ENTREVISTA A FERNANDO ONTAÑÓN

“La novela reflexiona sobre la fragilidad de lo que somos, sobre la construcción que hacemos de nuestra propia vida”

“El orden invisible de las cosas” es la novela que confirma a Fernando Ontañón como un extraordinario escritor, destinado a ocupar un lugar de preferencia en el sistema literario español.

“El orden invisible de las cosas” (Ézaro Ediciones, 2016) es el tercer libro de narrativa que publica el escritor Fernando Ontañón, un cántabro cuarentón (Santander, 1972) que vive en A Coruña desde hace muchos años. Tras “Relatos invisibles” (2010) y “El periodista despedido” (Premio de Novela Corta Dulce Chacón, 2014) llega ahora a las librerías esta novela de más de trescientas páginas que, en mi opinión, le confirma como un extraordinario escritor, destinado a ocupar un lugar de preferencia en el sistema literario español.

Fernando Ontañón, colaborador de Nueva Tribuna, está en las últimas semanas en ruta, haciendo presentaciones de su libro en diversos rincones de nuestra geografía. El escritor y crítico Ignacio Sanz, que le acompañó en el acto realizado en la Librería Intempestivos de Segovia, afirma que, con esta obra, “Ontañón no hace sino seguir ascendiendo en complejidad para entregarnos una obra intrigante, ambiciosa y madura”.

Hoy el escritor hizo un alto en el camino para concedernos esta entrevista.

-“El orden invisible se las cosas”: ¿de dónde procede este título tan poético y enigmático?

Tropecé con esta frase en una novela de Paul Auster, “La música del azar”. Me pareció que reflejaba muy bien una idea que aparece en la novela, el modo, a veces tan inconsciente, en que construimos nuestras vidas. Quiénes éramos antes y cómo hemos llegado hasta aquí, las decisiones tomadas, lo que dejamos atrás, las cosas a las que renunciamos.

-Esta novela, más compleja que los libros anteriores, desarrolla en paralelo dos historias con el mismo protagonista en momentos diferentes de su vida. Lo que comienza, con levedad, como una historia de amores y desamores, se va complicando para convertirse en una trama policial y política situada en el tardofranquismo. ¿Hay una intencionalidad previa de abordar ese momento de nuestra historia?

Me interesan más las reacciones humanas, las emociones y contradicciones de los personajes que la cuestión política o histórica. Pero es verdad que la novela muestra también cómo una generación como la mía, nacida con la democracia, creció envuelta en una suerte de silencio respecto al pasado, un silencio casi doméstico. En los noventa, apenas quince años después de la muerte de Franco, los jóvenes de entonces no teníamos ni idea de toda esa violencia de la que veníamos.

-La Brigada Político-Social aparece a través de algunos de sus protagonistas más relevantes (el comisario Conesa o Billy el Niño).¿Considera que esa ignorancia e indiferenciaque manifiestan los protagonistas de la novela sobre estas intrigas del franquismo y de la Transición es algo generalizado en la juventud actual?

Los jóvenes de la novela se desenvuelven en los primeros noventa y muy poco se sabía entonces de todo eso, a pesar de que los casos de torturas y detenciones ilegales por parte de la Brigada Político-Social persistieron hasta mediados de los setenta. Me imagino que el tiempo transcurrido desde entonces no habrá ayudado. De todas formas, creo que hay menos indiferencia que falta de información. Se ha hablado muy poco de este tema. Es como si nos avergonzase hablar de ello. Demasiada gente piensa que para seguir adelante es mejor no remover el pasado. Los propios políticos, los diferentes gobiernos democráticos de este país, en mayor o menor medida, han evitado siempre hablar de ello. El juez Garzón intentó poner algo de luz y ya vimos cómo acabó. La jueza Servini, desde Argentina, ordenó la detención y extradición de varios miembros de la Brigada Político-Social, sospechosos de torturas, entre ellos José Antonio González Pacheco, alias Billy el Niño, pero la Audiencia Nacional rechazó esta orden por considerar que los delitos habían prescrito. Parece que haya una deliberada intención de olvido.

