CONVOCADA POR LA CGT

Primera huelga general en Argentina contra el Gobierno de Macri

Aunque el Gobierno defiende que la economía empieza a remontar, el 32,9% de la población es pobre y un 40% de los trabajadores son precarios.

Foto: Twitter CGT Argentina
Foto: Twitter CGT Argentina

La paralización del transporte y los piquetes ayudaron a que la huelga se sintiera con fuerza durante las primeras horas de la mañana

@jgonzalezok / A punto de cumplir 16 meses en el poder, el presidente Mauricio Macri enfrentó este jueves la primera huelga general de su mandato. Convocó el paro la principal central sindical del país, la CGT (Confederación General del Trabajo, peronistas), con el apoyo de otros sindicatos y organizaciones de izquierda, que combaten el modelo económico del gobierno. La convocatoria era paro sin movilización, pero los pequeños grupos de izquierda, que tienen poca representatividad, pero mucho poder de movilización, lograron que a primera hora de la mañana fuera casi imposible entrar a la ciudad de Buenos Aires desde el conurbano, como hacen a diario millones de personas.

Los dirigentes sindicales dieron cifras altísimas de adhesión al paro. Aunque muchos de los datos que aportaron son incomprobables, es indudable que en algunos sectores tuvo un alto grado de seguimiento. La paralización del transporte y los piquetes ayudaron a que la huelga se sintiera con fuerza durante las primeras horas de la mañana. Sin embargo, a partir del mediodía muchos comercios abrieron sus puertas y el movimiento aumentó en la ciudad.

El gobierno minimizó la importancia de la huelga. El ministro de Trabajo, Jorge Triaca, dijo en conferencia de prensa: “Este gobierno no tiene en agenda volver a Kicilloff y a Moreno (en referencia a los responsables de la economía en el gobierno anterior), la gente nos eligió para hacer algo distinto”. Al insistir en lo innecesario del paro, aseguró que, en los últimos siete meses, el empleo se recupera de manera constante.

El gobierno dice no entender el motivo del paro, justo cuando la economía empieza a remontar y muestra algunos índices positivos: la inflación está moderándose -aunque viene de un 2016 en el que llegó el 40 %-, el empleo comienza a recuperarse, ya hay acuerdos con algunos sectores laborales en las negociaciones colectivas y a mediados del mes de diciembre se aprobó la ley de Emergencia Social, que en tres años volcará 30.000 millones de pesos adicionales en asistencia social (aproximadamente unos 2.000 millones de dólares).

El problema es que la recuperación es todavía muy tibia y que los brotes verdes no llegan todavía al bolsillo de la gente, como muestran los niveles de consumo popular. El 32,9 % de la población es pobre y un 40 % de los trabajadores son precarios. “Respeto, compañeros sindicalistas, su decisión de hacer un paro el jueves, pero no lo entiendo y no ayuda en nada a los trabajadores”, había dicho el presidente Macri hace unos días en un acto en la Casa Rosada, en el que participaron algunos dirigentes sindicales.

Durante la jornada hubo un importante despliegue policial frente a algunos piquetes, con enfrentamientos que terminaron con seis detenidos y algunos heridos. Los cortes que habían organizado sectores de izquierda, como el Partido Obrero, no tuvieron la concurrencia que esperaban. Habían convocado primero una concentración en el Obelisco, situado en el cruce de las dos principales arterias de la capital -Avenida 9 de Julio y Corrientes-, desde donde pensaban marchar hacia la Plaza de Mayo. Pero desistieron después de comprobar que el número de personas que lograron juntar no era significativo.

Los piquetes son un desafío para el gobierno, que no logra controlar la calle y quiere acabar con la lógica de ciudad tomada que cada día vive la capital argentina. Solo en el mes de marzo, hubo 518 piquetes en todo el país, con un aumento del 118 % respecto al mes de febrero. Según datos de la consultora Diagnóstico Político, que lleva un recuento pormenorizado desde el año 2009, la provincia de Buenos Aires, con 127 piquetes, y la ciudad de Buenos Aires, con 120, fueron los distritos que encabezaron las protestas callejeras en marzo.

“Esta CGT no se va a cansar de repetir que no estamos promoviendo ninguna fogata social, no estamos esperando que se termine el mandato de nadie, que quede claro”, dijo Juan Carlos Schmid, uno de los tres integrantes del triunvirato que dirige la CGT. Sin embargo, otros grupos de izquierda, a los que se suma el elenco del kirchnerismo más radicalizado, no oculta sus deseos de que Macri se vaya corrido por una crisis social, como tuvo que hacer en diciembre de 2001 el presidente Fernando De la Rúa.  

La huelga tuvo lugar días después de las marchas en todo el país en apoyo al gobierno y en defensa de la democracia. Manifestaciones que le dieron aire al gobierno, que durante el mes de marzo tuvo que enfrentar otras marchas y protestas. La huelga de este jueves también se produjo después de que el presidente denunciara las mafias sindicales y hablara de la necesidad de renovar las cúpulas sindicales, donde hay dirigentes con décadas de antigüedad en el puesto.  

El gobierno estima que el paro tendrá un costo para el país de 15.000 millones de pesos, unos 1.000 millones de dólares

El gobierno estima que el paro tendrá un costo para el país de 15.000 millones de pesos, unos 1.000 millones de dólares. Más allá de las razones de crisis social, la huelga marcó el comienzo de la campaña electoral, ya que en octubre habrá elecciones para una renovación parcial del parlamento. Al mismo tiempo, algunos de los sectores que impulsaron esta huelga y otras protestas contra el gobierno, lo hacen por el cerco de la Justicia que cada vez se estrecha más en torno suyo. Es el caso concreto de la ex presidente, Cristina Fernández, que acaba de sumar un nuevo procesamiento -es ya la cuarta causa abierta en su contra-, en este caso como jefe de una banda para lavar dinero. En esta causa también han sido acusados sus dos hijos, Máximo y Florencia.  

Todos los gobiernos de la democracia (a partir de 1983), soportaron huelgas generales de los sindicatos peronistas. Especialmente Raúl Alfonsín (1983-1999), que enfrentó 13 paros. Fernando De la Rúa, que solo estuvo dos años en la presidencia, sufrió 9 huelgas generales. En los doce años de kirchnerismo (2003-2005), fueron seis, uno en el mandato de Néstor Kirchner y 5 en la segunda presidencia de su esposa, Cristina Fernández.

En el caso de Alfonsín, los sindicatos esperaron solamente nueve meses para la primera huelga general. Durante su mandato tuvo enfrente a un sindicalista ya fallecido, Saúl Ubaldini, que se convirtió en el rostro del peronismo y el sindicalismo combativo. Pero peor le fue al presidente Fernando De la Rúa, que al tercer mes ya tuvo el país paralizado.