UGT, CCOO y echar perlas a los cerdos

| 08 Mayo 2013 - 18:55 h.

No es justo que los beneficios de las huelgas y negociaciones recaigan sobre quienes no han secundado paros y ni tan siquiera están dispuestos a pagar una cuota

En su inolvidable obra La forja de un rebelde, Arturo Barea refiere una reveladora conversación entre dos trabajadores de principios del siglo XX:

“Tenemos una sociedad de asistencia médica que se llama Mutualidad Obrera, que es la mejor que hay en España. Te dan todo: los mejores médicos, la botica y el sanatorio para operarte. Hasta un socorro si pierdes el jornal por estar enfermo. Pero para ser socio tienes que estar afiliado a la UGT”.

Me vino a la mente la anterior conversación al hilo de la última —y también reveladora— encuesta del CIS donde se suspende con muy deficiente a los sindicatos (imperfecto valladar frente a la explotación, pero valladar a fin de cuentas) mientras se otorga la más alta nota a la policía, guardia civil y ejército, instituciones de "acrisolada trayectoria en la lucha por los derechos humanos", siempre prestas a la defensa del obrero frente a la banca y el gran capital, como bien sabemos.

En base a lo anterior, considero, y lo expreso con palabras del Evangelio, que los sindicatos, a día de hoy, “tiran perlas a los cerdos”. Y, de paso, comparativamente, nos agravian a quienes sí estamos dispuestos a luchar y resistir.

Sin ambages: no es justo que los beneficios de las huelgas y negociaciones recaigan sobre quienes no han secundado paros y ni tan siquiera están dispuestos a pagar una cuota. Los alemanes, pueblo disciplinado y con una legendaria tradición de lucha obrera, lo comprendieron hace tiempo. De ahí que su sistema sindical siga siendo robusto y eficaz.

Ciertamente, algunos comenzamos a estar muy hartos de adherirnos a huelgas mientras el resto de “compañeros” (es un decir) acuden al trabajo. Perdemos el salario de ese día pero si se consigue algo es para todos. Incluso para los insolidarios. Pagamos nuestra cuota, pero los sindicatos negocian para todos y las mejoras que se consiguen (más bien las que se han conseguido) se extienden a los otros. No es justo.

Además, las excusas de estos últimos respecto a las huelgas resultan pestilentes, irritantes, deplorables: “no me puedo permitir perder un día de haberes” (no, pero luego, por no ir a la huelga, te robarán el salario de un mes… ¡imbécil!); o “tengo que cuidar a los “niiiiños” (esto último suele alegarse prologando las íes y afectando ternura). Hasta donde yo sé, la ocupación de “canguro” no ha sido aún ilegalizada. Pero aquella hez de egoístas, que se escuda en los “niiiiños” debería ser la primera en secundar paros, huelgas y movilizaciones. Por ellos… y por sus “niiiños”.

Sin embargo, posiblemente, la cobardía y egoísmo de muchos trabajadores se revela más con las frases de “yo con los sindicatos no voy a ninguna parte”, “pero si son todos unos vagos, que solo buscan liberarse y chupar de subvenciones”, así como estupideces similares, que solo evidencian falta de agallas, estúpido individualismo y una alarmante miopía mental. Eso sí, ninguno renuncia a lo conseguido mediante las movilizaciones y huelgas... de los otros.

El sistema sindical que resultaría más adecuado

A mi juicio, la estrategia sindical seguida hoy no resulta operativa. No se ajusta a los usos sociales. Básicamente porque la mayoría de los trabajadores no es consciente de la función que los sindicatos desempeñan. Se mantienen en la untuosa y cómoda senda del “que me den”, “que me adscriban”, “que me mejoren”… pero sin aportar a cambio más que insolidaridad y críticas descerebradas… los sindicatos deben tronchar esta dinámica. De lo contrario, tiran perlas a los cerdos y desgastan las siempre escasas energías.

¿Cuál debería ser la estrategia, el sistema? Entiendo que, al igual que la UGT pura de los comienzos, las mejoras deben negociarse y obtenerse tan solo para quienes paguen su cuota y secunden huelgas y movilizaciones.

Y, créanme, no defiendo ninguna salvajada. De hecho, es el sistema que se sigue en otros países. Y por varias razones resulta mucho más eficaz. Veamos…

En primer lugar, sería mucho más sencillo conseguir mejoras para mil que para diez mil. Cualquier empresa o Administración cedería más fácilmente ante una mejora para mil que para diez mil, obviamente. Y el resto, aprendería “lo que vale un peine”.

En segundo lugar, lo anterior concienciaría a muchos trabajadores de algo trascendental: la importancia de la unión y la sindicación frente al egoísmo, y la cara dura de quienes atacan a los sindicatos pero se apuntan a las mejoras.

En tercer lugar, finalmente, los trabajadores comprenderían que afiliándose pueden obtener más que mediante el individualismo y la insolidaridad. Lección que, hoy, es tal vez la más importante que los trabajadores pueden recibir.

Por todo lo anterior, considero que no estaría de más que se abriera ya de un debate sobre lo este tema. Melón que considero debe abrirse con la mayor urgencia. Antes de que se pudra.

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