DESEMPLEO SE SITUARÍA EN 7.013.678 PERSONAS

¿Cuál es la verdadera cifra de parados en España?

Por Llorenç Pou Garcias | Preguntarse cuántos parados hay en España equivale a plantear la necesidad de reconsiderar para qué queremos las estadísticas de desempleo. En esta vida, nada es inocente...

Las personas "desanimadas" que la EPA excluye de su concepto de parado, pero que sí se incluirían bajo nuestro concepto más amplio, supondrían que el total del desempleo en España se situara en 7.013.678 personas en 2014

Preguntarse cuál es la cifra de parados en España puede parecer bastante inocente, especialmente después de que el INE publicase recientemente los datos de la Encuesta de Población Activa (EPA) del segundo trimestre de 2014. No debe olvidarse, sin embargo, que cualquier definición, incluida la condición de parado de la EPA, supone la aceptación de una serie de hipótesis de trabajo. Y esas hipótesis no son inocentes, ya que condicionan la manera en la que nos aproximamos al problema real del desempleo.

No es la pretensión de este artículo poner en cuestión los criterios adoptados en la EPA para definir la condición de desempleado. Ya se entiende que la necesidad de homogeneizar la EPA con el resto de encuestas similares de la Unión Europea lleva a adoptar los criterios de la Organización Internacional del Trabajo. El objeto de estas líneas es discutir si el concepto de desempleo de la EPA es el adecuado desde un punto de vista político o si, al contrario, es demasiado restrictivo. En el fondo, como se discute más adelante, subyace la cuestión de para qué queremos las cifras de parados: como una estadística de coyuntura económica o como un indicador del número de personas con dificultades de acceso al trabajo, que es un derecho reconocido por la Constitución Española. Si se visualiza como una estadística, el interés reside simplemente en conseguir que se reduzca. En el segundo caso, lo que está en juego es la cuestión de qué políticas activas y pasivas de empleo deben implementarse, así como el montante presupuestario a destinar acorde con la magnitud del problema.

La EPA clasifica a una persona (entre 16 y 74 años) como parada cuando ésta no ha trabajado ni una hora en la semana de referencia, desea trabajar, está buscando empleo activamente y está en condiciones de incorporarse a un empleo dentro de las dos semanas siguientes. Nótese que en su afán clasificatorio, que es su función, la EPA no se pregunta, por ejemplo, cuál es la razón por la que una persona sin trabajo afirma que no lo está buscando porque cree que no la va a encontrar. Simplemente se le excluye de la estadística de parados. En cambio, desde un punto de vista político esa es la pregunta a formularse. ¿Será acaso la razón de no buscar empleo que los canales de información de ofertas de empleo a los que tiene acceso esa persona son muy deficientes? La Teoría Económica (en concreto, la teoría de la búsqueda externa de empleo) nos enseña que en ciertos contextos, por ejemplo de falta de información de ofertas de trabajo y/o de su acceso a un coste elevado, resulta racional dejar de gastar tiempo y dinero en buscar un empleo, ya que no compensan los costes incurridos en comparación a la baja probabilidad de encontrarlo. Por tanto, lo relevante desde un punto de vista político no es esconder esa persona del concepto de parado y situarlo bajo la categoría de "desanimado", sino conocer cuánta gente sin empleo está en esta situación y tomar medidas al respecto para intentar revertir esa situación.