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-En esta historia hay numerosas referencias a libros y escritores y citas de sus creaciones. ¿Estos guiños literarios son una especie de homenaje a sus narradores de referencia?

La novela habla del paso del tiempo y, para el protagonista, los librosfuncionan como referencias temporales. A mí me pasa;el recuerdo de ciertos momentos de mi vida estávinculado a mis lecturas. Todo lector tiene una memoria sentimental asociada a los libros que lo han ido acompañando. Pasa también con la música. Y en “El orden invisible de las cosas”, esas referencias, tienen mucho que ver con libros que fueron o son importantes para mí.

-¿Cuáles son sus referentes literarios más importantes, en España y en el mundo? ¿A cuáles considera sus maestros?

Guardo un cariño especial a ese grupo de escritores españoles con los que crecí como lector y con los que descubrí mi pasión por los libros y la literatura: Carmen Martín Gaite, Antonio Muñoz Molina, Rafael Chirbes, Julio llamazares…Ellos mismos, muchas veces, me fueron guiando hacia nuevas lecturas y autores. Los referentes son muchísimos, pero mi devoción es total por esa literatura norteamericana del siglo XX que representan autores como John Cheever, Raymond Carver, Don DeLillo, Richard Ford…

-En el libro también hay numerosas referencias musicales. ¿Qué importancia tiene la música en su escritura y en el proceso creativo?

La música, como decía antes, forma parte también de la memoria. Para mí, además, está muy relacionada con la escritura. Siempre escribo con música, y la elección es importante, tiene que aludir al tono y al ritmo de la narración.

-Hay dos ciudades, A Coruña y Zaragoza, que son también protagonistas en esta obra, pues en ellas se desarrolla casi toda la trama. ¿Hay alguna razón, aparte de las puramente biográficas, para conceder una presencia tan notable a estas urbes?

Zaragoza es uno de los motores narrativos de la novela. Fue una ciudad importante para mí en cierta etapa de mi vida. Representa la memoria del personaje. La distancia entre ambas ciudades hace referencia también a esa otra distancia que el tiempo pone entre el joven de veinte años y el hombre de cuarenta que no consigue reconocerse en aquel.

-En la novela también hay reflexiones sobre la culpa, sobre la cobardía, sobre la determinante influencia del azar en nuestras vidas, sobre el deterioro de la convivencia en la pareja. Hay un cierto poso de amargura en la trama novelesca. ¿Tiene el autor una visión pesimista sobre la vida o sucede, simplemente, que los protagonistas son unos desgraciados?

La novela reflexiona sobre la fragilidad de lo que somos, sobre la construcción que hacemos de nuestra propia vida, las decisiones que tomamos, lo que dejamos atrás, las cosas a las que hemos renunciado, quizá por miedo o comodidad, y que determinan lo que somos ahora. No creo que los protagonistas sean unos desgraciados, al contrario, me parece que hay cierta lucidez en esa voluntad de enfrentarse a la vida y a sí mismos. Ojalá todos pudiéramos hacer algo parecido. Pero la vida que llevamos apenas nos deja tiempo para esa reflexión. Para eso sirve la literatura.

-En un reciente artículo, publicado en Nueva Tribuna, se hacía la pregunta “¿Por qué escribo?”, y recordaba una respuesta de Félix Romeo: “Escribo porque tengo miedo”. ¿Por qué escribe Fernando Ontañón? ¿Cuáles son las razones que le llevan a inventar historias y hacerlas públicas en forma de libro?

Hay una respuesta genial de Juan José Millás a esta pregunta: “Escribo por las mismas razones que leo, porque no me encuentro bien”. ¿Qué más se puede decir? Escribir es una forma como otra cualquiera de estar en el mundo, supongo que es mi forma de enfrentarme a la vida.

-El momento que vive el mundo del libro no es, ciertamente, el más halagüeño. ¿Está Fernando Ontañón comprometido para continuar con su carrera de escritor? ¿Hay otros proyectos en marcha?

La literatura siempre se ha movido en los márgenes. Leer es un placer solitario… siempre será un momento difícil para el libro. Sigo escribiendo, claro. No se me ocurriría otra cosa mejor que hacer.