LECTURAS SUMERGIDAS | REVISTA LITERARIA

Un planeta llamado Clarice Lispector

Por Emma Rodríguez | Lispector, es en sí misma un planeta y para llegar a su centro, al centro de esta mujer que nació para jugar con el lenguaje y renovarlo, para volcar la poesía en extensos valles narrativos, hay que ejercitar todos los sentidos: los ojos agrandados para alcanzar las anchuras...

Clarice Lispector: Fotografía suministrada por Editorial
Clarice Lispector: Fotografía suministrada por Editorial

lecturassumergidas.com |  @lecturass | Por Emma Rodríguez | Para hablar de Clarice Lispector habría que inventar nuevas palabras, comprar un diccionario de lo sublime, utilizar un nuevo alfabeto. Es lo primero que se me ocurre para iniciar este recorrido sobre una escritora especialísima, tan especial que me atrevería a decir que en ciertos momentos, mientras la leo, tengo la loca idea de que no es de este mundo, de este planeta, que parece haber venido de lejanías inimaginables para contarnos cuentos y para hablarnos desde lo más profundo. Si toda lectura exige de quienes la emprenden una adecuación, un cambio de registro que le permita adaptarse al tono, a la manera, al ritmo y al tiempo de lo que transcurre en los universos de la ficción, en el caso de la escritora brasileña podría hablarse de metamorfosis. Hay que cambiar de piel para seguirla. Hay que desearlo y esperar a que sea ella la que otorgue el permiso para entrar en sus habitaciones desconocidas, en sus atmósferas flotantes, en ese río de emociones que sólo los que están dispuestos a sentir, a vibrar, pueden percibir con plenitud.

Lispector, es en sí misma un planeta y para llegar a su centro, al centro de esta mujer que nació para jugar con el lenguaje y renovarlo, para volcar la poesía en extensos valles narrativos, hay que ejercitar todos los sentidos: los ojos agrandados para alcanzar las anchuras, la particular belleza de sus jardines o los aspectos más lúgubres de sus estancias cerradas; los oídos bien afinados para escuchar, para escucharlo todo, con especial atención a los silencios; el tacto preparado para rozar las más suaves y las más ásperas texturas; el paladar dispuesto a saborear lo exquisito y a retraerse ante el asco…

Fuera comodidades, entonces. No se trata de una travesía cómoda. Fuera ideas preconcebidas. Fuera el concepto de ir a lo seguro, sobre seguro. Aquí el barco ha de cruzar tempestades y el corazón soportar vaivenes de todo tipo, pero ha de llegar el momento de los mares en calma y el instante de la comprensión cristalina. En el inicio de “La pasión según G.H.” Clarice Lispector lo deja muy claro: “Este libro es como cualquier libro. Pero me sentiría contenta si lo leyesen únicamente personas de alma ya formada. Aquellas que saben que el acercamiento, a lo que quiera que sea, se hace de modo gradual y penoso, atravesando incluso lo contrario de aquello a lo que uno se aproxima…” Son sus palabras un aviso para navegantes, la declaración de intenciones de quien sabe que no todo el mundo está dispuesto a explorar los bosques de la existencia para intentar alcanzar sus claros; de quien sabe que una gran mayoría de personas prefiere estar entretenida en múltiples obligaciones, citas y trabajos, para no pensar en lo que fluye por debajo de lo perceptible, para no detenerse en los vacíos, en los huecos inquietantes de la vida.

“La pasión según G. H.”, analizada una y otra vez por la crítica en busca de claves y significados, es un largo, insólito y complejo monólogo en el que una mujer abandona los asideros de su convencional vida burguesa, suelta las amarras de lo cotidiano e inicia un trayecto mental, alucinatorio, transformador, en busca del latido primigenio de la humanidad, de la permanencia, ajena a tiempos y espacios, del existir. La editorial Siruela ha iniciado la que ha de ser la particular Biblioteca Clarice Lispector con esta novela y con un tomo que reúne gran parte de sus cuentos, un género del que se valió la escritora para mirarse en el espejo, para contemplar el mundo, para llorar y reírse con las contradicciones humanas, para explorar el dolor y el deseo. Yo recomendaría a los no iniciados empezar por aquí: acostumbrarse al clima del planeta recién descubierto, aprender su lengua, extasiarse frente a sus paisajes, ganar confianza ante sus peligrosos abismos y apreciar la belleza de sus plantas extrañas, nunca antes vistas…

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