ARGENTINA CELEBRA ELECCIONES PRIMARIAS

Macri y el fantasma de Cristina Kirchner

La ex presidente es pre candidata a senadora por la provincia de Buenos Aires.

Las encuestas serias dan a Cristina Fernández de Kirchner en torno a un 30 % de apoyo, lo mismo que a Esteban Bullrich, el candidato oficialista

@jgonzalezok | Este domingo, 13 de agosto, Argentina celebra elecciones primarias para establecer los candidatos a las elecciones parlamentarias del próximo 22 de octubre, cuando se renovará la mitad de la cámara de Diputados y un tercio del Senado. El hecho más relevante es la candidatura a senadora por la provincia de Buenos Aires de la ex presidente, Cristina Fernández de Kirchner. Desde que dejó el poder, en diciembre de 2015, la ex mandataria ha mantenido un bajo perfil, con apariciones esporádicas e incómodas visitas a los jueces que la investigan por casos de corrupción y que ya la imputaron en seis causas.

Las encuestas serias le dan en torno a un 30 % de apoyo, lo mismo que a Esteban Bullrich, el candidato oficialista. Para Cristina es un porcentaje importante, pero que hay que poner en perspectiva. La provincia de Buenos Aires, el distrito por el que se presenta, reúne el núcleo de pobreza estructural más importante del país. Es decir, la población que vota tradicionalmente al peronismo y que, durante los gobiernos de Néstor y Cristina recibieron ayudas sociales. Estos sectores no salieron de la pobreza, fueron usados clientelísticamente por el gobierno de entonces, pero siguen apoyando al kirchnerismo.

La estrategia de campaña de Cristina Kirchner ha sido singular. Apenas apareció en actos públicos. Y cuando lo hizo adoptó un tono absolutamente diferente del que recuerdan los argentinos: hablando poco, sin gritos ni dramatismos, y rodeándose de ciudadanos perjudicados por el gobierno de Macri a los que invitó a exponer sus casos, como en una reunión de predicadores evangélicos.

Pero las denuncias contra Macri por su política de ajustes son incómodas. En la provincia de Santa Cruz, la única que gobierna su espacio político, donde la gobernadora es su cuñada, Alicia Kirchner, el ajuste tiene la provincia en llamas. Los empleados públicos tienen meses de retraso en sus salarios, hay sectores paralizados como la sanidad -la ministra provincial es Rocío García, nuera de Cristina- y la justicia. Y se sobrepasan los 100 días de clase perdidos. Este caso es emblemático, el gobierno de Alicia Kirchner ofreció a los maestros un 3% de aumento salarial, cuando la inflación en 2016 fue del 36 % y se espera que este año esté por encima del 20%. Rocío García, nuera de Cristina y ministra de Salud provincial intentó dimitir, aunque finalmente no lo hizo.

A horas de la votación en estas primarias hay, además, un alto porcentaje de indecisos que solo en una mínima parte podrían ir a Cristina, dado que es imposible que frente a su candidatura “nadie pueda estar indefinido”, como agudamente observó el periodista Carlos Pagni, en La Nación.

En realidad, estas elecciones primarias son superfluas, ya que los partidos han preferido evitar la confrontación, presentando candidaturas únicas en la mayoría de los principales distritos. Y el caso más extremo fue el de la ex presidente, Cristina Fernández, que para evitar la interna armó un espacio político propio, que bautizó como Unidad Ciudadana. De no hacerlo así tendría que haber ido a la interna compitiendo con quien fuera su ministro del Interior, Florencio Randazzo, que no se sometió al dedo de su ex jefa, que dijo no estar dispuesta a medirse con quien había sido su “empleado” (sic).

Puesto que no compite con nadie de su espacio, Cristina Fernández ya será candidata para la cita de octubre. Pero, ¿qué tiene que suceder para que salga elegida senadora? Salir en primer o segundo lugar. La ley electoral establece 3 senadores por provincia, de los cuales dos son para la primera minoría y el tercero para la segunda.

La disputa será entre Cambiemos (gobierno), Unidad Ciudadana (de Cristina Fernández), 1País (que encabeza el ex jefe de gabinete de Cristina, Sergio Massa, pero que se convirtió en duro adversario del kirchnerismo), y Frente Justicialista (peronismo clásico, del ex ministro kirchnerista Florencio Randazzo). Otras candidaturas no tienen ninguna posibilidad. Aunque la ex presidente tiene un electorado firme e incondicional, también tiene poco por dónde crecer, porque tiene un fuerte rechazo. En octubre, pues, puede darse el fenómeno del voto útil para potenciar alguna de las otras dos candidaturas no gubernamentales -Randazzo y Massa-, que tienen en común ser de origen peronista.

El resultado de octubre no va a cambiar de forma significativa la composición del parlamento. Lo que unos u otros puedan ganar o perder no alterará el actual mapa político, donde ninguna fuerza tiene mayoría. Pero dará un mensaje político de cara a las elecciones presidenciales del 2019, cuya campaña empezará en ese mismo instante. Una derrota clara del gobierno lo debilitaría y lanzaría automáticamente la candidatura presidencial de Cristina.

Claro que no todos están de acuerdo con que la ex presidenta tenga una proyección de futuro, ni siquiera dentro del peronismo. Durante sus ocho años como presidente (2007/2015) cosechó muchos rencores entre su propia tropa, por su trato duro y autoritario, su tendencia a imponer su voluntad y por diferencias ideológicas. De hecho, ninguno de los actuales gobernadores peronistas la apoya, con excepción de su cuñada, Alicia Kirchner. Y Unidad Ciudadana va a ser insignificante más allá de la provincia de Buenos Aires.

En la ciudad de Buenos Aires, el resultado está claro para los candidatos a diputados: ganaría de calle (por afano, dicen en Argentina), la candidata oficialista, Elisa Carrió; segundo sería Martín Lousteau, ex kirchnerista que se alejó y fue embajador de Macri en Washington; y el tercer lugar alguno de los dos candidatos de Unidad Ciudadana, único distrito donde hay una primaria real: Daniel Filmus o Guillermo Moreno.

El gobierno de Mauricio Macri llega a estas elecciones rezando para que la reactivación económica -que empieza tímidamente a ser una realidad, pero que llega mucho después de lo que había prometido- se traduzca en un repunte en el consumo. Y es que el gobierno, que impulsó avances en el campo de la normalización democrática y la institucionalidad, teme que le pase lo que a aquél ministro de Economía de Raúl Alfonsín, Juan Carlos Pugliese, en 1989, cuando el país vivía una de sus peores crisis y había una corrida cambiaria, se lamentó: “Les hablé con el corazón y me contestaron con el bolsillo”.

Una reciente encuesta de la empresa Isonomía indicaba que el 51 % de los consultados esperaba que la situación del país estuviera mejor el año próximo; un mes antes esa cifra había sido del 46 %. Cifras oficiales confirman la reactivación: hay creación de empleo y la inflación empieza a descender, aunque sigue en niveles inaceptables.

Estos últimos días el dólar se disparó, coincidiendo con las perspectivas de que Cristina Kirchner gane en la provincia de Buenos Aires. Y ya se sabe que en Argentina el dólar siempre es un problema: si baja, se habla de atraso cambiario y pérdida de competitividad; pero si sube, alimenta la inflación.