Infancia clandestina, la película argentina para el Oscar

Se estrena en España una historia de la dictadura desde la perspectiva de un niño hijo de montoneros.

| 20 Diciembre 2012 - 11:22 h.

Llega a España la película argentina Infancia clandestina, primer largometraje de ficción de Benjamín Ávila, que ha sido seleccionado para participar en los Oscar y en los premios Goya. Con las actuaciones de Ernesto Alterio, Natalia Oreiro, César Troncoso y Cristina Banegas, el papel principal es para Teo Gutiérrez Moreno, el niño de 11 años que es el punto de vista desde el que se desarrolla la película.

La historia es, de alguna manera, la del propio director. Hijo de una madre integrante de Montoneros, volvió del exilio en 1979 de manera clandestina, junto con su nuevo compañero, uno de los más altos dirigentes de la organización, Horacio Mendizábal. Integraban la llamada Contraofensiva Estratégica, con la que la organización guerrillera peronista pretendía acabar con la dictadura. La madre del director sería una de las víctimas, integrando la lista de desaparecidos; su hermano, criado por un apropiador, fue uno de los primeros nietos recuperados por las Abuelas de la Plaza de Mayo.

La película muestra con los ojos de un niño la vida clandestina que deben llevar un grupo de adultos que son, en realidad, integrantes de la guerrilla montonera. Una fachada para ocultar acciones armadas o de propaganda contra la dictadura. Pero no es menos importante la historia de amor del niño con una compañera del colegio. La película está producida por Luis Puenzo, director de La Historia Oficial, que en 1986 ganó el primer Oscar para la Argentina.

El guión de la película es cinematográficamente impecable. No hace falta ninguna explicación, pero para un público no argentino puede que no quede claro de qué se trató esa Contraofensiva montonera, cuando la dictadura militar (1976-1983) estaba todavía en su máximo nivel represivo, atemperado solo con la celebración del Mundial de Fútbol de 1977.

La Contraofensiva se puso en marcha a principios de 1978, con la idea era dar un impulso a la resistencia armada y apoyar la lucha sindical en las fábricas. España y México fueron las dos bases principales de reclutamiento de los voluntarios. Uno de los integrantes de la cúpula de Montoneros, Roberto Perdía, se reunió en diciembre de 1978 con un centenar de exiliados en un local del PCE en Madrid para plantearles esta posibilidad y exhortarles “a no perder el tren de la victoria”. Hubo reuniones similares en otras ciudades, como París y México.

Los reclutados en Madrid integrarían las Tropas Especiales de Infantería, con objetivos militares. Fueron entrenados en Líbano, Siria y Libia. Los de México formaron las Tropas Especiales de Agitación, con labores de propaganda, fundamentalmente intercepción de emisiones de televisión para transmitir mensajes revolucionarios.

Las principales acciones armadas se dirigieron contra el equipo económico del todopoderoso ministro Martínez de Hoz. Atentaron contra dos de sus más cercanos colaboradores, Guillermo Walter Klein, Secretario de Coordinación y Programación Económica, y Juan Alemann, Secretario de Hacienda. En ambos casos fallaron en su objetivo, no así en el caso de un importante empresario, Francisco Soldatti.

Según Marcelo Larraquy, autor de Fuimos soldados, la mayoría de los militantes que se enrolaron en la Contraofensiva habían sido detenidos durante el gobierno de Isabel Perón, estaban detenidos pero sin juicio ni condena. Y, ya en dictadura, aceptaron la oferta de ser liberados a cambio de abandonar el país.

La operación fue un desastre absoluto, cayeron como moscas. Muchos fueron detenidos nada más ingresar al país, gracias al Operativo Murciélago, montado por el Batallón 601 del Ejército –inteligencia- lo que llevó a sospechar que hubo infiltrados. Hay incluso teorías que hablan de información interna del propio grupo guerrillero. No hay datos precisos sobre las bajas sufridas. Arturo Jauretche, autor de Violencia y política en los ´70, habla de 200 muertos. Juan Gasparini, autor de Montoneros, final de cuentas, los sitúa en 600. Los dos autores integraron las filas de Montoneros.

Entre los pocos que sobrevivieron a la Contraofensiva están Silvia Tolchinsky y Eduardo Astiz. La primera fue salvada por Claudio Scagliuzzi, un civil que integraba la inteligencia del ejército y con el que formó pareja. Ambos residen en Barcelona, igual que Firmenich. Astiz, que fallecería en México en 2006, era primo segundo del Angel de la Muerte, condenado ya en varias causas y que ahora enfrenta otro juicio por los crímenes en la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA).

La Contraofensiva provocó una importante disidencia que acabó en ruptura: Rodolfo Galimberti, ex jefe de la Columna Norte y el poeta Juan Gelman, fueron las caras más visibles. Consideraron los disidentes –y la historia les daría la razón- que la iniciativa conduciría a la mayoría de los militantes a la muerte, y sostuvieron que la decisión se había adoptado sin el necesario debate interno. Fueron condenados a muerte por un Tribunal Revolucionario. Después de la Contraofensiva se produjo otro desmembramiento protagonizado por Miguel Bonasso, Ernesto Jauretche, Jaime Dri, Pedro Orgambide, Gregorio Levenson y Pablo Ramos, entre otros destacados militantes.

La dirigencia montonera había enfatizado su militarismo en el exilio. En 1977 llegan a un acuerdo con la OLP y algunos de sus cuadros reciben instrucción militar en el Líbano, al tiempo que ellos retribuyen instalando una fábrica de explosivos plásticos al servicio de los palestinos. Poco después participarían en la última fase de la Revolución Sandinista. En su actividad interna, adoptan el uso del uniforme militar y toda la parafernalia de insignias y saludos.

En el libro de Marcelo Larraquy se recuerda que Firmenich, calculaba que durante el primer año de la dictadura podían caer 1.500 guerrilleros, y la misma cifra para 1977. Su análisis, en una entrevista que le hiciera Gabriel García Márquez, era que la represión militar conduciría a una etapa de mayor resistencia, con nuevos combatientes que acabarían derrotando a la dictadura. Otro alto dirigente montonero, Fernando Vaca Narvaja sostenía en Nicaragua que el final de la Contraofensiva sería el aterrizaje de un charter en Buenos Aires con Firmenich a bordo y siendo recibido por las masas en Ezeiza.

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