"Los actores deberían tener un bagaje cultural potente para llevar a cabo sus propuestas escénicas"

Daniel Migueláñez es uno de los actores jóvenes con mayor proyección. Filólogo, apasionado de la literatura clásica y del Siglo de Oro, se prepara estos días para convertirse en Don Juan, en una original versión del mito.

El actor Daniel Migueláñez (© Fernando Olmeda)

Una mañana soleada, en la Plaza de Oriente. Allí me encuentro con Daniel Migueláñez, complexión delgada y flexible, capaz de reproducir posturas de esgrima escénica sin necesidad de espada, con una prestancia natural que anuncia lo que ya ha demostrado en el escenario: versatilidad para convertirse en minotauro, en un joven iraní condenado a muerte por ser homosexual o en el Tenorio. Habla rápido, como joven del siglo XXI que es, su vestuario es también moderno... aunque lo que llena su vida es lo clásico, el teatro clásico, "sin descartar -aclara- trabajar próximamente en cine o series de televisión". Nos sentamos junto a la estatua de Felipe IV, Rey Planeta, hombre de gran cultura y mecenas de las artes, uno de los monarcas del Siglo de Oro.

Fernando Olmeda: Preparas con Pepe Maya "Otro juicio a Don Juan" que se representa en función única el 19 de diciembre en el ciclo "Los martes, milagro" del Teatro Fernán-Gómez. ¿En qué consiste el montaje?

Daniel Migueláñez: Trabajo por primera vez con un grande de la escena, Pepe Maya, que lleva tiempo sin subirse a las tablas, y hay cierta expectación. Pepe tiene una vis cómica que Arte-Factor ha querido aprovechar para dar a Don Juan un toque que no tiene el romántico-clásico. Es una comedia liviana, ligerita. La idea es que José Zorrilla, al final de su vida, renegó de la figura del Don Juan porque le había dado más desgracias que alegrías, también porque lo vendió muy barato y no le dio los beneficios que merecía, y entonces vio cómo se estaba representando su obra en todo el mundo y que no conseguía ni un duro. Al final de su vida escribió un poema larguísimo en el que se quejaba de todo esto. Fue el punto de partida; además se cumplía el 200 aniversario del nacimiento de Zorrilla, que ha pasado sin pena ni gloria, sin la importancia que se le debería haber dado en España. ¿Por qué no Zorrilla?, nos preguntamos. Se aventuró a Carlos Jiménez, dramaturgo y director de los montajes de Arte-Factor, y entonces la idea es un encuentro entre Don Juan y Zorrilla, que en tono de comedia se echan los trastos a la cabeza; de paso se cuenta la vida de Zorrilla. Yo represento al Don Juan, pero no el de Zorrilla, sino el Don Juan mito, como mito clásico, que ha pasado por autores como Goldoni o Molière, el mito que se acerca a los autores para comprobar quién ha sabido representarle mejor. Está siendo un reto, porque conozco bien el Don Juan, sobre todo el de Tirso de Molina, pero tengo que aglutinar en qué convergen todos los autores en un punto en común, porque el Tenorio ha dado tanto que hablar y hay un cierto halo de misterio en su figura que tengo que mojarme mucho como actor para llevarlo a las tablas. Está siendo un proceso de ensayos bastante divertido.  

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Don Juan (Daniel Migueláñez) y Zorrilla (Pepe Maya) (Foto: Teatro Fernán-Gómez)

F.O.: La obra forma parte del ciclo "Los martes, milagro", y la verdad es que ha sido casi un milagro poder estar los martes con montajes diferentes en un teatro como el Fernán-Gómez. ¿Cómo está siendo la experiencia?

D.M.:  Está siendo un proceso muy enriquecedor. Empecé hace un par de años con este ciclo y hemos pasado por infinidad de autores de todas las épocas, todos los estilos, desde José Emilio Pacheco a Gabriela Mistral, el "Minotauro" de Julio Cortázar, "Voces en el silencio" basado en un texto de José Manuel Lucía... Estamos viendo el carácter poliédrico que ofrece la poesía, las posibilidades plurales que da. No es un recital lo que hacemos, es una obra teatral con una dramaturgia firme sobre algún aspecto de algún autor o sobre un poemario completo... Este año hemos hecho "La juventud de Cervantes", "Si el silencio dijera", inspirado en García Lorca... Ahora nos aventuramos con el romanticismo porque, después del Don Juan, en enero tenemos un montaje inspirado en Gustavo Adolfo Bécquer. Va a ser un invierno romántico.  

