ANÁLISIS DE LA FORMACIÓN PROFESIONAL EN ESPAÑA

La formación profesional es un derecho, no una mercancía

No progresaremos ni abandonaremos la imbecilidad, si no se hace carne la idea de la importancia de la formación profesional como clave de la productividad y la competitividad.

En suma, ausencia de prestigio social y de inversiones adecuadas y suficientes. Una vuelta al 70 con la FP Básica, una FP Dual sin contrataciones obligatorias, fraudes en los contratos de formación y aprendizaje

La formación profesional en su conjunto, tanto la del sistema educativo como la formación para el empleo para los trabajadores y las trabajadoras en activo o en desempleo, no tendrá un sitio adecuado en nuestro sistema productivo mientras perduren dos vertientes de la imbecilidad que diría González Muntadas [1].

Por un lado, la losa de desprestigio de la Ley de 1970 con la FP I, degradada como vía para el alumnado que no aprobaba la EGB, que ha perdurado a pesar de que desde 1991 hay que tener aprobada la ESO (o sea dos años más de enseñanza básica). Los ciclos formativos de grado medio además de subir el nivel están diseñados en base al Catálogo Nacional de las Cualificaciones (ley 5/2002), al igual que los ciclos formativos de grado superior, que se accede con el bachillerato actual (COU de antes) y se reconocen créditos en la universidad. El índice de inserción laboral es alto pero no se invertido para ampliar ofertas y continuamos con gran déficit de titulaciones para las familias profesionales industriales. En suma, ausencia de prestigio social y de inversiones adecuadas y suficientes. Una vuelta al 70 con la FP Básica, una FP Dual sin contrataciones obligatorias, fraudes en los contratos de formación y aprendizaje.

Por otro lado, la cultura empresarial de la ganancia rápida y los bajos costes laborales, abonada por la reforma laboral, genera un tipo de empleo absolutamente contrario al círculo virtuoso de trabajo decente-formación y cualificación-I+D+i- productividad-valor añadido. Un contexto como ese no favorece las inversiones en formación para el empleo, ni públicas ni privadas. Las políticas activas de empleo, con fondos europeos, se han transformado en la mayor fuente de desregulación y privatización, un nuevo negocio no exento de irregularidades. Ahora, con la ley 30/2015 y en breve con su Real Decreto en marcha, no sólo ha sido un fracaso como ha denunciado CCOO, sino que se insiste (con poca oposición lamentablemente) en el desarrollo del “cheque formación” para personas en desempleo. 

En un sistema que ha entregado a las Agencias de colocación, ligadas a ETTs y a entidades privadas de formación, la orientación laboral y la inserción, en un sistema público de empleo abandonado y dedicado a tramitar el paro o derivar a cursos sin conexión con la historia profesional en muchos casos, sin ofertas adecuadas y menos suficientes con el elevado porcentaje de paro y sin conexión con las necesidades del sistema productivo. Ahora, por presión de las organizaciones sindicales se incorpora a los centros públicos, pero seguirá prevaleciendo la oferta privada, en la medida en que (sin un sistema integrado de orientación profesional público) el “cheque de formación” seguirá alimentando el negocio, seguirá alimentando la individualización, la compra y la venta, la trampa de “elegir”, en suma el neoliberalismo. Si toda la izquierda política y sindical se ha opuesto al cheque escolar o a la privatización de la sanidad ¿por qué no se oponen de forma radical a lo mismo en la FP?

Al igual que la educación, la formación profesional a lo largo de la vida, es un derecho fundamental. Es necesario recurrir a la Organización Internacional del Trabajo, con el respaldo de autores de la talla de Amartya Sen [2] para demostrar que el derecho a la formación profesional como un derecho humano, como un derecho fundamental, no es una ocurrencia de defensores de los derechos laborales.

“Actualmente la formación profesional es considerada como un derecho fundamental de los trabajadores -recogida como tal en múltiples Pactos y Declaraciones de derechos humanos, así como en creciente número de Constituciones-, y al mismo tiempo como un instrumento económico que forma parte de las políticas de empleo y de las estrategias de productividad y competitividad de las empresas. Si a esto se suma que en la sociedad del conocimiento el papel de la educación, la formación y la formación continua es esencial, parece claro que no es posible, hoy, apuntar a un trabajo decente sin formación profesional” [3]

Porque, además para asumir de forma justa y equitativa los procesos basados en el conocimiento, en los cambios científicos y tecnológicos, la digitalización de los servicios o la industria 4.0, es imprescindible contar con la formación profesional como garantía de equidad y calidad

Por eso, la Fundación Europea para la mejora de las condiciones de vida y de trabajo indica que: “Los recursos humanos son valorados como un factor estratégico clave para la competitividad y el progreso de la empresa, por lo que el desarrollo del personal y de las competencias se suele integrar en la gestión de la estrategia empresarial. Es importante la identificación de las necesidades individuales, de equipo y organizativas en lo que respecta  a las cualificaciones y las capacidades” Pero, “la mayor rotación del personal reduce el incentivo de invertir en capital humano, tanto desde el punto de vista de la empresa como del trabajador, reduciendo así la productividad”

No progresaremos en este sentido ni abandonaremos la imbecilidad, si entre los gobiernos, los políticos y el empresariado, en las entidades dedicadas a estas cuestiones, en las organizaciones sindicales, no se hace carne la idea de la importancia de la formación profesional como clave de la productividad y la competitividad, basada en considerarla un derecho fundamental. Si no se identifica de una vez por todas, la relevancia de las políticas públicas que garanticen ese derecho.

 “las democracias avanzadas basadas en modelos sociales demuestran una mayor consideración tanto hacia el trabajo decente como hacia la formación profesional. Por contraposición  los modelos ultraliberales o de condiciones infrahumanas de trabajo,  se asientan sobre la baja cualificación de la mano de obra intensiva y la alta cualificación de unos pocos, generando dualización social, exclusiones y pobreza.   A su vez, algunos países con dificultades para su desarrollo económico están invirtiendo en su futuro a través de acciones de educación y formación, en particular en América Latina.”(CINTERFOR-OIT)


[1] González Muntadas, Q: España, un país imbécil que no cuida su formación profesional Nueva Tribuna. 01-06.2017
[2] SEN, Amartya (2000) Trabajo y derechos, en Revista Internacional del Trabajo, Ginebra, vol. 119 Nº 2, pág. 131.
[3]CINTERFOR (2001): Formación para el trabajo decente. Montevideo