En noviembre murió y en noviembre resucitó

La mayoría de la gente, en cuanto oye hablar de cultura o historia, no suele prestar atención presintiendo que eso es aburrido y lejano. Estos rollos culturales o históricos, no le interesan. En este país, desgraciadamente, no despiertan atención e interés sino los chismorreos de futbolistas, y los supuestos líos de faldas -la mayoría montajes- entre falsas estrellas de la tele o el cine. Por eso en la tele, en los espectáculos y en gran parte del cine actual, no hay sino “basura”, que así se llama el entretenimiento que ofrecen a un público aborregado. Las actividades culturales quedan relegadas, cuando no olvidadas, frente a la extensa promoción de esa “basura”. Y así nos va. Somos un país de incultos y borregos, al que manejan los poderes a su antojo con una simple banderita y cuatro noticias que se repiten como el ajo, pero sin la virtud del ajo. Sin embargo, como una paradoja más de esta hermosa tierra, entre tanto cardo borriquero, surgen genios y personalidades en el mundo de las artes y las ciencias, y también en la política, aunque no lo parezca, que engrandecen y ponen a España en el centro intelectual del mapamundi. Uno de ellos es el Cardenal Cisneros, del que este año se cumple el V Centenario, y sobre cuya figura se han hecho mil panegíricos, semblanzas, historias, exposiciones y homenajes. Bueno y saludable es que una vez al menos cada cien años, nos acordemos de los hombres ilustres de nuestra historia, aunque sólo sea para recordarlos, cuando mejor sería imitarlos como ejemplo para nuestra ilustración intelectual y ética.

Mucho se ha hablado a lo largo de este año de este cardenal y estadista, del que fuimos en NT los primeros en recordar y homenajear, allá por el mes de julio, evocando su labor cultural y el centenario de su Biblia Políglota -hasta entonces no se había tenido en cuenta y no había aparecido en ningún medio ni digital ni escrito-. Y como mucho se ha dicho, queremos rematar esta efeméride con algo que nadie ha dicho: ¡Que el Cardenal Cisneros ha resucitado! Si un 8 de noviembre de 1517 en Roa (Burgos) murió, un 25 de noviembre de 2017 en Illescas (Toledo) cobró vida de nuevo.

20171125_201941

MUERTE Y RESURRECCIÓN

La resurrección del Cardenal Cisneros se ha hecho patente en una de las fundaciones que llevó a cabo en Illescas, de la que queda como testimonio inmortal, junto a la gran obra del Hospital-Santuario de la Caridad y el Convento de las Concepcionistas, un cuadro del pintor madrileño Alejandro Ferrant, conservado y expuesto en el interior del templo con la figura destacada del Cardenal, revisando las obras de construcción del monumento, que se levanta imponente en el centro de la ciudad, y que alberga además otros cuadros del Greco. El cuadro que representa la Fundación del Hospital de la Caridad, de Alejandro Ferrant, resultó ganador de la primera medalla en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1892. De este pintor y acuarelista, nacido en Madrid en 1843, y fallecido hace precisamente cien años, en 1917 en Madrid, quizá desconocido para muchos, hay que destacar que fue presidente de la Real Academia de Bellas Artes. Sus obras, la mayoría de temas religiosos e históricos, embellecen, con sus sibilas y profetas, la enorme cúpula de San Francisco el Grande, la más grande de España y la cuarta del mundo cristiano, y el Palacio de Linares, en Madrid, o la sede de la Diputación Foral de Navarra, en Pamplona, entre otros lugares. Su cuadro del Santuario de la Caridad de Illescas ha sido protagonista de uno de los actos con mayor asistencia de público de todo el programa, salvo las citas musicales durante el verano en el escenario montado en el patio de pura estampa castellana, en cuyas habitaciones aledañas pasó varios días el prelado.

Por eso Illescas, donde dejó el Cardenal su impronta, a lo largo de todo el año ha venido celebrando con diversidad de actos culturales y lúdicos el V Centenario de la muerte del cardenal Gonzalo Ximénez Cisneros, que como el actual Papa, al tomar los hábitos franciscanos, cambióse el nombre de pila, tomando el nombre de Francisco, con el que se le conoce comúnmente. La vinculación de esta localidad toledana al que fuera confesor de Isabel La Católica, regente de España, arzobispo de Toledo y fundador de la Universidad de Alcalá de Henares, entre otras cosas, está relacionada con la fundación del convento de concepcionistas franciscanas y la creación de un sanatorio de beneficencia a finales del siglo XV. El programa, 500 años después, organizado por Funcave (Fundación del Hospital de la Caridad, Memoria Benéfica de Vega) junto a otras instituciones como el Ayuntamiento, rinde homenaje a Cisneros con variedad de actos durante todo el año, para acabar enalteciendo la figura de un ser humano, que por tener mucho de divino, no merecería morir. Y ha vuelto a revivir. Salvador Parra, patrono de la Fundación, dice que se trata de “prestigiar” la figura de un personaje “adelantado a su tiempo, visionario, humanista, espiritual perspicaz y progresista”.