F.O.: Con solo veintidós años, y pensando que otros actores de tu edad se interesan por el cine o la televisión, ¿de dónde surge tu interés por el Siglo de Oro, por la literatura y el teatro clásicos?

D.M.: Tiene que ver con mi formación, soy filólogo, pero no tiene que ver con una vida desdoblada, lo típico, 'estudia algo por si te fallan las artes', pues no se trata de eso, creo que el vínculo entre el teatro como praxis escénica y la literatura como base teórica es fundamental. Creo que los actores deberían tener un bagaje cultural potente para llevar a cabo sus propuestas escénicas. Muchas veces la gente dice: 'Mira este chico, qué casposo, le gusta Cervantes', y yo siempre digo que tengo más de siglo de Oro que de 'siglo de ahora'. Creo que hay que reivindicar a nuestros clásicos, que están vilipendiados por las instituciones, y representan los verdaderos mensajes de hispanidad, en el sentido de 'esto es lo que tenemos'; nuestros autores aportan mensajes universales desde hace cuatrocientos o quinientos años, y no los aprovechamos, parece que estamos inventando la pólvora cuando vamos a ver un montaje actual. Yo estoy especializado en lo clásico, voy al Teatro de la Comedia y me emociono viendo los montajes inspirados en los clásicos, creo que deberíamos ir mucho más al teatro y ver cómo lo que estamos haciendo ahora se decía ya hace cuatrocientos años de otra forma.

BODA MARTA Y PONCIFEBRERO, 2016

Daniel Migueláñez (izquierda), en "Voces en el silencio" (Foto: Arte-Factor)

F.O.: Sin embargo, el montaje "Voces en el silencio", sobre la persecución hasta la muerte de los homosexuales en Irán simplemente por manifestar su amor, tiene mucho de 'siglo de ahora', aborda una situación gravísima que se produce en aquel país y en otros muchos países del mundo, la LGTBIfobia. Un teatro de denuncia, un teatro comprometido...

D.M.: Era, efectivamente, un montaje de compromiso visceral con una causa. José Manuel Lucía escribió un poemario bellísimo, "Y se llamaban Mahmoud y Ajaz", a siete voces, que Carlos Jiménez convirtió en teatro. Ha sido el montaje que más me ha calado, sin ninguna duda. He estado dos años representándolo, en varias salas, y cada vez que me subía al escenario sufría muchísimo, salía de las funciones realmente agotado, con la alegría de poder trasladar al público un mensaje tan potente pero también agradezco que ahora estemos en otras cosas porque me estaba calando mucho el personaje. Más que nada porque Mahmoud y Ajaz sigue habiendo muchos. Si fuese una realidad terminada y fuese un montaje arqueológico, no me impresionaría tanto. Pero cuando ves lo que está pasando, cuando ves situaciones de maltrato a la mujer, de racismo, de homofobia, hace falta invadir otros lugares, como el teatro, la poesía, la novela, cualquier manifestación artística para que la gente realmente lo viva en su piel, sin la pantalla por delante. Cuando llega una noticia a nuestros ojos, y tú lo sabes, dura lo que tarda en llegar la siguiente. La noticia de la ejecución de Mahmoud y Ajaz pasó, como pasan tantas otras, y no queríamos recordar el caso concreto, sino que la gente sea consciente de que estamos siendo en cierta medida cómplices de todo esto que está ocurriendo en el mundo, con Siria, con los refugiados, con la chica maltratada en la casa de al lado... Vivimos en un silencio permanente, y hay que invadir los espacios denunciando este tipo de cosas. Y mojarse.

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El actor Daniel Migueláñez (©Fernando Olmeda)

F.O.: Tienes una amplia formación en diferentes campos, siempre enfocados a la interpretación, pero ¿vas a atreverte a escribir teatro?

D.M.: He participado ya en algunos textos, como en "La juventud de Cervantes", en "Romeo y Julieta" cuando estuvimos en Colombia. No me atrevo, quizá por mi edad, me queda mucho por aprender, en técnica, lectura, empaparme de poso social, pero bueno, me encargaron la dramaturgia de la obra de Bécquer que estrenamos en enero, está escrita ya, y estoy muy ilusionado.