SOBRE "AYER FUE SOMBRA", DE MIGUEL ÁNGEL YUSTA

La sombra que oscureció la vida

Poemas de una infancia en gris. La nueva edición de Ayer fue sombra, del autor aragonés Miguel Ángel Yusta, pone sobre el tapete la necesaria reflexión, a través de la poesía, sobre nuestra memoria colectiva y el presente.

Zaragoza en los años cincuenta
Zaragoza en los años cincuenta

Los últimos meses, con la crisis de Cataluña, se ha puesto de relieve en nuestro país una mirada corta, indocumentada e irresponsable sobre el franquismo. Una mirada deforme, interesada, que para nada ayuda a las nuevas generaciones. Alejada de la verdad histórica como puede verse en multitud de documentos sobre la época, una verdad que no resiste comparación alguna con el presente.

Mayusta 1En ese ámbito, la literatura contribuye, sin duda, a poner sobre la mesa la verdad y su raíz, lo más profundo de la experiencia humana y la atmósfera de un tiempo en el que quedó expresado lo más sombrío, triste y duro de nuestra historia. Y de la Historia de nuestro país. Una de mis lecturas preferentes de este año ha sido un libro que quizá haya pasado inadvertido en su "segunda edición ampliada" (la primera se remonta a 2010), de Miguel Ángel Yusta. Se trata de Ayer fue sombra, una colección de poemas que tiene la virtud, gracias a un lenguaje entre lo conversacional, lo narrativo y la emoción lírica, de trasladar al lector la atmósfera que vivió la infancia de varias generaciones, especialmente las de aquellos españoles nacidos en las décadas de los cuarenta y cincuenta del pasado siglo.

Las tardes de radio amasadas en una vida cotidiana llena de asperezas. La esperanza extraña que llegaba a través de las ondas. Los cambios vividos por la ciudad (Zaragoza al fondo) tras la guerra. La escasez, la pobreza como una enfermedad social y como una seña de identidad de una mayoría derrotada (y humillada).. El cine como refugio. Los viejos trenes como caleidoscopios de las diversas formas de menesterosidad. La misa, el estraperlo, los juguetes imposibles, los largos e incomprensibles silencios de los mayores, el gris dominante en el aire de las ciudades y en los escenarios de la memoria.... Miguel Ángel Yusta ha reconstruido ese mundo pequeño, miserable, mediocre, en que crecimos los hijos de la posguerra. En los quince poemas que componen Ayer fue sombra podemos encontrar la radiografía emocional de ese tiempo contemplada con los ojos de quien lo sobrevivió. Lo hemos leído, sin duda, en novelas memorables de García Hortelano, de Antonio Ferres, de Juan Marsé o de Ana María Matute. También en la obra de no pocos poetas de la promoción del cincuenta. Pero no es fácil encontrar poemarios, aparecidos en los últimos años en los que se proyecte una mirada que devuelva la memoria a quienes vivieron aquella experiencia y que sitúen a las jóvenes generaciones ante aquel mundo. En Ayer fue sombra hay una reflexión de fondo que, a partir de la dolorosa constatación de la infancia perdida (algo que resalta de modo certero Marisa Peña en su atinado prólogo) entre miedos, frustraciones, decepción y complejos --aquel terrible complejo de culpa que hacía sentirse responsables de su probreza a los propios niños--, se constata la victoria, aunque fuera tardía, de la luz.

MAYUSTA 2Vida al final del túnel. Un túnel que Yusta describe con la precisión del entomólogo llevando a cabo una suerte de viaje por costumbres, objetos, sensaciones y anécdotas. Los escaparates contemplados con envidia e impotencia en los días previos a la fiesta de Reyes ("esos Ford basculantes con la cabina roja / y preciosos, inalcanzables trenes eléctricos / con máquinas veloces y vagones de lujo / también había bicicletas que solo poseían niños desconocidos / a los que no podíamos pedírselas prestadas"), los juguetes de hojalata, los trenes de vagones de madera, una memoria vinculada al estraperlo y a la presencia de guardias civiles de inspección ("Mi padre sacaba los papeles apresuradamente"), el carbón vegetal en la impotencia de las cocinas humildes. Ese acercamiento, que despierta en el lector maduro los fantasmas de la memoria y en el más joven la realidad de un mundo desaparecido que es saludable evocar (ya se sabe, los pueblos que olvidan su historia...), cumple, también, una función terapéutica. En la mirada de Yusta hay una forma de piedad hacia el niño que fue, cierto enfrentamiento a la suma de culpabilidades con que creció (la envidia hacia los más ricos, la vergúenza por la condición humilde, la conciencia de víctima): es una reconciliación, un abrazo lleno de ternura y de comprensión, como si le dijera: "no fue tu culpa". En el fondo, todos llevamos con nosotros, a lo largo de la vida, al niño que fuimos. Si éste vivió en la sombra, si creció sintiéndose diferente y relegado al país de la mayoría derrotada y marginada, la poesía sirve para reconciliarse con él, para restituir, al cabo del tiempo, la dignidad que otros no le reconocieron, para vindicar la memoria de los tuyos. Hermoso y emocionante libro del de Miguel Ángel Yusta. Y necesario. Muy necesario.  

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Manuel Rico. También en los blog La estantería y Al margen 


Miguel Ángel Yusta.
Ayer fue sombra
Segunda edición ampliada
57 páginas.
Lastura. Ocaña. Toledo, 2017