20171125_210621

Y no le falta razón. Entresaco frases, por la enseñanza que sugiere, de los elogios que hace cien años, el también Cardenal Guisasola, arzobispo de Toledo, en su evocación de Cisneros con ocasión del IV Centenario de su muerte, escribió:

“Al amanecer del 7 de noviembre llamó el Cardenal a su confesor el P. Fray Diego Machado, y durante cuatro horas le hizo con muchas lágrimas confesión general de su vida y habló con él largamente de negocios del espíritu. Luego pidió recibir el Santísimo Sacramento de la Eucaristía por viático y...  pidió perdón a todos y dijo que por el paso en que se hallaba y por la cuenta que había de dar a Dios... no haber cometido injusticia o agravio con nadie; y que de las rentas de la Mitra de Toledo no tenía defraudado siquiera un maravedí, ni para sí, ni sus parientes; y luego les exhortó a que viendo la inconstancia de las cosas temporales, solo buscaran las eternas... Y con esto y el rezo de los salmos penitenciales pasó aquel día, la noche y el día siguiente, hasta la hora en que murió”. El cuerpo de Cisneros fue velado en la Iglesia de Roa hasta su traslado a Alcalá de Henares.

Leemos en Gómez de Castro: “De la habitación en que había muerto se sacó el cadáver al comedor, y revestido con los ornamentos pontificales fue colocado en la silla que ocupaba cuando vivía. Luego fue depositado en el lecho, adornado con preciosas ropas y cubierto con una cortina colgante. Un pregonero anunció la muerte de Jiménez por las calles y barrios de Roa, invitando a todos a besar, según costumbre, sus manos, y con las indulgencias acostumbradas. Asistió mucha gente de Roa y de los pueblos vecinos. Fue embalsamado su cadáver con ungüentos y aromas y mucha sal, para ser trasladado a Alcalá, donde quiso él ser enterrado. Mientras se organizaba el viaje de traslado, fue llevado a la iglesia de Roa, donde el ocho de noviembre se celebraron honras fúnebres”.

Murió un 8 de noviembre, hace ahora 500 años. También en noviembre cobró vida abandonando por unas horas el cuadro que pintara Ferrant hace cien años. Bajo el título “Cisneros, el cuadro cobra vida”, la compañía de teatro Candilejas ha realizado un montaje que viene siendo un éxito desde que comenzaran sus representaciones. Un montaje donde prima la sencillez de la puesta en escena: sobre fondo negro, una especie de arca blanca y dos o tres sillas de época, donde entablan diálogos, históricos y chispeantes, los personajes que por él van desfilando, desde Cisneros y su sobrina, la monja del convento pidiéndole dinero para la recién fundada comunidad, hasta el arquitecto con sus planos, y otros personajes, entre los que cabe destacar el autor del cuadro de donde brotan, saliéndose de la pintura, como en una alucinación, sus protagonistas cobrando vida. El mismo templo, bajo el mismo cuadro, es el lugar de la representación, acompañada con la música del órgano del coro, de siglos de existencia. Una delicia. No es extraño que se agoten las entradas, cuyo precio, al alcance de todos los bolsillos, no deja de ser simbólico. La última representación será el sábado 16 de diciembre.

20171125_211240

Cuando la cultura es divertida y la historia es amena

Con esta obra, en la que revive el gran estadista y religioso que fue Cisneros, culmina todo un año de celebraciones, que en Illescas, y en otros lugares, como Roa, donde murió, Alcalá, cumbre en su afán por la cultura, o Toledo, con la magnífica exposición en la Catedral donde ejerció su labor pastoral, como Primado de España, culmina un año dedicado a enaltecer a un personaje que pervive todavía en nuestra historia, y que como político, sobre todo, y como reformador religioso, deberían tomar ejemplo quienes rigen los destinos de la Iglesia y del gobierno de España. 

La obra “Cisneros, el cuadro cobra vida” recoge trozos de la historia en sus diálogos, época del Cardenal, y hace un guiño de cuando en cuando a los tiempos actuales, porque hay temas que se repiten, como la corrupción, la “comisiones” en obras de tal envergadura, los aprovechados que rodean a los poderosos, etc., consiguiendo que la puesta en escena resulte amena y actual.

Acercar la cultura al pueblo, por lo menos en esta representación, de manera divertida, sin dejar de ser fiel a la historia, es el objetivo de esta compañía manchega Producciones Candilejas, creada en abril de 1992. “Llevar el teatro profesional a todos los rincones de España, en especial a los pueblos pequeños donde resulta difícil que pudiera llegar”, es su meta, y a fe que lo están consiguiendo. Actualmente, después de 25 años de trayectoria son “una de las principales compañías castellano-manchegas con gran presencia en su circuito de artes escénicas”. Cabe destacar finalmente, el papel del veterano y conocido actor, por su participación en populares series de televisión, Ángel Gonzalo, en el personaje del Cardenal, así como la flexibilidad interpretativa del joven Oliver Romero, como el autor del cuadro. Estos, por no nombrar a todo el elenco, cuyas interpretaciones son cabales, sin histrionismo, con naturalidad, pese a estar en un recinto sagrado, a un lado del altar mayor y muy próximos al público que sigue la obra con interés, soltando de tiempo en tiempo alguna carcajada ante las ocurrencias de los actores. 

Queda demostrado que la cultura, aparte de su significado, divierte; y que la historia, por muy lejana que parezca, no carece de interés, porque en muchos casos se repite. Y de ella, presentada de esta manera, siempre se aprende, sin esfuerzo, solamente con mirar y escuchar.