas para justificar las rebajas de impuestos a los ricos es que eso es bueno para la economía, porque el dinero que los ricos ahorran por no pagar impuestos lo invierten y crean empleo. Falso. Lo demostró un diario tan poco sospechoso de izquierdismo o de anti-capitalismo como The Wall Street Journal. El diario analizó la presidencia de Bush hijo, que rebajó los impuestos a los ricos y muy ricos, y demostró que ese período, cuando los ricos pagaron menos impuestos, fue el de menor creación de empleo de la historia reciente de EEUU.

El Estado no puede seguir recurriendo a la deuda y, para evitarlo, la fiscalidad ha de ser justo lo contrario de la actual. En la actualidad se gasta en función de lo que se recauda, pero debe ser al revés: recaudar para atender los gastos necesarios en unos presupuestos justos. Es el principio de suficiencia fiscal. Además de no pagar deudas ilegítimas y reestructurar el resto de deuda, sin descartar una rebaja de la misma, pero eso es cuestión de otro escrito.

Por tanto, la solución no pasa por rebajar impuestos sino por una verdadera reforma fiscal, recordando que reformar significa cambiar algo para mejorarlo. Una reforma fiscal que ha de basarse en los impuestos directos como principal fuente de ingresos y reducir los indirectos, por no ser equitativos y ser regresivos.

Una verdadera reforma fiscal ha de suprimir la postura favorecedora a las rentas del capital. ¿Por qué han de pagar menos impuestos o no pagar los beneficios del capital? Y una auténtica reforma fiscal ha de establecer un Impuesto a las Transacciones Financieras, además de eliminar los privilegios fiscales de entidades como las SICAV cuya tributación es tan ridícula que parece un insulto.

Una verdadera reforma fiscal ha de restablecer los impuestos sobre Sucesiones, Donaciones y Patrimonio, desaparecidos de hecho en algunas comunidades autónomas gracias a bonificaciones y exenciones. Y la verdadera reforma fiscal ha de incluir un programa de lucha implacable contra el fraude fiscal, la evasión de impuestos, que suma unos 40.000 millones anuales de euros de los que 72% lo evaden las grandes fortunas y corporaciones multinacionales, además de grandes empresas.

El sindicato de técnicos de Hacienda (GESTHA) ha advertido una vez más que bajar impuestos no es buena medida para aumentar la demanda y la actividad económica. La buena medida es una verdadera reforma fiscal justa, progresiva y suficiente. Porque las rentas altas cada vez pagan menos impuestos, el capital paga poco y las multinacionales eluden millones. Entonces la insuficiencia fiscal mueve a los estados a endeudarse. Y le deuda pública no deja de ser una transferencia de la riqueza del Estado (de la ciudadanía) a la minoría que controla la economía.