Por otra parte, no debe obviarse que la definición de parado de la EPA supone que esas personas son desempleadas a tiempo completo. Esto es, para ser clasificado como parado no debe trabajarse ni una sola hora durante la semana de referencia. La EPA sigue así un criterio de exclusión: si se está ocupado, no se puede estar desempleado. El problema, como siempre, está en las definiciones, las cuales no son inocentes. Para la EPA si se trabaja una hora a la semana ya se considera como ocupado. Y aquí está el quid de la cuestión. Cualquier trabajo no debería valer para considerar una persona como ocupada. La mayoría de la gente no trabaja con el fin de salir de las estadísticas del paro, sino para poder acceder a unos recursos económicos dignos con los que sustentarse. Si nos limitamos a una cuestión cuantitativa, centrada, por razones de simplicidad, en el número de horas trabajadas, podría considerarse que el objetivo normal de la mayoría de personas es acceder a un empleo a tiempo completo, que la propia EPA sitúa en unas 40 horas semanales. Desde este punto de vista, pues, el concepto de parado debería englobar a todas aquellas personas que, queriendo trabajar, de manera involuntaria no pueden acceder a un empleo a tiempo completo (40 horas semanales). Esta definición de desempleo más amplia englobaría a los parados a tiempo completo que ya hace la EPA, pero también a todas aquellas personas "subocupadas". Así, una persona con un contrato a tiempo parcial de 20 horas semanales pero que quisiera trabajar a tiempo completo, en realidad puede entenderse como un trabajador a tiempo parcial y, a su vez, como un parado a tiempo parcial. Si no se adopta este criterio más amplio se corre el riesgo de que, por ejemplo, la extensión de los contratos a tiempo parcial enmascaren reducciones del desempleo que no son tales.

Así pues, resulta evidente que la pregunta inicial de cuánta gente parada hay en España deja de ser tan inocente. Todo depende del concepto de desempleo utilizado. Frente a la definición oficial de persona parada seguida en la EPA, que ya se ha comentado que es muy restrictiva, en este artículo planteamos una definición basada en el número de personas que desean trabajar más horas de las que lo hacen, en el límite a tiempo completo (40 horas semanales), y no pueden.

Número personas paradas según criterio EPA y criterio ampliado (segundos trimestres)


Nota: los trabajadores subocupados se calculan como las personas no empresarias con empleo, que en el conjunto de todos los empleos de que disponen trabajan menos de 40 horas semanales y que declaran que querrían trabajar más horas. Fuente: EPA (INE).

La tabla adjunta pretende responder a la pregunta de este artículo, contraponiendo los dos criterios de desempleo antes comentados. Si nos centramos en el año 2014, los datos del segundo trimestre indican que, según la EPA, en España hay 5.622.860 personas desempleadas. Como se ha comentado antes, esa cifra equivale a personas paradas a tiempo completo, ya que no pueden trabajar ni una hora a la semana. En la tabla también se muestra el número de personas con empleo y que están "subocupadas", ya que trabajando menos de 40 horas semanales declaran querer trabajar más horas. En 2014 ese colectivo de subocupados representaba un total de 1.877.538 personas. Es decir, uno de cada siete trabajadores (no empresarios que han trabajado en la semana de referencia) no puede acceder a una jornada a tiempo completo. Si la parte proporcional de su jornada laboral semanal que no se trabaja a tiempo completo se computa como parado, se puede calcular el equivalente a un parado a tiempo completo. Como decía antes, una persona que trabaja 10 horas semanales y quisiera trabajar a tiempo completo (40 horas semanales), equivaldría a 0.75 personas desempleadas a tiempo completo. Si se procede de esta manera, las 1.877.538 personas subocupadas antes comentadas equivaldrían a 929.493 personas desempleadas a tiempo completo. De este modo, la adopción de un concepto más amplio de desempleo llevaría a que el número de parados ya no sería de 5.622.860 personas, sino 6.552.353, esto es, sería un 16.5% superior.

En la misma línea, las personas "desanimadas" que la EPA excluye de su concepto de parado, pero que sí se incluirían bajo nuestro concepto más amplio, supondrían que el total del desempleo en España se situara en 7.013.678 personas en 2014. Como puede observarse, es una cifra muy alejada de los 5.622.860 que indica la EPA, demostrando que la inocencia de la pregunta de este artículo no era tal. De hecho, la adopción del criterio más amplio supondría incrementar la cifra de parados, ya de por sí draconiana, en casi 1.400.000 personas.

Una vez establecida la diferente repercusión cuantitativa que tiene sobre la cifra de parados el criterio adoptado, es el momento de comentar algunos aspectos cualitativos del mismo.

