Las manos de Franco, como nunca antes se habían visto

Un libro sobre José Demaría Vázquez "Campúa" -fotógrafo oficial de la familia Franco- rescata imágenes inéditas y ofrece una perspectiva nueva de su trabajo profesional. Entre las fotos que ahora ven la luz destacan dos de las manos del dictador. ¿Para qué se hicieron esas fotos?

Pepe Campúa nació en 1900 y pronto heredó la afición y el oficio de su padre, José Demaría López "Campúa", fotógrafo y empresario cinematográfico y teatral destacado del primer tercio del siglo XX. Antes de la guerra civil ya ocupaba uno de los lugares preeminentes entre los reporteros gráficos madrileños, junto a Alfonso Sánchez Portela o Luis Ramón Marín. Colaboraba en diferentes medios e incluso participó en la creación de la Unión de Informadores Gráficos de Prensa. Campúa padre fue asesinado en Madrid al comienzo de la guerra civil, y Pepe Campúa huyó a la zona sublevada, desde donde cubrió diferentes episodios de la contienda.

Con la victoria de Franco, recupera su estudio y su posición social y profesional. Crea la Agencia Gráfica Campúa, que publicará miles de fotografías en diarios y revistas nacionales e internacionales. Trabajó sin descanso cincuenta años, hasta su fallecimiento en 1975, el mismo año de la muerte de Franco.

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Su nieta, Esther Fernández, y sobre todo su bisnieta, Cristina Ruiz, se propusieron hace unos años recuperar la figura de Campúa, "olvidado y relegado durante años, por primarse a otros fotógrafos, y por cuestiones prácticas de gestión de los archivos; el libro es una reivindicación que queríamos hacer, sobre todo en homenaje a mi abuela, Esther Demaría, hija única que no pudo heredar el oficio de su padre; quisimos que llegara a ver este libro, pero no ha podido ser, falleció a comienzos de año"

Primero pusieron en marcha un blog. Ahora se publica un libro con sesenta fotografías que proporcionan una perspectiva distinta de la actividad profesional de Pepe Campúa.

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Esther Fernández, nieta de Campúa, y Cristina Ruiz (Foto: Fernando Olmeda)

"Era el fotógrafo oficial de Franco y se le tenía como tal, el fotógrafo del flashazo, pero hacía falta una mirada más profunda a su trabajo", explicó en el acto de presentación Chema Conesa, responsable de la colección PhotoBolsillo-Biblioteca de Fotógrafos Españoles (La Fábrica); "la prensa necesita fotos a diario, y eso desvaloriza el resto del trabajo del fotógrafo; cuando pasa el tiempo ese trabajo no vinculado a la noticia -esas fotos 'cándidas' que se toman alrededor del hecho en sí- adquiere carácter de documento histórico, tienen valor de credibilidad, representan una época; para este libro hemos preferido esas fotos no oficiales, aunque también hay de las otras; además del oficial obligatorio, había un ojo".


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Cristina Ruiz, bisnieta de Campúa, y Chema Conesa (Foto: Fernando Olmeda)

Cristina Ruiz explica que el objetivo era desmontar esa visión única de "fotógrafo de Franco": "No pretendemos correr un tupido velo sobre eso, porque fue así, pero Campúa fue mucho más: un fotógrafo poliédrico, que retrataba a Alfonso XIII ya con veinte años, que acompañaba a Alcalá-Zamora, que retrató a estrellas de cine, a personajes de la cultura y a miles de personas anónimas que se hacían fotos de comunión o de carné en su estudio; pero era además un fotógrafo de calle, ese Campúa reportero que captaba escenas cotidianas... Hay mucho del Madrid de su época en su trabajo y en el libro".

Barrenderos limpiando la nieve en la calle Bárbara de Braganza de Madrid, enero de 1952

Barrenderos limpiando la nieve en la calle Bárbara de Braganza de Madrid, en enero de 1952 (Foto Campúa)

El trabajo ha sido arduo. Se han seleccionado y digitalizado 3.500 fotos, aunque el volumen es mucho mayor, unos 200.000 negativos. La participación del veterano fotógrafo Chema Conesa ha sido crucial para rescatar algunas imágenes inéditas, jamás reproducidas con anterioridad en periódicos o revistas, que estaban guardadas en sobres de negativos.

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Las manos de Franco (Fotos: Campúa)

Por ejemplo, encargos privados, o dos fotografías de las manos de Francisco Franco, encargadas -según figura en el sobre- para la realización de un estudio grafológico. "Campúa no era amigo de Franco, Franco le había contratado y le aseguró un buen vivir", explica Esther Fernández"Franco, siendo lo que fue, tenía su lado humano, e igual que le apasionaba el cine, de repente quizá pensó cómo pasar a la posteridad de otro modo". Las manos que condujeron a las tropas rebeldes a la victoria militar en 1939, las manos que no temblaron a la hora de firmar sentencias de muerte, aparecen, en primer plano, en dos imágenes en las que Franco, cuyo rostro no aparece, posa con el uniforme de capitán general del Ejército de Tierra. En una aparecen las palmas extendidas. En la otra, las manos están recogidas, la derecha sobre la izquierda, con los pulgares cruzados. Están fechadas en marzo de 1954, es decir, después de la firma del Concordato con la Santa Sede y los Pactos de Madrid con Estados Unidos, cuando el régimen necesitaba dar una imagen distinta, tras más de una década de autarquía y aislacionismo. Aunque las fotos nunca fueron publicadas.

Hay otras muchas fotos del Caudillo, en cacerías, exhibiendo capturas en el yate "Azor", en visitas oficiales... También de la infancia de Juan Carlos de Borbón, montado en un caballo al lado de su madre, o con sus compañeros del instituto San Isidro.

En algunas fotos incluidas en el libro se observa el carácter propagandístico de parte del trabajo de Campúa -como las de las bañistas de la piscina de Lago en 1941-, pero también gran valor artístico o testimonial -como las fotos del Día de la Banderita, de procesiones, actos sociales, vendedoras callejeras...-

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Franco, en el yate Azor tras una jornada de pesca con Alberto Martín-Artajo (Foto: Campúa)

El mayor hándicap existente a la hora de rescatar la obra de Campúa ha sido, y es, la dispersión de su legado. Su nieta gestiona el grueso del archivo entre 1940 y 1974. Las fotos de la guerra civil están en el archivo General Militar de Ávila. Las imágenes de la Casa del Generalísimo pasaron a la Casa del Rey y están custodiadas por Patrimonio Nacional. Buena parte del trabajo anterior a la guerra civil fue destruido o robado. Hay, además, un fondo que gestiona otra rama de la familia Demaría.

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Cristina Ruiz y Chema Cones, en el acto de presentación (Foto: Fernando Olmeda)

En todo caso, el resultado del trabajo que ha desembocado en este libro es, según Cristina Ruiz, una "mirada moderna a un clásico: el libro está hecho para el gusto actual, aunque seguramente Campúa habría elegido otras fotos".