CORRUPCIÓN EN ARGENTINA

Detienen por corrupción al ex vicepresidente argentino, Amado Boudou

La ex presidente, Cristina Fernández, denuncia que está en riesgo la democracia argentina.

@jgonzalezok / El que fuera vicepresidente en el segundo mandato de Cristina Fernández (2011-2015), Amado Boudou, fue detenido bajo la acusación de enriquecimiento ilícito y lo considera el jefe de una asociación dedicada al lavado de dinero. También ordenó la detención de su amigo y socio, José María Núñez Carmona, al que se considera el organizador de la trama. Y están investigadas otras personas, entre ellas la ex novia de Boudou, la periodista Agustina Kämpfer. El juez, que inició la causa en 2012, consideró que la asociación desarrolló sus designios desde principios de agosto de 2009, cuando asumió como ministro de Economía, hasta diciembre de 2015, cuando terminó el mandato de Cristina Fernández, ya como vicepresidente.

Entre las maniobras delictivas y fraudulentas en las que presuntamente participó el ex vicepresidente, están la compra de coches de lujo en el ministerio de Economía y la compra, a través de un testaferro, de la imprenta Ciccone, única con capacidad para fabricar papel moneda, y que forma parte de otra causa. Boudou sostiene hasta ahora que no conocía a su presunto testaferro, Alejandro Vanderbroele, aunque éste vivía en un piso propiedad de Boudou y pagaba los servicios del mismo. La justificación del juez para dictaminar su ingreso en prisión, sin haber sido condenado, es que su posición le permitiría alterar pruebas.

Amado Boudou ya fue procesado por primera vez en 2014. Y desde entonces acumula una docena de causas, algunas de poca monta, como la falsificación de los papeles de un coche para no repartir su valor con su ex mujer o la inclusión en su DNI de un domicilio falso. También se lo investiga por la falsificación de facturas de hoteles y otros servicios en alguno de sus viajes oficiales. Pero ninguna causa avanzó durante el gobierno anterior. Es más, en abril de 2012 logró apartar a un juez y un fiscal que lo investigaban, y a todo un fiscal general, que no frenó un allanamiento a su casa. Era poco después de que Cristina Fernández fuera reelegida con un impresionante 54 % en primera vuelta.

Amado Boudou es hasta ahora el funcionario de más alto nivel de los gobiernos kirchneristas en entrar en prisión. Hace unos días fue detenido el todopoderoso ex ministro de Planificación, Julio De Vido, que se encontró en la cárcel con el resto de la cúpula de su ministerio.

La historia política de Boudou es singular. Llegó al gobierno de la mano de Sergio Massa, ex jefe de Gabinete de Cristina Fernández. Ambos compartían un pasado alejado del peronismo, habían militado en la UCD, partido del más rancio neoliberalismo, que conoció su época de oro durante el gobierno de Carlos Menem (1989-1999). Como ministro de Economía le sugirió a la presidente, Cristina Fernández, la estatización de los fondos privados de pensiones. Eso le valió después el ser elegido como candidato a vicepresidente en las elecciones de 2011.

Pero su estrella empezó a apagarse a medida que las denuncias periodísticas se sumaban a las de figuras de la entonces oposición. Y cada vez que presidía una sesión del Senado -en Argentina el cargo de vicepresidente lleva aparejado el de presidente de la cámara alta-, se pedía insistentemente su dimisión.

Cultivó una imagen de rockero e incluso llegó a cantar y tocar la guitarra con una banda de amigos, La Mancha de Rolando. Un grupo que se vio muy beneficiado por las contrataciones para diferentes festivales organizados por intendentes o alcaldes kirchneristas. Le gustaba también exhibirse en algunas de sus motos Harley Davidson. Y vivía en Puerto Madero, el barrio más caro de Buenos Aires. Tras su elección como vicepresidente estaba convencido de que sería el elegido para suceder a Cristina en el 2015.

Cristina Fernández venía de una mala experiencia con su primer vicepresidente, Julio Cobos. Se trataba de un extrapartidario (era miembro de la Unión Cívica Radical), que ingresó al gobierno como consecuencia de la transversalidad ensayada en ese momento por el kirchnerismo, acogiendo a los llamados “radicales K”. Pero a poco andar ese primer mandato, las relaciones se rompieron cuando Cobos no acompañó al gobierno en la decisión de imponer un impuesto extraordinario a las exportaciones agrícolas.

A partir de ese momento ningún miembro del gobierno volvió a dirigirle la palabra a Cobos, que no pudo siquiera ejercer el cargo de presidente interino cuando la presidente se ausentaba. Para su segundo mandato, y contra todo pronóstico, Cristina eligió a Boudou, a quien consideraba un leal. “Es tan lindo tener vicepresidente”, dijo alguna vez la ex mandataria, en una clara alusión a su antiguo compañero de fórmula.

Ahora, tras la detención de Boudou, la ex presidente afirmó en un mensaje de Twitter que “está en riesgo la democracia argentina”, asegurando que el presidente Macri está usando el poder judicial para perseguir a los opositores. Su objetivo, asegura, sería “atemorizar a los dirigentes de la oposición para que sean sumisos ante la segunda fase del ajuste que se busca implementar”.

Cristina Fernández también defendió a la cuestionada jefe de los fiscales, Alejandra Gils Carbó, que presentó hace unos días su renuncia, y a la que se considera la principal arquitecta del entramado jurídico que dejó el anterior gobierno para proteger a sus funcionarios. Pero evita cualquier mención a su ex ministro, Julio De Vido, también detenido hace unos días, y sobre el que días antes había dicho que no ponía las manos en el fuego. De Vido reaccionó con una carta en la que mostró su desilusión, sin nombrar a la ex presidente.

Otro que hizo público un duro mensaje por la detención de Boudou es el dirigente ultrakirchnerista Luis D´Elía, que después de calificar al ex vicepresidente de “héroe nacional” y “prócer”, dijo: “Le pido a la dirección del kirchnerismo que no mire para otro lado. Cristina no puede hacerse la pelotuda (sic). Hay que armar un comando táctico-estratégico para la resistencia en todo el país. Hay que dejar de jugar a la muñeca, al progresismo blanco, absurdo, socialdemócrata europeo, que no nos lleva a nada”. El lenguaje recuerda las épocas de proscripción del peronismo durante las dictaduras militares de los 60 y 70 del siglo pasado, y el surgimiento de la guerrilla.

D´Elía, un dirigente conocido por sus opiniones antisemitas e investigado por sus lazos con Irán, fue apartado del primer plano político por sus propios aliados, al considerarlo “piantavotos” (espantavotos).