En primer lugar, el baile de cifras de desempleo evidencia cómo es posible modificar las tendencias de la cifra oficial de parados sin alterar ni una coma de los criterios de contabilización de la EPA. En concreto, nótese cómo la modificación de la legislación laboral puede cambiar el número de parados. Este es el caso de la reforma laboral de 2012, que al precarizar los contratos a tiempo parcial ha ocasionado que éstos vayan ganando peso, en unos casos provocando que los nuevos puestos de trabajo se cubran con jornadas a tiempo parcial y en otros sustituyendo trabajadores a tiempo completo por otros a tiempo parcial. En el primer caso, si el trabajo se cubre con un parado, ello provoca automáticamente la reducción del número de parados de la EPA. En el segundo caso, oficialmente el número de ocupados y parados no se modificaría, aunque es evidente que la situación del trabajador se habría precarizado. Sólo la adopción de un criterio más amplio que el oficialmente seguido por la EPA permite interpretar correctamente la coyuntura del desempleo y salvar parte del impacto de las reformas legislativas.

Es más, la precarización de las últimas reformas laborales no sólo pueden llevar a engaños en la interpretación de las cifras del desempleo, sino que también pueden cronificar situaciones que no aflorarían si no se adoptase ese criterio más amplio. Éste es el caso del Real Decreto-ley 16/2013, de 20 de diciembre, de medidas para favorecer la contratación estable y mejorar la empleabilidad de los trabajadores. Dicho Real Decreto, al facilitar la posibilidad de aumentar las horas complementarias en los trabajos con contrato a tiempo parcial está impidiendo, en algunas situaciones, simultanear dos trabajos a tiempo parcial y con ello conseguir acumular un número mínimo de horas trabajadas en cómputo semanal.

En segundo lugar y aunque se habrá notado que estoy evitando deliberadamente entrar en el juego de las comparaciones interanuales de los datos, en la tabla adjunta se ofrece la información desagregada bajo los dos criterios para los años 2012 y 2014. Resulta curioso cómo mientras con el criterio de la EPA la cifra de parados se ha reducido en España en casi 110.000 personas entre 2012 y 2014, en cambio, cuando se aplica el criterio más amplio, la cifra de parados no sólo no se ha reducido, sino que ha crecido en 30.000 personas. Las tendencias según el criterio adoptado son diametralmente distintas. Como siempre, el peligro de estas diferencias es la tentación, en el primer caso, de inferir que las políticas económicas y laborales aplicadas son necesariamente las correctas.

La tercera cuestión es que al adoptar un criterio más amplio se huye de la tentación de culpabilizar a las personas sin empleo de su situación. En efecto, la falta de cumplimiento de alguno de los criterios de la EPA suponen  la exclusión de esa persona de la cifra de parados y, de algún modo, del colectivo de personas objeto de potencial atención. Pero como comentaba al principio, para qué queremos las estadísticas laborales. Resulta urgente acercarse a los datos laborales desde una visión política de voluntad de ayudar a las personas a acceder a unos recursos económicos dignos. Y aquí es cuando aparece la cuestión de si los presupuestos públicos dedicados a políticas activas y pasivas de empleo son suficientes. Los presupuestos del Servicio Público de Empleo Estatal en políticas activas se han reducido a la mitad en comparación a los de 2011. Es más, son similares a los existentes en 2003. Lástima que el coste de la vida y el número de desempleados sea muy superior al de entonces. Por no hablar de si los comparamos con el criterio de paro ampliado. Lo mismo sucede con la cobertura del sistema de prestaciones por desempleo, que se reduce ligeramente con el criterio de paro ampliado.

En definitiva, preguntarse cuántos parados hay en España equivale a plantear la necesidad de reconsiderar para qué queremos las estadísticas de desempleo. Si son un estorbo, podemos seguir con la metodología actual. Si las queremos para saber cuánta gente no consigue un trabajo en condiciones de dignidad resulta urgente ampliar el concepto actualmente aplicado. En esta vida, nada es inocente. Si optamos por la segunda vía, y vistas las diferencias entre los dos conceptos, resulta evidente que el esfuerzo cuantitativo y cualitativo de las Administraciones Públicas españolas debe aumentar ostensiblemente. Será que el desempleo es una cuestión que no preocupa en exceso a los españoles.


Llorenç Pou Garcias | Profesor de Economía del Trabajo de la Universidad de las Islas Baleares